«La tumba»: el enigma de tres asesinatos en relación con las dimensiones espacio-tiempo

La serie israelí, «La tumba», arranca su historia con un terremoto que abre una grieta en una reserva natural donde aparecen tres esqueletos humanos. El enigma y la intriga crecen al descubrir la policía que el ADN de los tres esqueletos coincide con el ADN de tres personas vivas sin relación entre sí: Yoel, Avigail y Niko, algo que resulta científicamente imposible.

La intriga policial engancha, los tres primeros capítulos de la serie son magníficos, pero a medida de que nos vamos adentrando en la ciencia ficción: universos paralelos, líneas de tiempo dobles, donde se alteran los sucesos de la vida, la posibilidad de tener a un doble, el efecto Dopplegänger, la teoría de las realidades indescernibles que plantea Yoel Russo en uno de los episodios, mi interés cae en picado.

Agujeros de guion

Tras ese arranque potente, la serie incurre en una serie de agujeros de guion impactantes, más propios de un queso gruyère que de un guion en condiciones. Insisto: en todo guion hay pequeños agujeros porque no hay un guion cerrado al cien por cien, quizás solo el de «Chinatown» como decía Syd Field, pero lo importante es que esos agujeros no canten al espectador.

Y aquí cantan la traviata. Por ejemplo, cuando Aron oye a los operarios hablar de que tienen que deshacerse de lo que hay dentro de unos contenedores que hay en el puerto, y lo dicen a voz en grito, y acto seguido los tíos se suben a sus coches y se largan. Por supuesto, no hay policía portuaria ni leches. Y yo que soy de Málaga y veo, muy a menudo, a la policía portuaria patrullar por el puerto, me pregunto cómo en Tel Aviv, con el problema de terrorismo que tienen, son tan laxos.

Pero lo que viene a continuación, es flipante. Aron abre el contenedor (en la imagen inferior) que no tiene ni un triste candado en la puerta y encuentra con un quirófano perfectamente equipado donde se juega a ser Dios con el futuro. Ojo, sin seguridad ninguna. La discoteca de mi barrio tiene más seguridad.

Ojo, que acaba de hablar con el jefe de la empresa que lleva a cabo los experimentos en una caseta de al lado, y éste a por uvas.

Acojonante.

En conclusión: un piloto prometedor y original, que juega a descolocar nuestras espectativas, una progresión floja, y un vale todo gracias al truco de la ciencia ficción y vidas paralelas, que, por cierto, resulta un tanto manido ya en la ficción audiovisual.

«La tumba» no está a la altura de su poderoso arranque. Aunque merece la pena verla, si no te importan mucho los agujeros de guion y que te tomen el pelo.

Como decía el torero El Gallo: «hay gente pa tó».

Aquí va el trailer de aperitivo.

Puedes ver «La tumba» een Sundance TV.

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