Akiva Shtisel se quedará en nuestro corazón para siempre por su humanidad.

Ya tenemos la idea de nuestra serie, hemos escrito el título, el pitch, el arranque. Pero ojo ojito. Decir hemos escrito quiero decir que nos hemos sentado, nos duele el culo, nuestra cabeza hecha humo y hemos escrito. Para llevar acabo esta tarea, es esencial no autoengañarse. No pasemos de un epígrafe a otro como quien oye llover.

Cualquier proceso creativo necesita concentración y tiempo, paletadas de tiempo, volquetes de tiempo. Práctica, práctica, y más práctica porque el arte de la ficción es el arte de práctica.

Es imposible que una guionista no haya sentido alguna vez el complejo de Dios, el poder absoluto, omnisciente, omnipresente. Se trata de una labor situada en los márgenes, mágica, que consiste en crear vida desde la nada para pupilas ajenas.

Akiva, el capitán Frank Furillo, el detective Starsky, Alf, Tony Soprano, Angela Channing, Kevin Arnold, teniente Colombo, Blanche Deveraux, Baretta, Cagney, Charles Ingalls, Sam Malone, Curro Jiménez, Steve Urkell, Ricardo Tubbs, Blake Carrintong, J.R, Don Draper… Son hombres, mujeres, extraterrestres y coches pero también son personajes principales en una serie de televisión.

Son, en definitiva, los verdaderos protagonistas de las ficciones que más amamos y más nos hacen disfrutar.

Los protagonistas son las caras de las series, factores identificativos y de arrastre de la espectadora. Los personajes principales centran y focalizan el interés de las ficciones.

La vida es una gran fuente de personajes. Por ejemplo, David Chase creó a Livia Soprano basándose en su madre que era “una mujer manipuladora pasivo agresiva que siempre se hacía la víctima y estaba al borde de la histeria”.

Chase creció en Nueva Yersey, y observó a personajes de la mafia mientras era niño. Sus dinámicas familiares las trasladó a Tony y compañía.

En “Los Soprano”, los gansters no son psicópatas -excepto un par de ellos- y es esa fusión entre autobiografía de una familia enferma psicológicamente, y ala vez, tan normal, junto con los problemas de depresión que tuvo Chase, juntos a sus sesiones reales de terapia, con el ingrediente de la mafia, la que hace que la receta de la serie funcione.

-Sino sería insoportable de ver-dice mi madre que vive sola en Málaga y se está volviendo a ver por enésima vez todas las temporadas de “Los Soprano”.

Carmela es el personaje que más le interesa, y Tony le parece un buen padre a mamá. Pero odia al hijo del matrimonio, Anthony.

-Menudo niñato impertinente, insoportable. No hay quien lo aguante-cuenta mamá que, en su soledad, ha recuperado un placer antiguo al ver una y otra vez las series más clásicas de la televisión. “Los Soprano” no envejecen, solo envejecemos nosotros.

Pero no sólo la vida es fuente de inspiración a la hora de crear los personajes de una serie de televisión. También pueden cobrar forma a través de una fantasía como Don Draper en el caso de Mathew Weiner, al que su subconsciente liberó y dio forma en un momento de crisis de la mediana edad, de crisis existencial del creador de “Mad Men“. Draper era todo lo que quería ser, queería hacer, y además llevaba sulado oscuro, su creatividad. toda la negrura que no salía flote en su vida real.

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