Ilustra la novela los crimenes de atapuerca

Sinopsis

A Miriam Sinaloa, una estudiante de 16 años que visita en yacimiento de Atapuerca, la asesinan dentro de la Sima de los Huesos. Un viaje alucinante a Atapuerca.

La inspectora Luisa Baeza dirige la investigación del asesinato de la adolescente mientras se enfrenta a una profunda crisis personal y se obsesiona con un caso en el que busca una redención.

Hay secretos que no puedes enterrar para siempre.

Capítulo 36

En la comisaría, Luisa se topa con su madre hablando con Aduriz. Se queda en estado de shock. Arde de vergüenza.

—Mamá, ¿qué haces aquí? No puedes estar aquí.

Su madre se pone a llorar y a interpretar su papel de madre amantísima. Luisa mira al techo, agotada, impaciente.

—Hija mía, quiero que nos reconciliemos —dice su madre.

Luisa se tensa muchísimo. No quiere que su madre venga a verla al trabajo. La coge del brazo y la saca de la comisaría. Su madre se resiste y grita que su hija la maltrata.

Risitas y miradas fijas de los subordinados de Luisa.

—No puedes estar aquí, madre —dice Luisa mientras arrastra a su madre por las escaleras que descienden al vestíbulo y a la calle.

De repente, su madre cambia de humor y se vuelve, agresiva, hacia su hija.

—¿Por qué te fuiste a Madrid? Me has dejado sola todos estos años, sin nadie que me cuide.

—Tendrás valor.

—Me abandonaste. Nunca llamabas.

—Ya basta.

—Ni una llamada de teléfono durante todos estos años…

Su madre la mira fija con pupilas de loca. Cambia de tema en un solo segundo.

—¿Qué haces tú en la policía? Tú no pegas aquí. Tú no sirves para policía. ¿A quién quieres engañar, Luisa?, ¿eh?, ¿a quién? Tú no estás a la altura. Inspectora… A mí no me engañas.

Luisa extrae su iPhone de su chaqueta de cuero negro Yves Saint Laurent y llama a un taxi. Cuando llega el vehículo, mete dentro a su madre sin contemplaciones.

—No tienes corazón.

—Son los genes, madre.

—No quieres a nadie.

—Igual que tú.

—Pero ¿qué te he hecho yo, hija?

Luisa cierra la puerta del taxi y da al taxista la dirección de su hermana Mar. Luego se dirige de vuelta a la comisaría. Se queda ansiosa y descompuesta, con un mal cuerpo espantoso. Como un acto reflejo, se lleva las manos al cuello. Todavía tiene la cicatriz de la herida que le hizo su madre cuando la quiso matar.

—Siento lo de mi madre. Es una cruz —le dice Luisa a Aduriz.

—No pasa nada.

—No creas nada de lo que te haya contado mi madre. Es una mentirosa compulsiva. Está en estado maníaco y no se toma su medicación. Delira. Se inventa cosas y es incapaz de ver la realidad. Es bipolar.

Aduriz asiente con un gesto de la cabeza.

—¿Estás bien? —pregunta.

—He estado mejor.

Ilustra a la escritora Nuria Verde

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Un viaje alucinante a Atapuerca.

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