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“Esto te va a doler”: humor negro en la trinchera de la medicina

Ilustra la serie "Esto te va a doler", humor negro en la la medicina

“Esto te va a doler” es una serie a descubrir por muchas razones aunque sea una historia que nos han contado muchas veces, la de un médico residente saturado por el trabajo y el estrés, con la vida dañada por la falta de descanso y por la entrega a su curro, las barbaridades del sistema de sanidad, la burocracia, merece la pena verla. Lo diferente es el tono: un humor británico de lo más negro y políticamente incorrecto que me hace las delicias como espectadora. “Esto te va a doler”: humor negro en la la medicina.

Confieso que me rindo ante la ironía desgarrada e inteligente inglesa, ese humor negro negrísimo que es un arma de supervivencia ante una realidad surrealista que te supera. Lo se porque lo vivo en mis propias carnes en mi trabajo como periodista en Televisión Española, en otra trinchera que muy poco gente conoce, la informativa.

“Esto te va a doler” cuenta la historia de Adam, un médico residente que trabaja en Ginecología, y nos ofrece un retrato profesional descacharrante, con hilaridad y altibajos que hurgan en el corazón.

La serie ofrece una descripción brutalmente honesta de la vida como residente en un hospital, y el costo del trabajo que daña la salud física y mental, y arruina la vida personal.

Adam ayudando a una parturienta en pleno parto que necesita cesárea, con ropa de calle.

Adam Key, el guionista de “Esto te va a doler”, nos presenta a Adam, el médico protagonista, durmiendo en su coche con la cara deformada. Al salir de su turno de trabajo estaba tan cansado que no consiguió llegar a su casa. Y hasta su madre llamó a su compañero de piso, un tipo desastrado con el que Adam mantiene una relación sarcástica de amigotes fagocitada por su trabajo y a sus colegas porque su hijo había desaparecido de la faz de la tierra. Bueno, en realidad se lo había comido la exigencia de su trabajo por el que además, le pagan cuatro perras. Es una excelente presentación del personaje de Adam con una sola imagen, sin necesidad de diálogo.

Luego a Adam le suena el busca, ah, no el móvil, deliciosa obsolescencia, y es su jefe reclamándole en el hospital, ¿dónde está? tiene turno, llega tarde, venga, venga. Adam se pone las pilas para irse corriendo al hospital. En realidad, es un trayecto muy corto porque solo tiene que salir del coche aparcado en el parking del mismo centro. Ja, ja, ja. Genial.

Comedia negra

“Esto te va a doler” es una comedia descacharrante y realista, que tiene el descaro del mindundi, con el cual me identifico hasta la médula, con ese débil triturado por las mandíbulas voraces de un sistema absurdo e sin piedad, saturado de carga laboral, hasta arriba de surrealismo y obstáculos para que el mindundi haga su trabajo.

Supervivencia física y mental de Adam Kay, que escribió sus memorias como médico residente y se convertieron en un best seller. Ahora firma el guion.

Adam, sentimos agotamiento y empatía sólo con verte. También me pones una sonrisa en la cara.

Puedes ver “Esto te va a doler” en Movistar +.

“Esto te va a doler”: humor negro en la la medicina.

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“The Office”: la crueldad surrealista en el trabajo

Le tengo mucho cariño a la serie “The Office”. Quizás porque me la descubrió mi marido Gonzalo, y juntos pasamos alegres noches en nuestro antiguo apartamento, riéndonos con las salvajes locuras realistas de Michael Scott y sus empleados. Gonzalo y yo nunca nos cansábamos de ver episodio tras episodio, y disfrutábamos como locos de cada cosa que decía y hacía nuestro personaje de la ofi favorito: Dwigth. “The office” es tan real como el trabajo mismo.

El humor era en ocasiones cruel, políticamente incorrecto siempre, no hay mas que degustar el capítulo segundo de la primera temporada titulado “Dia de la diversidad” en la que Michael Scott humilla a su empleada india imitando al dueño de un super indio, y ella le da una bofetada, o cuando propone el taller de sensibilidad sobre la diversidad racial haciendo bromas sobre los negros, y ordenando un juego de rol donde al empleado negro le toca hacer de negro y donde la pregunta que plantea Michael Scott a sus desconcertados empleados es: ¿qué raza os atrae más sexualmente?

El formato que adopta la serie es el de falso documental, no tan utilizado como hoy en día hace una década, especialmente en el género de la comedia.

Michael Scott está ‘tronao’ como la mayoría de los jefes.
La serie es surrealista y, a la vez, realista por lo absurdo que resulta la mayoría de los trabajos en los que escuchamos tantas gilipolleces de jefes y empleados que nos estalla la cabeza.

Michael Scott se cree el mejor jefe del mundo, pero no se da cuenta de que maltrata psicológicamente a sus empleados, quienes lo desprecian y odian, excepto el fiel y loquísimo Dwigth, quien estaría dispuesto a morir por su jefe y su margen de beneficios en su empresa de material de oficina.

De izquierda a derecha: Dwigth, Pam y Jim, sentado, el inigualable y trastornado Michael Scott.

Michael Scott también se cree que es la hostia de gracioso cuando al único que hace gracia es a si mismo, se cree súper motivador como si se hubiera metido en vena todos los libros de cómo liderar de Stephen Covey, e intenta animar chuscamente a sus empleados que cada vez están más deprimidos bajo su demencial mando. Lo peor es que Michael Scott se lo cree.

Michael Scott dice cosas como que para él, las personas son la prioridad en el trabajo, y añade que le dio su primer empleo a un guatemalteco que no sabía ni una palabra de ingles, y el tipo le pidió a Michael que fuera su padrino, y ese fue el mejor día de su carrera. Aunque luego tuvo que despedir al guatemalteco.

“The Office” fue la serie más vista en las plataformas digitales en 2020. Con la matraca aterradora de la pandemia machacándonos, es una serie que sirve como necesaria y descacharrante vía de escape. ¿Quién no ha trabajado en una oficina tan patética como la que aparece en “The Office”?

Puedes ver “The Office” en Netflix.

“The office” es tan real como el trabajo mismo.

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Los puntos de arranque según los géneros de las series

Un punto interesante es el que se refiere a la especialización por géneros cuando pensamos en escribir nuestro punto de arranque. ¿Cuál es el mejor inicio para un determinado tipo de serie? Bueno, hay dos géneros excepcionales que merecen un punto y aparte. Todo lo que tienes que saber sobre los puntos de arranque

Las series de argumento

El arranque de este tipo de ficciones define de forma determinante la sinopsis. Nos tiene que servir para hacernos una pregunta del tipo “Twin Peaks”: ¿quién mató a Laura Palmer?

Por ejemplo, cito el caso de “Prision Break”. Esta serie comienza con el ingreso de Michael Scofield (Wentworth Miller) en la misma cárcel donde su hermano cumple condena. Tras ese arranque, la pregunta es: ¿conseguirá Michael cumplir su plan de fuga para liberar a su hermano de la pena de muerte? Esa pregunta tan sencilla guía el hilo del argumento de la primera temporada de la serie.

Paul Scheuring es el creador de “Prision Break”

Las series cómicas

Para este tipo de series, lo que hemos dicho no vale de nada. El arranque sólo tiene un objetivo: hacer reír. Si se cumple con ese fin, todo vale, no hay nada malo. Sea como sea, lo primero que tenemos que buscar es la comicidad y el efecto divertido.

Todo lo que tienes que saber sobre los puntos de arranque.

Analicemos el ejemplo práctico de “El show de Larry David”.

Esta serie juega con los límites de la realidad y la ficción, utilizando un estilo visual de vídeo doméstico.

La serie arranca con un montaje de monólogos de humor, la excusa perfecta para hacernos reír. No olvidemos que Larry David es uno de los creadores de “Seinfield”, serie que narraba los avatares de un monologuista de humor en Nueva York. Larry David apuesta por lo seguro, por lo que conoce y sabe que le funciona.

David es un dinosaurio de la comedia que utiliza estereotipos y trucos que no aprecen en otras series cómicas.

Más ejemplos de arranques de series cómicas. Profundicemos en “Mi nombre es Earl”, la serie protagonizada por Jason Lee, una revolución en el mundo de la comedia americana porque, junto con “Arrested Developed”, ha cambiado el concepto de sitcom.

“Mi nombre es Earl” empieza con Earl comprando cerveza, cigarrillos y billetes de lotería. Nada más salir de la tienda, totalmente borracho, Earl repasa su vida en escuetos segundos: conoció y se casó con su mujer Joy durante una borrachera, descubrió, a la mañana siguiente, que estaba embarazada de seis meses. Tras ese primer hijo, Earl tuvo otro retoño más, Earl Jr., quien nació mulato. ¡Cágate lorito!

Gregory Thomas García es el creador de esta serie original y falta de pretensiones.

Tras ese rebobinado vital, Earl rasca su billete de lotería y flipa al comprobar que acaba de ganar 100.000 dólares. No se puede creer. ¡Está forrado! Por desgracia, Earl sale corriendo, lo atropella un coche y su billete de lotería premiado desaparece. ¿Alguien da más?

Extracto del libro “Cómo crear una serie de televisión” (Ediciones T&B) de Gonzalo Toledano y Nuria Verde.

“La directora”: ojalá no pierda sus dos puntos originales

Me entretiene y me relaja ver “La directora”, una comedia con más trasfondo del que parece, que habla de machismo, racismo, techo de cristal y patriarcado hegemónico con la ironía que merece, es una comedia, no un drama. Sólo espero que la serie no pierda sus dos puntos originales: el personaje de Sandra Oh y los temas sociales y políticos que trata, con sumo sarcasmo y descreimiento.

El personaje de Sandra Oh, una profesora de literatura inglesa de origen coreano consagrada a su trabajo y que ha adoptado a una niña mejicana, Ju ju, con la que la relación no es estrecha es lo mejor de la serie. Por favor que no le robe protagonista el profesor encantador y desastroso Bill Dobson, quien mola pero está más visto que el tebeo. Es un cliché. Sin embargo el personaje que interpreta Sandra Oh no lo es. Me quedo también con la caterva de profesores carcamales viejales que se resisten a jubilarse en una Universidad cada vez más mercantilizada y pendiente de las redes sociales.

Sandra Oh recibe una patata caliente en la mano cuando le dan el puesto de directora del Departamento de Inglés de la Universidad Pembroke.

Como dice Sandra Oh a a uno de los profesores más seniors, destronado de su trono hegemónico como máster del universo en el departamento, para animarle a escribir una buena carta de recomendación a una joven profesora negra para que por fin sea titular merecidamente:

-Yaz tiene a ocho mil seguidores en Twitter. Más que todos nosotros juntos.

-Jesucristo sólo tenía 12. Menudo perdedor.

Sólo espero que Bill Dobson no se coma a Sandra Oh, ni que la historia derive hacia una previsible historia de amor y tensión sexual resuelta entre ambos.

  

Puedes ver “La directora” en Netflix.

La directora. La universidad: un divertido nido de víboras

“La directora” es una entretenida sátira académica creada por Amanda Peet, situada en una Universidad prestigiosa llamada Pembroke. Sandra Oh, quien se hizo famosa por su papel de cirujana impasible en “Anatomía de Grey”, interpreta a un profesora de inglés asiática, quien -cual pez fuera del agua-dirige el departamento de Inglés en horas bajas (nadie quiere estudiar Literatura) cuya asignatura estrella es “Escritura creativa”, donde se trata a los estudiantes como clientes (ese profesor es muy popular y atrae a muchos alumnos, ese otro es un carcamal aburrido y no atrae a ningún alumno, se tiene que jubilar y largarse) y se profundiza en memeces que se convierten en escándalos mediáticos y obligan a un profesor a marcharse, por ejemplo, cuando en una de sus clases imita el saludo nazi al hablar de Camus, quien estuvo en la Resistencia, sin ninguna mala intención pero se convierte en el chivo expiatorio del histerismo de una época banal: la nuestra.

Una mujer asiática irrumpe en el encorsetado y tradicional mundo académico.

La base de la comedia es la verdad más dolor. Amanda Peet y Amy Wayman, las guionistas, tienen la habilidad de explotar, con un clasicismo intelectual, la premisa del arte de la comedia. A Sandra Oh, una adicta al trabajo que quiere hacerlo bien en su nuevo puesto de poder, acude todo quisqui para encalomarle sus problemas, desde una anciana profesora de literatura medieval a la que sus escasos alumnos zahieren con sus críticas en internet y la han relegado al despacho mohoso del departamento de deportes al presidente de la Universidad, quien ávido de dinero de los donantes, ficha a David Duchovny como profesor de literatura. La decadencia de Occidente.

“La directora” es un rico universo poblado por personajes desquiciados.

“La directora” es un efecto colateral del gran acuerdo de 200 millones de dólares que firmaron los creadores de “Juego de tronos”, David Benioff y Waiss con Netflix. Gracias a ellos, Amanda Peet ha creado “La directora”. Peet fue guionista en la serie de Sorkin “Studio 60”, y demuestra su oficio en “La directora”, que es una inteligente comedia más allá el universo adolescente, o más allá de la ironía ácida y mórbida de “After life”. Vamos, que si la veis, vais a pasar un buen rato.

Un universo original

La originalidad de “La directora” es retratar el universo blanco y caracamal de un departamente de inglés de la Universidad Pembroke (de ficción) que a veces nos recuerda a “El método Kominsky”.

El acierto de Amanda Peet es saber captar el ‘Zeitgeist’, es decir el espíritu de nuestra época, con escándalos gilipollas sobre supuestos actos de racismo, estalinismo, fascismo, en un universo privilegiado de una universidad de élite. Y ahí Amanda lo clava.

Ningún personaje desagrada, ningún personaje es un cliché, y los diálogos son chispeantes, irónicos e ingeniosos, con un toque trufado a referencias culturales que hace las delicias de los morros más finos. Sí, hay que ser un morro fino para disfrutar de “La directora”.

Puedes ver “La directora” en Netflix.

Escribir en contra de las expectativas del espectador. El método Kominsky

Una de las cosas que más me flipan del guion de la serie El método Kominsky es que Chuck Lorre escribe contra las expectativas del espectador. Cuando te crees que va a pasar algo, pasa otra cosa. Y eso en comedia es súper difícil. cómo escribir contra las expectativascómo escribir contra las expectativas

El creador de El método Kominsky domina el poder de lo impredecible, la fuerza de lo inesperado, la increíble potencia de la sorpresa. Los personajes de El método Kominsky evolucionan, Phoebe, la hija drogadicta y desastrosa de Norman, busca su camino de redención, Sandy, el narcisista profesor de interpretación de Michael Douglas ve cómo, con sus jugadas de independencia con Madelyn, le sale el tiro por la culata, Martin, el novio añoso de Mindy, la hija de Sandy, da sorpresas y te esperas que los dos viejales se van a caer fatal cuando se conocen y no es así, la que se siente descolocada y ajena generacionalmente hablando es Mindy.

La química impresionante entre ambos personajes, Norman y Sandy, es parte de la calidad de El método Kominsky.

Al escribir comedia es muy fácil conducir por el carril y seguir clichés y estereotipos cómicos. Pero El método Kominsky no hace eso. De hecho Chuck Lorre, da una vuelta de tuerca a los temas objeto de la comedia. En esta serie, nos reímos a las puertas de la muerte.

Humor ácido y negro sí, pero también emoción y profundidad. Nunca nos sentimos mejor riéndonos de la vejez, la pérdida, los problemas de la próstata, la incontinencia urinaria, las limitaciones físicas y mentales, y la muerte.

Puedes ver El método Kominsky en Netflix.

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The White Lotus: un ejemplo de piloto de libro

The White Lotus es una miniserie que tiene lugar en un resort de Hawai.

La construcción del piloto de la miniserie de HBO The White Lotus es prometedor y puede enseñarnos cómo se escribe un buen piloto. La serie empieza con un teaser a modo de gancho que capta la atención del espectador. Un hombre joven espera en la sala de un aeropuerto, unos viajeros le preguntan si está de vacaciones, el tipo contesta que de luna de miel, en el resort The White Lotus. ¿No es allí dónde ha muerto esa mujer? El tipo mira hacia el ventanal y ve cómo introducen un ataúd en la bodega del avión. Su mujer. Corte a créditos. La llegada de gente rica de vacaciones a un hotel de lujo en una isla paradisiaca. Hawai.

La pareja de recién casados que no son tan felices como deberían ser.

Lo que viene ahora es la presentación de los personajes que se hace en el barco que navega hacia la isla a través de las miradas de la hija rica y su mejor amiga, adolescentes malas y clasistas, con la suficiente mala leche como para retratar al elenco de personajes con un toque satírico e irónico.

Pronto, en la recepción de bienvenida en la isla por parte de la dirección del hotel, y una ayudante, de la que descubrimos luego que está embarazada, a la que el director critica por su desaliño y su gordura, hay más presentación de personajes y se establece el tono de la serie: comedia con toque muy mordaz, hay lucha de clases, los ricos también lloran y se aburren, y los ricos son diferentes, y no sólo porque tengan más dinero. También se establece el tono: la sátira, no es un dramón. Y el tono sarcástico a lo Todd Solondz y agudo que va a tener The White Lotus.

El momentazo de la recepción de los huéspedes. En la imagen, el director y su ayudante.

Los personajes son contradictorios. El director es un capullo pero también un alcohólico en recuperación, quien se da cuenta al final del episodio de lo mal que ha tratado a su ayudante cuando la chica da a luz en su propio despacho, primer día de curro y de parto. La pareja de recién casados: él es un niño rico pero quiere a su mujer aunque se obsesione hasta límites histéricos pero muy reales con la habitación que les han dado, su mujer es la más normal, una chica que no pertenece a la clase alta ni adinerada, un pez fuera del agua. Luego está la mujer con la urna con cenizas de su madre que está decaída y sufre múltiples males espirituales y físicos, y no acepta un no por respuesta cuando quiere que le den un masaje. A continuación conocemos a una familia rica pero infeliz, con la hija y su amiga, arrogantes y cómplices, que se aburren, un hijo autista al que su padre quiere arrastrar a deportes acuáticos, una madre desbordada, y un padre angustiado porque cree que padece un cáncer de testículos.

Nadie escapa al sufrimiento en esta vida aunque seas muy rico.

Las dos amigas populares, guapas y ricas que dan miedo.
El comité de acogida de The White Lotus.

Lucha de clases. Por un lado los sirvientes del hotel, por otro los ricos de vacaciones que quieren satisfacer sus más mínimas necesidades porque para eso han pagado un pastón en Hawai.

Lo más interesante es que la isla no acaba siendo un paraíso, al más estilo John Cheever, los personajes no disfrutan de las habitaciones suntuosas, del magnífico buffet de desayuno ni de las aguas cristalinas del Pacífico, sino que se sienten incómodos y molestos, con un malestar mental que los deja insatisfechos. Están de vacaciones en un sitio maravilloso. Se supone que deberían estar gozando como perros, pero no lo hacen.

¿Por qué? Por un lado está el tema de las expectativas infladas, por otro la tortura mental de su mente y la comodidad a la que están acostumbrados, por otro su falta de lazos afectivos y por último las vidas tan poco naturales que viven los personajes. The White Lotus daría para todo un tratado de psicología cognitiva y un manual estoico.

Los personajes son neuróticos, miserables, despreciativos, insatisfechos. Y todas las tramas dan una horrible vergüenza ajena.

Seguiré viendo The White Lotus.

Puedes ver esta serie en HBO.

Hacer comedia de la adicción. Feel good

Mae Martin es diferente a todas las cómicas que hayas visto hasta ahora. Puede que no te haga gracia, puede que sí te haga mucha, pero lo importante es el giro de guion que le da a su serie, en Netflix, Feel good: empezar por el final porque su ficción comienza justo donde acaban todas las comedias que hemos visto hasta ahora. Dos chicas se enamoran, todo va de maravilla, y de repente se dan cuentan de que no se conocen realmente y que ocultan partes de su identidad y pasado, sobre todo Martin, para gustar a la otra.

¿De qué va Feel Good? Va de que quizás el amor no sea tan bueno como nos lo venden, quizás sea tan malo como la droga, quizás Mae Martin no esté enamorada de George, su preciosa rosa inglesa con una aire a Kate Middleton más agreste y rotundo, y sólo sea adicta a ella para sentirse bien. El tema de Feel Good es la adicción al amor y la maduración personal.

Feel Good es autobiográfica. La serie empezó a emitirse en Channel Four, para pasar luego a Netflix.

Rehabilitación

No solemos escuchar muchos chistes sobre salir de reahabilitación, y menos sobre tener ataques de pánico, sí sobre un amor imperfecto como el de Mae y George pero nadie puede negar que Feel Good es original, y Mae Martin, esa chica tan rara que hace comedia es el referente de una generación confusa, bisexual, y que pretende arreglarse el coco ella misma y fracasa, una generación vulnerable y confusa, al hilo del Girls de Lena Dunham, chicas con talento, y un montón de haters a sus espaldas, me imagino que a Martin la pondrán a caldo porque no tiene tetas y parece un tío, eh, macho ¿te he pedido yo tu opinión? y porque a muchos tíos no les hace gracia, como al pavo de la Chocita del Loro, bueno a mi sí me hace gracias y estoy de chistes de lefa y pajas y pedos que se se aguantan los tíos en su primera cita hasta el moño. Aire fresco, please. Mujeres que hacen humor desde su actitud ante la vida y sin imitar a los hombres: nuestra querídisima Mae Martin, la chica rara que se convirtió en mariposa al cumplir los treinta años.

Es rehab. Entras mal y sales bien.

Mae Martin

Conecto con el humor negro-friki, que a fuerza de arranques de vulnerabilidad, genera Mae Martin, con sus choques rarunos con la realidad: mitad absurda, mitad cruel. Impagable la secuencia de su entrevista con una pirada agente de éxito a la que quiere impresionar para que la represente:

Lo que me gusta de ti es que eres muy actual, eres adicta, tienes ansiedad, eres transexual.

La agente a Mae Martin.

Lisa Kudrow ha crecido, y ha dejado de ser Peter Pan para convertirse en la rígida, sin filtro, directa y tajante madre de Mae Martin, a quien pone de los nervios, pero también la quiere, es su madre y encima le da un montón de material para sus monólogos.

¿Queréis entrar?

Ni de broma.

Mae Martin a sus padres frente al centro de rehabilitación.

Feel Good pasa en Manchester, (Inglaterra)

El amor adictivo, ay, ay, eso me suena, de Mae Martin hacia George hace que recaiga en su adicción a la cocaína, no te castigues tanto por una noche de coca Martin, pero como dice ella:

-Solo quiero madurar y dejar de ser Peter Pan-cuenta en un arranque de vulnerabilidad.

Bienvenida al club.

No lo vas a tener fácil, Mae. No por nada tu ex novia dice de tu tendencia a idealizarla para luego decepcionarte:

-Está obsesionada conmigo. Me escribió esta oda a mis codos y mis codos son horribles.

La vida imperfecta de la gente, amigos frikis y loosers, no por ese orden, como Phil. Y las bromas habituales sobre los no binarios, los que no se identifican como mujer ni hombre y esa manía de etiquetarlo todo de la modernidad.

Ya no me identifico con ser mujer. Más bien con ser Ryan Gosling.

Mae Martin

Mi película favorita de Ryan Gosling es Half Nelson, un película que os recomiendo.

Ja, ja, ja, qué lista nena.

Puedes ver ya la segunda temporada de Feel Good en Netflix.

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El sufrimiento es comedia

La comedia es igual a verdad más dolor. El sufrimiento de los personajes, cuando se encuentran con la horma de su zapato y les pasa lo peor que les puede pasar, provoca risa. Por ejemplo, Sandy Kominsky cuando se entera de que su hija Mindy sale con un tío de su misma edad, la de Sandy.

Por ejemplo, Sam Malone en “Cheers”. Nuestro hombre, un ex alcoholico, debe luchar todos los días contra su adiccion a su barra de bar. Se trata del colmo de los colmos. Es como poner al zorro a cuidar del gallinero.

Otro ejemplo: Phoebe Waller Brigde en “Fleabag”. Un hombre que está muy buenorro, despues de darle por culo, le dice que en realidad está muy enamorado de otra chica. Qué sensibilidad, colega.

O como Ross en “Friends” tan pulcro y ordenado quien cuando se enamora de una chica desordenada y desastrosa, se desespera hasta el extremo.

¿Queréis más ejemplos?

Larry David es un guionista a punto de jubilarse en “Curb Your Enthusiasm”. Un día va al cine con su mujer y una amiga de su mujer. El pantalón le hace una bolsa a la altura del paquete y la amiga de su mujer cree que Larry ha tenido una erección delante suya.

Premio gordo. Botella de lejía vacía con devolucción de casco.

Cagada. El sufrimiento es comedia. No hay que perder jamás esa idea de vista cuando escribáis comedia.

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Tips de guion de Chuck Lorre. El método Kominsky

Chuck Lorre con Michael Douglas y Alan Arkin durante el rodaje de El método Kominsky.

¿Quien es Chuck Lorre? Pues antes del Método Kominsky ni puta idea francamente. Pero tras ver el método Kominsky, un grande.

Vale, luego me entero de que Chuck Lorre es el creador de Big Bang Theory, Dos hombres y medio y Mom. Los guionistas y creadores a veces están tan ocultos. No es justo.

Lorre también se ha escapado a las libres y verdes praderas de Netflix y es el creador de El método Kominsky. Confiesa que escribió sobre lo que le daba mucho miedo, miedito, miedito y ya sabemos que a los tíos les da mucho miedo todo lo que tenga que ver con la decadencia de su aparato genital, la vejez, la muerte, la decadencia física y psíquica, la soledad. Bueno, Lorre, felicidades porque hacer una buena comedia, con esos ingredientes, no es nada fácil. De hecho tiene mucho mérito, Lorre.

Por cierto, también tiene mérito tener a Danny DeVito de urólogo, metiendo un dedo en el culete de Michael Douglas, y hablando de tipos de cáncer de próstata que puede padecer Michael como si fueran caracoles, tortugas y conejos. Genial.

Michael Douglas es mejor actor con la edad.

Ni una broma con eso macho, ni una broma, le dice un paciente negro a Michael Douglas sobre un grifo que gotea, sobre si va mucho por allí, en la sala de espera del urólogo donde un montón de hombres están sentados con cara de angustia, en un silencio sepulcral. Bueno, pues Lorre hace un huevo de bromas sobre la incontinencia urinaria masculina y las próstatas agrandadas y mear todo el rato y hacerse más larga la meada que un día sin pan. Un puntito de originalidad tiene. Porque seguro que has oído un montón de chistes sobre los sofocos de la menopausia de las mujeres pero ¿cuántos sobre próstatas agrandadas? Ni un chiste sobre ello, macho. Ni uno.

The Kominsky Method también habla de la confusión y desconcierto de los hombres heterosexuales tras el MeToo, como cuando Michael Douglas recibe una invitación a cenar de una alumna y grita:

Me lo ha pedido ella. ¿Lo habéis oído?

Pero con buen estilo. Todo con toneladas de estilo y humanidad y sí, ternura irónica. Coño, no es una serie machista. Os lo juro por Betty Friedan. Es una buena serie. Punto.

Vamos a ver lo que tenemos que aprender de Chuck Lorre.

Tips de guion

  1. Aprovecha cada secuencia. No pierdas el tiempo, que el espectador se va. “Para bien o para mal desde que empecé en esta industria siempre he pensado que cada minuto de emisión es precioso y tienes que aprovecharlo para captar la atención”, dice Lorre.
  2. ¿Hay algo que te de miedo de verdad? En El método Kominsky, Lorre escribe sobre el cáncer de próstata, la disfunción erectil, la aterradora posibilidad de llevar pañales, la incapacidad de dar un paso sin pararse a mear, sí, se refiere a los hombres y la vejez. ¿Que eso no es gracioso? Depende la mirada con la que se mire. Lorre escribió una comedia sobre lo que le daba miedo a él. Rick Gervais en After Life habla de la depresión y del duelo. Todo es el cristal por el que se mira.
  3. Cuenta la historia lo mejor que puedas. “No importa si el episodio dura 28 minutos o 32 minutos, se trata de contar la historia lo mejor que puedas”. Confía en ti mismo y en tu forma de contar. Lorre se ha adaptado a CBS donde no podía decir tacos y rodaba con público, había más censura respecto a los límites del humor, y ha saboreado la libertad que le da Netflix, donde rueda fuera de plató y prácticamente puede hacer lo que le da la gana. En Netflix además cada secuencia no tiene por que ser una broma, lo cual es muy de agradecer.
  4. Mira lo que pasa en la sociedad. En El método Kominsky hay chistes sobre las consecuencias del movimiento MeToo, sobre la hipervigilancia de las madres con la pedofilia, sobre los millenials, y la espitualidad New Age. Todo nos suena. Lorre observa lo que está pasando.
  5. Escribe sobre lo que te gusta. Si a ti te gusta, hay posibilidades de que a alguien más le guste. Escribe sobre lo que amas. “Lo que sientes de forma significativa es a lo que la gente reacciona”.

Ya tienes la tercera temporada de El método Kominsky en Netflix.