“Málaga 82”. “Polvo de estrellas de Pumares”

"Málaga 82". "Polvo de estrellas de Pumares"

Sinopsis

Málaga 82Sara Rojas es una adolescente que no tiene amigos. La novela relata la historia de Sara y Margarita, alumnas de BUP en la “insignificante” ciudad de Málaga hace cuatro décadas. Margarita es extrovertida, popular y ha estado con innumerables chicos, pero encuentra su vida exasperantemente aburrida. Sara, por el contrario, es tímida y no ha conseguido tener ninguna relación desde que se mudó con su familia a Málaga hace un año.Vamos ya con el capítulo 6 de “Málaga 82”. “Polvo de estrellas de Pumares”.

Capítulo 6

Era una noche de tempestad de domingo, truenos y aquelarre de relámpagos que cortaban el silencio, con su brusca oscuridad y fanfarria telúrica. Me desvelé. Me hice una sesión de placer solitario bajo el poster de James Dean y sentí fuegos artificiales fosforescentes tras los párpados. La cara y el sombrero tejano en blanco y negro de James Dean se agrandó y se pixeló. Me sentí mucho mejor y relajada. Pero el manantial del sueño se había secado.

Cuando dieron las cuatro de la mañana en el carrillón del salón, me levanté, desesperada. Había pasado algo horrible en la calle Bolivia y no conseguía olvidarlo. Me atormentaba como un vampiro angustioso. Al recordar la escena me quedé consternada. Sentí miedo y asco. Mis ojos se reblandecieron y humedecieron.

Me sentí de nuevo avergonzada y reprimí su recuerdo. Eres subnormal, me dije. Tuve ganas de quitarme la vida al evocar la ardiente vergüenza y odio hacia mí misma. Pero no tenía valor. Lloré, presa de un desconsuelo infinito que creía que iba a durar para siempre, mientras mordía la almohada y me entregaba a una desesperación mórbida.

Escribir era mi terapia. Vale, lo que escribía era una mierda pero me sentiría mejor después de haber vomitado toda la bola. La cabrona de Margarita, ¿cómo había podido traicionarme de esa manera? La vida era una puta mierda.

Me arrastré, remolqué mi propio ser doliente hasta la silla tapizada de cuero marrón oscuro, patas alabeadas, frente al escritorio donde ocupaba un lugar hegemónico mi máquina de escribir Olympia. Era eléctrica y de color blanco. Como mi madre no creía en los Reyes para los adultos y yo con catorce años lo era ya, me la había regalado para mi cumpleaños. Yo hubiese preferido un Spectrum 48 K -que era lo que de verdad me había pedido, pero mis padres rechazaron la idea diciéndome que sólo lo iba a utilizar para jugar. Era verdad.

Nuria Verde escritora
"Málaga 82". "Polvo de estrellas de Pumares"

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