“Los crímenes de Atapuerca”. Capítulo 85

Sinopsis

A Miriam Sinaloa, una estudiante de 16 años que visita el yacimiento de Atapuerca, la asesinan dentro de la Sima de los Huesos. El caso más estremecedor de Atapuerca.

La inspectora Luisa Baeza dirige la investigación del asesinato de la adolescente mientras se enfrenta a una profunda crisis personal y se obsesiona con un caso en el que busca una redención.

Hay secretos que no puedes enterrar para siempre.

Capítulo 85

Doce horas después, la inspectora Baeza desemboca en una plaza donde hay una procesión. Unos hombres llevan un trono de una Virgen. El hermano mayor agita una campana. Una orquesta toca sus tambores y trompetas.

Luisa se pega a la pared de la plaza. Deja atrás a la multitud extática ante la Virgen, se aleja del bullicio y la charanga solemne, pasa por el mesón La Cueva, el mirador de la catedral, el cabildo metropolitano, la iglesia de San Nicolás de Bari. Luisa ve que el abrigo negro aletea al traspasar la entrada de la parroquia. Luisa cruza la calle y espera al lado del pórtico. Hay dos mujeres rumanas, con pañuelos coloridos en la cabeza y faldas largas y anchas, sentadas en el suelo, pidiendo dinero. Una de ellas pide a Luisa, que la ignora.

—Señora, cuánto tiempo sin verla —dice.

«Teniendo en cuenta que nunca he estado aquí, sí, es mucho tiempo», piensa Luisa.

—Una ayuda, señora, tengo un bebé y no tengo qué darle de comer.

«Coño, qué pesada», piensa Luisa.

Una irritación recorre a Luisa y la impulsa a entrar en la iglesia solo para alejarse de la rumana.

Retablo esculpido en piedra caliza del siglo XVI. La iglesia se construyó en 1408. Está en la ruta del Camino de Santiago.

A Luisa le duele el pecho como si le fuera a dar un infarto. Siente una opresión que la ahoga. Se da la vuelta y se coloca frente a la pila bautismal. Hay una mujer sentada frente a un confesionario. Un hombre pone una vela. Es Sebastián.

Una corriente ártica hace tiritar a la inspectora Baeza, que finge interesarse por un cuadro gigante de san Antonio junto a su carro de guindas volcado.

Cuando Sebastián sale de San Nicolás de Bari, Luisa lo sigue a una dilatada distancia. Recorren la calle Fernán González.

De repente, Sebastián se aleja del centro. Luisa no le pierde de vista. Conoce Burgos como la palma de su mano. Le encanta perseguir a sospechosos. Se crio con la serie Canción Triste de Hill Street. Por esa serie Luisa se hizo policía ante la abierta oposición y desaprobación de su padre, que le dijo que en la policía no había mujeres. Ella dijo que ella sería la primera. Su padre, que no soportaba que nadie cumpliera sus sueños porque él no había logrado ninguno de los suyos, se burló de su hija con un frío desdén. A Luisa le dolió, pero no le hizo perder ni un ápice de determinación. No quería repetir la vida de su padre. Ella quería hacer lo que quería hacer. Se marchó de casa al cumplir los dieciocho.

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El caso más estremecedor de Atapuerca.

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