Kendall más pringao no nace

Kendall Roy quiere ser un master del universo. Kendall Roy quiere ser un macho alfa. Kendall Roy quiere ser el CEO del conglomerado mediático de papá. Kendall Roy quiere ser un millonario sin escrúpulos. Pero en realidad es un pringao, un aprendiz de psicópata, sin nada en la mollera, un desgraciado sin dos dedos de frente, al que la realidad, más lista que él, frustra una y otra vez. Kendall más pringao no nace.

No debe ser fácil ser el hijo de Rupert Murdoch o de Robert Maxwell o de Randolph Hearst. La sombra del padre es demasiado alargada e hiriente. Kendall Roy sufre como un loco pese a sus mezquinas ambiciones y falta de alma.

¡Ay qué oír el tono de su voz, tristísimo, cuando Kendall ve que su padre ha vuelto a ocupar su despacho tras sufrir un ictus!

-Cuanto me alegro-dice Kendall, desfallecido, con voz lánguida y con aire de no alegrarse en absoluto de volver ver a papá en la oficina. Lo prefería muerto y enterrado.

Kendall y su papá, Logan Roy.

Mientras su padre está muy enfermo, Kendall se entera de que la empresa ha contraído una importante deuda con un banco, y ha firmado un contrato, con dicho banco, por el que la familia Roy deberá reembolsar su deuda si las acciones bajan de cierto precio. Y es justo lo que pasa. El ictus y coma de Logan Roy provocan un pánico en la bolsa y las acciones de su corporación se desploman.

Se ve exactamente cómo es Kendall Roy cuando negocia con el tipo del banco la posibilidad de aplazar la deuda del conglomerado de los Roy y se muestra chulito, gallito, cuando en realidad está en un posición de debilidad, y cuando el tipo del banco se defiende como gato panza arriba y se niega, correoso como un viejo y coriáceo lagarto, Kendall suelta:

-Jódete.

Como si fuera un pandillero del Bronx.

Silencio sepulcral al otro lado del hilo del teléfono. Si había alguna posibilidad de renegociar la deuda de la corporación Roy, se ha esfumado.

La cara de Gerri, una jefa veterana de la empresa, es todo un poema. Pero ¿con qué gilipollas me toca currar? Con un gilipollas que se apellida Roy y por eso está sentado en ese despacho, negociando como un mamón con un pez gordo del banco al que debe una fortuna y que podría aplastarle como una cucaracha pero al que dice, de farol: ¡Jódete!

Kendall idea una salida fácil para salvar de la ruina a la empresa de su padre pero es una trampa de los peores enemigos de papá. Cuando papá despierta, del coma, hace llamar a su hijo:

-Eres un jodido idiota-le espeta papá a Kendall.

Kendall más pringao no nace.

Pero, ¡ojo! Las apariencias engañan. Kendall tiene su arco del personaje y, a medida que avanza “Sucesión”, te das cuenta de que Kendall sea quizás el personaje con más corazón, y también el más incomprendido. Desde luego Kendall Roy es el que más sufre.

Puedes ver “Sucesión” en HBO.

Nuria Verde.

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