Estudiamos juntos. El guion de Robert McKee

Empiezo la nueva sección del blog “Estudiamos juntos” con el El guion de Robert McKee, un clásico de la teoría y práctica de escribir guiones de cine.

Robert McKee, el gurú de los guionistas.

McKee es el gurú del guion, sólo a la altura de Syd Field, es un analista y lector de guiones, sale incluso en una película: El ladrón de orquídias, donde un atribulado y angustiado y bloqueado guionista, interpretado por Nicholas Cage acude a una de sus master class para ver si consigue ayuda del gurú, no le funciona mucho, pero más tarde Nicholas se encuentra a McKee, al verdadero McKee, en un bar tomándose una copa y le pide ayuda de rodillas, le ruega casi llorando que le ayude en su guion, a esas alturas el pobre Nicholas tiene una pájara depresiva que te cagas, no todo el monte es orgasmo a la hora de escribir guiones, y McKee dice que se fije en su vida, ¿qué le ha emocionado de la vida?, ¿qué ha aprendido de la vida? y finalmente, le da un consejo: sobretodo no jodas el final, los espectadores te perdonan muchas cosas, pero no que jodas el final.

Escribe un buen final, Nicholas, y fíjate en tu vida.

Bueno, vamos allá. Sustancia, estructura, estilo y principios de la escritura de guiones. Dios al aparato. McKee cita a Kenneth Burke al comienzo de su libro: “Las historias nos aprovisionan para la vida”.

Y empieza contando algo obvio pero, muchas veces, cuando escribimos guiones, se nos olvida: se trata de contar una historia.

Dios mío, qué mal lo pasa Nicholas Cage adaptando el guion ese puñetero libro El ladrón de orquídeas. Qué angustia.

McKee se enrolla mucho diciendo que el arte de contar historias está en franca decadencia, pero que paradojicamente el apetito de historias que tiene la humanidad es insaciable . Y eso que el zorro del guion escribió su mamotreto antes de la proliferación de las plataformas digitales que sino se caga. La verdad es que sí, la principal forma de ocio es ver pelis y series.

El viejo zorro cita a Jean Anouilh: la ficción da forma a la vida.

Para McKee, al espectador hay que “ofrecerle un modelo nuevo de vida cargado de significado afectivo”

Shine, una de las películas que pone de ejemplo, Robert McKee.

Bueno, os estoy ahorrando una pasta por una master class de McKee que seguro que de dos cientos bonis no baja. No sé si os habéis dado cuenta.

Seguimos. Os ahorro un montón de palabrería más de McKee para decir que hay que aprender el oficio de guionistas.

Lo cierto es que el guion tiene unos pasos, quince pasos, que son los pasos del viaje del héroe, hay un libro fundamental que se llama El viaje del escritor, que ya estudiaremos también en este blog. Pero calma.

Sigamos con McKee: “Las historias extraen su fuerza de los grandes músculos del deseo, de la fuerza del antagonismo, de los puntos de inflexión (o giro), de la columna vertebral, de la progresión, de la crisis, del clímax. La historia tiene que ser vista desde el interior”.

El precio de la felicidad, una de las queridas criaturas de McKee.

¿Y cuáles son los grandes agujeros negros de los guiones? Atención. Está escribiendo un hombre que ha leído para United Artis, la cadena NBC, y muchos más estudios, cientos y cientos de guiones.

Pues bien, los guiones fallan por:

  1. Falta de progresión narrativa.
  2. Falsa motivación.
  3. Personajes redundantes.
  4. Subtexto vacío.
  5. Agujeros narrativos.
Forrest Gump, otra querida criatura de McKee.

No paniquemos. A mí me ha pasado todo eso cuando he escrito guiones. Así que tranquis. Sin miedos.

Según McKee, el 75 % de la tarea de un guionista consiste en diseñar bien la hitoria. Cágate lorito.

¿Y cómo se hace eso?

El gurú del guion afirma que un guionista tiene que responder a las siguientes preguntas. Apretad los cinturones que vienen curvas:

  1. ¿Quiénes son esos personajes?
  2. ¿Qué quieren?
  3. ¿Qué hacen para conseguirlo?
  4. ¿Qué les detiene?
  5. ¿Cuáles son las consecuencias?

Para escribir un guión también necesitas imaginación y pensamiento analítico, un talento sin el otro te dejará más cojo que al pobre Forrest Gump niño, a la hora de poner punto final a tu historia.

Para escribir un guion ama tu historia. ¿Amas tu historia? ¿De verdad, de verdad de la buena?

Seguimos. El objetivo del guionista es atrapar la forma narrativa. Para ello debe alternar dos acciones: entrar en su mundo de imaginación, oír a los personajes hablar y actuar en su cabeza, escribir, parar y leer lo que ha escrito y preguntarse: ¿Funciona?

Qué divertido. Diversión hasta morir.

Y vuelta a empezar.

A continuación, McKee dice que un guion es una metáfora de la vida. Al final del tercer acto estás diciendo: la vida es así. También insiste mucho en que hay sacarle partido a las cosas más diminutas que cuentes. ¿Contabas de niña en el cole a tus amiguitas las pelis que habías visto durante el finde? Pues hay que volver a ser niña. Sí, no queda más remedio. Mientras escribas serás una niña. Ya llegará la adulta, cuando leas.

Pasamos a la parte 2. El abanico de las historias.

El guionista busca acontecimientos. Ojo, aviso a navegantes, acontecimiento significa cambio.

¿Que es la estructura de un guión?

La estructura es una selección de acontecimientos extraídos de las narraciones de las vidas de los personajes, que se componen para crear una secuencia estratégica que produzca emociones específicas y expresen una visión concreta del mundo”.

¿Mande? Seguimos estudiando a McKee en el próximo post.

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Acuérdate de que no pagas la master class de McKee. ja, ja, ja.

Mañana más y mejor amigas y amigos.