Le tengo mucho cariño a la serie “The Office”. Quizás porque me la descubrió mi marido Gonzalo, y juntos pasamos alegres noches en nuestro antiguo apartamento, riéndonos con las salvajes locuras realistas de Michael Scott y sus empleados. Gonzalo y yo nunca nos cansábamos de ver episodio tras episodio, y disfrutábamos como locos de cada cosa que decía y hacía nuestro personaje de la ofi favorito: Dwigth. “The office” es tan real como el trabajo mismo.

El humor era en ocasiones cruel, políticamente incorrecto siempre, no hay mas que degustar el capítulo segundo de la primera temporada titulado “Dia de la diversidad” en la que Michael Scott humilla a su empleada india imitando al dueño de un super indio, y ella le da una bofetada, o cuando propone el taller de sensibilidad sobre la diversidad racial haciendo bromas sobre los negros, y ordenando un juego de rol donde al empleado negro le toca hacer de negro y donde la pregunta que plantea Michael Scott a sus desconcertados empleados es: ¿qué raza os atrae más sexualmente?

El formato que adopta la serie es el de falso documental, no tan utilizado como hoy en día hace una década, especialmente en el género de la comedia.

Michael Scott está 'tronao' como la mayoría de los jefes.
Michael Scott está ‘tronao’ como la mayoría de los jefes.
Michael Scott está 'tronao' como la mayoría de los jefes.
La serie es surrealista y, a la vez, realista por lo absurdo que resulta la mayoría de los trabajos en los que escuchamos tantas gilipolleces de jefes y empleados que nos estalla la cabeza.

Michael Scott se cree el mejor jefe del mundo, pero no se da cuenta de que maltrata psicológicamente a sus empleados, quienes lo desprecian y odian, excepto el fiel y loquísimo Dwigth, quien estaría dispuesto a morir por su jefe y su margen de beneficios en su empresa de material de oficina.

De izquierda a derecha: Dwigth, Pam y Jim, sentado, el inigualable y trastornado Michael Scott.

Michael Scott también se cree que es la hostia de gracioso cuando al único que hace gracia es a si mismo, se cree súper motivador como si se hubiera metido en vena todos los libros de cómo liderar de Stephen Covey, e intenta animar chuscamente a sus empleados que cada vez están más deprimidos bajo su demencial mando. Lo peor es que Michael Scott se lo cree.

Michael Scott dice cosas como que para él, las personas son la prioridad en el trabajo, y añade que le dio su primer empleo a un guatemalteco que no sabía ni una palabra de ingles, y el tipo le pidió a Michael que fuera su padrino, y ese fue el mejor día de su carrera. Aunque luego tuvo que despedir al guatemalteco.

“The Office” fue la serie más vista en las plataformas digitales en 2020. Con la matraca aterradora de la pandemia machacándonos, es una serie que sirve como necesaria y descacharrante vía de escape. ¿Quién no ha trabajado en una oficina tan patética como la que aparece en “The Office”?

Puedes ver “The Office” en Netflix.

“The office” es tan real como el trabajo mismo.

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