La humanidad de los personajes negativos. Pete Campbell en Mad Men

Según Robert McKee, en su libro El guion, tú y yo llevamos una sombra dentro, la carga negativa que ocultamos a los ojos de los demás y odiamos. Cuando criticamos un aspecto de la personalidad que no nos gusta de alguien, en realidad somos nosotros los que tenemos el problema lidiando con esa sombra.

Hay un Pete Campbell en cada agencia

Cooper a Don Draper

Al principio es difícil empatizar con Pete Campbell. Tiene menos talento que Don, es pelota y desea complacerle, ejemplifica al típico trepa que tú y yo hemos conocido en el trabajo. Pete es aquel que se sabe mover bien, que tiene contactos y enchufes, que proviene de una familia rica y con influencia, y está en esa oficina por ser hijo de.

Más antiguo que el tebeo. Sin embargo Pete nos cae mejor cuando vemos cómo le trata su apestosa familia, con desprecio y lacerante indiferencia.

¿Trabajo? No entiendo lo que haces. No es un trabajo decente.

Padre a Peter Campbell

Cuando Peter Campbell pide dinero a su familia para dar la entrada de un piso nuevo que se quiere comprar Trudi para empezar su vida de recién casados, su padre le da en los morros y lo desprecia a las claras.

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Vincent Kartheiser interpreta a Pete Campbell en Mad Men.

Sus padres no lo quieren y Pete lo sabe.

¿Por que os es tan difícil darme algo?

Pete a sus padres.

Su jefe, Don Draper, tampoco lo quiere. Cuando Pete pretende estrechar relaciones con él:

Eh, no tan rápido, a ver si me voy a quedar embarazada.

Don a Pete.

Pese a sus rutinas placenteras y fáciles: llevar a clientes a cenar, a espectáculos, de copas y prostitutas, la vida de Pete Campbell no es una vida feliz. Y él lo sabe.

El cliente siempre tiene razón y hay clientes que son auténticos gilipollas. Sus jefes lo tratan con condescendencia y lo ignoran.

En realidad, Pete se siente un perdedor, insatisfecho hasta la médula.

Cuando en la primera temporada, Do vende su idea a Walter, el dueño de aceros Bethelem, y éste la rechaza, insatisfecho con la campaña, Don se tiene que tragar su frustración creativa. Clientes que no saben hacer la o con un canuto a nivel creativo, dando lecciones de lo que funciona o no en publicidad, exigencias, requerimientos absurdos y caprichosos, clientes tocapelotas que nunca están contentos. Pero Pete cuando está tomando una copa con Walter y unas chicas, se le ocurre una idea: aceros Bethelem, los pilares de América, y tiene la osadía de vendérsela al cliente aunque él es un tipo de cuentas, no un creativo. El cliente quiere la idea de Pete porque Pete tiene buenas ideas. Pero Don sólo quiere despedirle. El macho alfa al que no le gusta que le meen en su terreno.

Aquí hay más intelectuales frustrados que en el Tercer Reich.

Don Draper

Pete le grita a Don:

-Yo tengo ideas.

-Dedícate a preparar al cliente, que es lo tuyo.

Humanidad de Pete

La humanidad de Pete Campbell se basa en que -pese a todos sus esfuerzos- no consigue trepar, pese a todas sus ideas, no vende ninguna, pese a todos sus intentos de acercamiento, su padre lo rechaza, pese a todas sus defensas, su suegro lo humilla. Su íntimo fracaso, su rabia frustrada, su desdicha, su aburrimiento en el trabajo, constituyen la base de su humanidad.

No es malo a secas. Es un personaje que no es simpático, es verdad, y tiene muchas sombras, es verdad, pero Mathew Weiner se encarga, con acierto, que también lo veamos con los ojos de Peggy, quien lo ha querido. Y también nos da un acto que dignifica a Peter Campbell, que rompe la imagen rastrera que tenemos de él, cuando un grupo de hombres hace una broma grosera respecto al sobrepeso de Peggy y Pete le da un puñetazo al más bocazas.

Es la infelicidad de Peter la que lo humaniza, es la cantidad de miserias morales que arrastra en su conciencia, es la cantidad de veces que tiene que morderse la lengua delante de su arrogante suegro.

-Eso sí que es vida, Pete. Cenas, copas, mujeres preciosas. En mi próxima vida quiero ser publicista-le dice su suegro a Pete.

Y luego:

-Llamame Tom o papá.

Sus reticencias a dejarse ayudar económicamente por su suegro también lo dignifican y le otorgan un lado decente.

-No creo que aceptar tanto dinero sea buena idea Trudy-dice Pete a su mujer.

Su ambición malsana y su frustración minan su vida.

El talón de Aquiles de Pete es una malsana ambición que se vuelve en su contra una y otra vez. Es como si fuera un perro persiguiendo su propia cola.

Los seres humanos no somos de una sola pieza, tenemos miles de aristas fragmentadas, que conforman nuestra personalidad. No somos unidimensionales sino multidimensionales. Así tenemos que construir a nuestros personajes. No creemos personajes buenos o malos porque no son reales.

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