“Los crímenes de Atapuerca”. Capítulo 76

El asesinato más impactante de Atapuerca

Sinopsis

A Miriam Sinaloa, una estudiante de 16 años que visita el yacimiento de Atapuerca, la asesinan dentro de la Sima de los Huesos. El asesinato más impactante de Atapuerca.

La inspectora Luisa Baeza dirige la investigación del asesinato de la adolescente mientras se enfrenta a una profunda crisis personal y se obsesiona con un caso en el que busca una redención.

Hay secretos que no puedes enterrar para siempre.

Capítulo 76

La sala de interrogatorios de la comisaría olía a derrota y desesperación. Una mesa desnuda, dos sillas, dos vasos plásticos vacíos de café sobre la mesa, una papelera metálica negra forrada con una bolsa de basura también negra, los suelos sucios, aunque fregaran cada día, las paredes descascarilladas con una grieta que atravesaba su superficie como una fea y negra cicatriz.

Luisa Baeza se tensó delante de Andrea, que estaba sentada frente a ella y la miraba desafiante. Se había convertido en una mujer alta e independiente, inteligente y díscola. Se fijó en su abundante melena rizada, en sus ojos negros.

—Esta conversación va a ser grabada. Estoy junto al subinspector Miguel Ángel Aduriz, en Burgos. Es lunes, 1 de octubre de 2019. Las diez de la mañana. ¿Por qué no nos entregaste las cámaras? —pregunta la inspectora Baeza.

—Me acojo a mi derecho de no declarar.

—¿Por qué tocaste el cuerpo de la víctima?

—Me acojo a mi derecho de no declarar.

—¿Por qué la contaminaste con tu ADN?, ¿para ocultar el hecho de que su cuerpo ya tenía tu ADN antes?

—Me acojo a mi derecho a no declarar.

—¿Sabías que tu padre se había enamorado de Miriam?

Andrea cruzó los brazos y miró, dolida, a Luisa.

—No voy a decirte nada. Hija de puta.

—¿Por qué ese odio a Jesús Sinaloa, Andrea?, ¿mataste a Miriam, Andrea?

—¿Cómo está Lara?

—Está ingresada en el Hospital Universitario. Está estable.

Luisa leyó la desgarrada ternura en la cara de Andrea. Tuvo celos de Lara porque a ella nunca la habían querido así.

—¿Y mi padre?

—Ha muerto.

Andrea se quedó reducida a cenizas. El dolor la perforó por dentro y se comió sus órganos.

De repente, la puerta de la sala de interrogatorios se abrió de un golpe brusco. Era algo que nunca pasaba. Incluso había un cartel en la puerta de la sala en el que ponía: «No abrir la puerta. No interrumpir el interrogatorio en curso».

Luisa sintió un vértigo, un desmayo, un mareo. Otro ataque de pánico. Su corazón le latió a una velocidad desbocada.

Andrea se contrajo con un miedo aterrado que la paralizó.

Entraron Sergio Martín, de Asuntos Internos, y el juez Gaicano. Se dirigieron a la inspectora Baeza.

—Este interrogatorio ha acabado.

—Entrégueme su arma, inspectora Baeza. Está usted fuera del caso.

El juez Gaicano asintió. Evitó mirar a Andrea.

—¿De qué se me acusa? —preguntó la inspectora Baeza.

 —De mala praxis profesional.

—Fue legítima defensa.

—No es esa la versión de su compañero.

 —Sé que lo has pasado muy mal, Luisa. Pero ser una víctima no te convierte en buena policía. ¿No te das cuenta de que se ha acabado todo? —dijo Aduriz.

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