Una ola de 30 metros o cómo surfear con Garret McNamara

La ola de 30 metros en Nazaré. Ese día, Garret estaba agotado y no tenía ganas de surfear.

Estoy enganchada al documental Una ola de 30 metros sobre los surfistas de olas grandes en el mundo. Lo veo mientras hago bici en el gimnasio, en vez de ver un vídeo de Spinning en Suiza muy bonito de YouTube pero que ya me he tragado cien veces y me empezaba a saturar, cabalgo las olas de Nazaré, Portugal, lugar que también me ilusiona para ir algún verano de vacaciones. Pero lo mejor del documental, no son las olas, ni Hawai, ni California, ni Nazaré. Lo mejor es Garret McNamara.

Garret McNamara practica surf extremo.
Si la ola cae encima tuya, salir a respirar no es nada fácil porque te absorbe. Es como tener un accidente de coche. Pierdes el control.

Lo que me engancha no es Nazaré, ni olas de 30 metros, ni la cantidad de material audiovisual que hay por tierra, mar y aire. Lo mejor de La ola de treinta es un tío que se llama Guerrat McNamara y la poderosa personalidad que posee, loco, friki, pura adrenalina, pero también un surfista al que le gusta enseñar a los conductores de motos acuáticas que le remolcan hasta la ola, y luego le rescatan, y como dice Cotty, un surfista irlandés que trabajaba de fontanero y que se convierte en uno de los conductores de sus motos acuáticas: “A Garret no le importa de dónde vengas”. Garret no busca súper élite. Sólo un equipo con el comparta buena energía y con el que se entienda.

Miedo a morir

El documental no sólo habla de la gloria, también habla del miedo, del terror incluso, como el momentazo en el que Garret surfea en las olas que provocan grandes trozos de hielo que se desprenden de un glaciar y el miedo le paraliza y no quiere surfear porque Garret tiene familia, mujer y dos hijos, una vida bonita, y su locura por el surf extremo a veces no se puede entender. Como él dice de sí mismo “La gente dice que no estoy en mis cabales y que estoy loco”.

Trailer de Una ola de 30 metros.

Surf extremo

En esta serie documental, aprendemos mucho del surf extremo, de lo que supone que te remolquen las motos acuáticas para poder coger la ola porque no puedes impulsarte tú con los brazos acostado sobre la tabla, de la sensación de surfear una ola de 30 metros, como si cayeras de un edificio pero, al mismo tiempo, con el edificio derrumbándose encima tuya, de evitar catástrofes por los pelos porque las grandes olas te absorben, no te expulsan, y puedes morir ahogado, de cómo medir olas, de Nazaré, y su entorno privilegiado para surfear grandes olas, pero también extremadamente peligroso, con un acantilado que hace de barrera a las olas y el océano Atlántico, desplegando todo su esplendor y majestuosidad.

Garret McNamara, con su mujer Nicole, y sus dos hijos.
Las grandes olas pueden matarte.

También descubrimos un estilo de vida nómada y autosuficiente, una vida dedicada a surfear, atisbamos lo bonito, pero también la otra cara de la moneda. Nicole, la mujer de Garret, también surfista, es el equilibrio, y Garret es la locura y el riesgo. Los dos surfistas irlandeses son unos tíos simpáticos que aman el surf y trabajan de lo que pueden para costearse sus viajes y su pasión por este deporte.

Hay mucho mar, mucha playa, mucha vida familiar y planificación de lo que supone cazar grandes olas, pero también hay momentos cocinillas entrañables como cuando todo el equipo come en un restaurante casero de Nazaré, y vemos como devoran grandes fuentes de pescado al grill, patatas, judías verdes, arroz con pulpo, y bacalao a la dorada, el momento tierno cuando sale la cocinera de la cocina y Garret la abraza. Y entonces te da ganas de ser amiga de McNamara y sobre todo conocerlo mejor.

Puedes ver “Una ola de 30 metros” en HBO.