“La clase”: la frustración y desgaste de educar a contracorriente

la frustración y desgaste de educar a contracorriente

No hay nada nuevo en “La clase” y sin embargo la historia rezuma verdad. En las trincheras de un barrio inmigrante de París, nos metemos en la piel de Francois, un profesor de Lengua, que pasa más tiempo impartiendo orden y haciendo callar a sus alumnos, haciendo frente a desafíos, interrupciones, faltas de respeto, ruido y distracción, que enseñando su asignatura. Es la frustración y desgaste de educar a contracorriente.

La película ganó la Palma de Oro en Cannes en 2008. Laurent Cantet, su director, llevó al cine una novela autobiográfica de un profesor de Lengua,François Bégaudeau, en un barrio conflictivo de las afueras de París.

François es un joven profesor de lengua francesa en un instituto conflictivo, situado en un barrio marginal. Sus alumnos tienen entre 14 y 15 años, y no duda en enfrentarse a ellos en estimulantes batallas verbales; pero el aprendizaje de la democracia puede implicar auténticos riesgos. Al comenzar el curso, los profesores, llenos de buenas intenciones, deseosos de dar la mejor educación a sus alumnos, se arman contra el desaliento. Pero la abismal diferencia de cultura y de actitud chocan violentamente en las aulas, que no son más que un microcosmos de la Francia contemporánea. Por muy divertidos que sean a veces los alumnos, sus comportamientos pueden cortar de raíz el entusiasmo de un profesor. La tremenda franqueza de François sorprende a sus alumnos, pero su estricto sentido de la ética se tambalea cuando los jóvenes empiezan a no aceptar sus métodos.

“La clase” te sumerge en un aula llena de alumnos africanos, marroquíes, chinos, a algunos les cuesta hablar francés, otros lo hablan pero no quieren estar ahí. Los problemas de orden y tranquilidad en el aula son constantes.

En las trincheras de la educación, François y sus colegas se lo trabajan y dan lo que tienen.

El realismo se aquilata en los pequeños detalles: profesores que se quejan en el claustro porque el café ha subido diez céntimos, alumnas que se niegan a leer en voz alta un pasaje de “El diario de Anna Frank” y desafían la autoridad del profesor, alumnos que se enfrentan al profesor, quien pierde los nervios, el profesor que dice a dos alumnas que tienen una actitud de golfas, un profesor que estalla y dice que no aguanta más a sus alumnos, que se pudran.

la frustración y desgaste de educar a contracorriente

Es la crónica del desgaste y frustración de un profesor que tiene que enseñar a la contra, en un ambiente nada propicio para aprender, y sin embargo, está ahí, dando el callo, entregando su energía día a día.

Los ingredientes no son novedosos. Pero la diferencia la marca la actitud de François hacia sus alumnos: por un lado, defiende el diálogo con sus alumnos, por otro, el castigo, por un lado, aboga a favor una apertura mental que busca no juzgarlos, por otro, quiere impartir disciplina.

Cada día, en esa clase, François hace un ejercicico de autocontrol y paciencia, de exasperación y enfado. Su actitud es novedosa, parte de su persona, se origina en su alma que sufre por unos alumnos a los que no puede enseñar.

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La fuerza de un documental en ficción

“La clase” posee la fuerza de la verdad. Dureza y realismo se alían en un día a día en el que los alumnos de ese instituto se aferran a sus barreras mentales de ignorancia y ceguera.

Françoise no enseña o enseña muy poco. En realidad defiende su concepción de la vida y su amor al conocimiento, su identidad.

Las anécdotas autobiográficas de este profesor pueblan un guion que te absorbe como un maremoto híperrealista con verdades como puños.

Filmada durante siete semanas en un colegio real de París, hubo un trabajo previo, fundamental, del director Cantet y de Bégaudeau, con cincuenta alumnos durante todo un año escolar. De esos ciencuenta alumnos, se pasó a veinticinco que son los protagonistas absolutos de “La clase”.

El contexto lo es todo. Es una lección magistral que nos da esta película de vencidos en el sistema educativo.

Bienvenidos al mundo real y a sus juegos de poder y manipulación. Momentos duros, difíciles, tensos dentro de un aula. Eso nos cuenta “La clase” en un universo donde nadie es bueno o malo. O al menos nos del todo.

Puedes ver “La clase” en TCM.

Nuria Verde

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