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El punto final de Garret McNamara. “Una ola de 30 metros”

Entresijos profesionales de un mundo desconocido

En el episodio quinto de “Una ola de 30 metros”, Garret descubre sus límites y también se da cuenta de que ni su cuerpo ni su mente le responden como antes. Garret se explaya sobre su auto sabotaje, su tendencia a la autodestrucción y cómo en vez de dedicarse a curarse el pie operado, se ha entregado a diversas colaboraciones con ONGs por África, enseñando a hacer surf a niños con problemas y a asistir a varios compromisos en Nueva York. Total, que cuando Garret se baja del avión en Nazaré tiene el pie como el de un elefante y no puede pillar olas gigantes. Hay un tono melancólico, de finitud, en esta parte del documental en el que Garret McNamara deja el surf de olas gigantes y se dedica a su familia y a mirar cómo los otros lo hacen, a ayudar a Cotty, su colega surfero irlandés, como ojeador desde lo alto del acantilado en Nazaré. Garret tiene que bajar de una ola de 30 metros. Entresijos profesionales de un mundo desconocido.

Garret McNamara es todo un personaje. Tuvo una infancia difícil con su madre divorciada y perteneciente a la secta “La familia de Cristo”
Si la ola te da un buen revolcón, puedes tardar mucho en salir a la superficie y respirar.

Y sí, “Una ola de 30 metros” sigue molando mogollón, con Maya Gabeira, la surfista brasileña que a punto estuvo de perder la vida en Nazaré, logrando pillar olas grandes y Justine, un surfista francesa súper buena que consigue un récord femenino de la ola más grande jamás surfeada, también conocemos a Kai, el surfero que ‘baila’ sobre la cresta reluciente de las olas.

Aunque, de repente, nos sentimos huérfanos al quedarnos sin la poderosa personalidad de Garret McNamara, cabalgando olas monstruo en Nazaré. Echamos de menos su buen humor y entusiasmo, y el documental tiene un bache y pierde interés. Te desinflas como espectador, porque, aunque entiendes su decisión de dejar el surf de grandes olas, de no arriesgarse más a sufrir un revolcón en el que podría ahogarse al no estar preparado ni física ni mentalmente. Sí lo comprendes, claro que lo comprendes, hacer surf no merece perder la vida y el hombre está hecho polvo, pero aún así, te da pena que Garret se quede entre bambalinas.

Entresijos profesionales de un mundo desconocido

Al ver “Una ola de 30 metros” conoces en profundidad el mundo del llamado ‘tow in surf’. sus entresijos, curiosidades, y tecnicismos, aprendes cómo los surfistas estudian las mareas y ven cuándo se acercan las gigantes olas a la costa, conoces mejor el tema tan importante de la seguridad, con las motos acuáticas, y los vigilantes desde lo alto del acantilado que avisan dónde está el surfero en caso de rescate.

Chris Smith dirige “Una ola de 30 metros”.

Así mismo como espectador, asistes a la transformación de Nazaré, de un pequeño pueblo de pescadores a uno de los principales destinos de surfistas de olas grandes. Incluso en febrero de 2020 llega a celebrarse el “Nazaré Challange”, donde compiten surfistas de todo el mundo, hombres y mujeres. Durante el concurso se produce el accidente de Hugo y Alex, dos surfistas brasileños a los que les da un tremendo revolcón la ola. Alex está inconsciente durante dos minutos y peligra su vida.

Cada episodio dura 60 minutos. Pero “Una ola de 30 metros” no se hace largo en ningún momento.

En el sexto episodio, es curioso, por primera vez tengo la sensación de que “Una ola de 30 metros” está guionizada, sobre todo en la secuencia en la que Garret habla con Cotty acerca de la organización del “Nazaré Challenge” y le dice que le preocupa la seguridad, le comunica su miedo de que el rescate con motos acuáticas no esté bien planteado. Hasta ahora las costuras del guion no habían aparecido, y los totales de las entrevistas me contaban bien la historia, pero ahí es como venga vamos a hacer que Garret llame a Cotty y ponga la cuestión de la seguridad sobre la mesa.

Os recomiendo ver “Una ola de 30 metros” en HBO, porque transmite muy buena energía, es una experiencia excitante y relajante a la vez y la música compuesta por Philip Glass vale su peso en oro.

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Entresijos profesionales de un mundo desconocido.

“Crímenes”. Anna Permanyer

La banalidad del mal. Esa reflexión horrorizada y perturbadora queda tras ver un crimen de una crueldad extrema como el asesinato de Anna Permanyer, una psicóloga y madre de cuatro hijos barcelonesa, a manos de su inquilina, Carmen Badía, en 2004. Esa frase acuñada por la filosofa alemana y judía, Hannah Arendt, durante el juicio al jerarca nazi, Eichmann, en Jerusalen, me cruza el pensamiento tras ver los tres capítulos de “Anna Permanyer” en la serie “Crímenes” de Movistar.

“Crímenes”. Anna Permanyer

Crímenes. Anna Permanyer

De abril a junio de 1961, Arendt asistió como reportera de la revista “The New Yorker” al proceso contra Adolf Eichmann. De ahí surgieron inicialmente algunos artículos y después su libro más conocido y más discutido hasta el presente: “Eichmann en Jerusalén, un informe sobre la banalidad del mal”. Se publicó primero en 1963 en EE. UU. y poco después en Alemania Occidental.

Pero la tesis de la Arendt sigue estando vigente cuando veo el caso Anna Permanyer en la serie documental “Crímenes” de Carles Porta. También reflexiono el peligro de la psicopatía, en Carmen Badía, condenada por el asesinato de su casera sólo por una razón: el dinero.

“Crímenes” adopta el estilo Netflix del True Crime.

En realidad, el marido de Anna Permanyer, lo explica muy bien, devastado, cuando habla de la pérdida de su mujer, un persona buena, madre, esposa, que no había hecho mal a nadie, a quien Carmen Badía engañó, asesinó con una cruedad atroz. “Siento rabia, injusticia. Esa persona tiene rasgos psicopáticos muy peligrosos”.

Sin embargo Carmen Badía estaba plenamente asimiliada a la sociedad, tenía una hija pequeña, y, aparentemente, llevaba una vida normal.

Pero quiso salirse con la suya y quedarse con el piso de Anna Permanyer. Esa fue su perdición como asesina.

La serie se basa en los detalles de la crueldad.

En la Barcelona que pretendía ser moderna tras el boom de 1992, en una ciudad abierta que se llenaba de turistas y estaba de moda, sucede el crimen de Anna Permanyer. Con su crimen y el de las dos policías, una de ellas en prácticas, a manos de un psicópata ex convicto en su casa, Barcelona volvía a retrotraerse a la oscuridad de los años 70, un ciudad franca, donde la crueldad y el mal campaban a sus anchas.

Porque es el mal el tema de la serie “Crímenes”.

“True Crime” renovado

Movistar con el formato de “Crímenes” de Carles Porta juega a una apuesta que le ha funcionado a la perfección a Netflix: El True Crime renovado.

Sin duda Netflix ha sabido innovar en nuevas formas narrativas de guión y audiovisual para contarnos historias de True Crime de forma diferente, por ejemplo, con “La escalera”, o con “Elize Matsunaga: Érase una vez un crimen”. En España ya se había hecho “Muerte en León” que tuvo mucho éxito, y “Nevenka”.

Sin embargo el formado creado por Carles Porta, que tiene su origen en su programa de radio, va un paso más allá porque cuenta con una colaboración excepcional de la policía en crimenes ya juzgados y condenados, y sigue la factura americana aún más allá.

Pura televisión

Claro que “Crímenes” es televisión, pura televisión, y de alguna manera, explora un nuevo territorio diferente al de una crónica negra al uso.

El uso de las imágenes que presta la policía, son casos sentenciados y condenados judicialmente, las entrevistas de ambas partes hilvanan bien el relato. Además una voz en off muy sugerente, Luis Tosar, hace el resto para que los capítulos funcionen e impelan al espectador a pulsar la opción de: ¿quiere ver el siguiente capítulo?

La familia de Anna Permanyer, devastada.

El dron se utiliza para planos cenitales de la ciudad, sus edificios, calles, carreteras serpeteantes e intrincadas iluminadas por la luz vainilla de las farolas mientras la oscuridad fagocita Barcelona. Luego hay planos interiores medios de las entrevistas que consiguen contar bien la historia, hay un trabajo periodístico potente, y por supuesto, las fotos, cintas, audios, que proporciona la policía tambien estructuran el relato que va más allá de los titulares de los periódicos y los reportajes corrientes que vemos en la tele.

La factura visual de “Crímenes” es buena, al estilo Netflix, y eso se agradece. También el guión es sólido, bien documentado. Sin duda la cantidad de imagen y lo relevante de dicha imagen sorprende en esta serie documental.

“Crímenes”. Anna Permanyer.

Carles Porta consigue enganchar.
La acusada y condenada durante el juicio.

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“Terapia de parejas”: amores infelices

“Terapia de parejas” es una serie documental en la que parejas reales luchan por salvar sus matrimonios, hablando de lo que más les mina como parejas. Es curioso cómo me siento identificada con todo lo que cuentan las parejas, con su dolor, su soledad, sus risas, su incompatibilidad, su infelicidad. También me siento identificada con las ganas de algunas parejas de seguir con su relación y esforzarse en ese intento infinito, amoroso, de salvar su pareja como sea. Historias de amor infelices.

La doctora Olga Guralnik también siente dudas, miedo, inseguridad, incapacidad y vulnerabilidad como terapeuta de las parejas en crisis que se ponen en sus manos para que les ayude. Ella misma va a terapia con otra psicóloga que la guía y sobre todo escucha, le aconseja no ser tan exigente consigo misma y trabajar este aspecto u otro de sus pacientes.

Fascinante.

Yo misma voy a terapia con la doctora Guralnik, sin pagar un euro. Absorbo sus ideas, su sensibilidad y sus pautas para aliviar el sufrimiento emocional, en el que soy una campeona, absorbo como una esponja todo lo que dice esta terapeuta a sus pacientes, aplicándomelo a mí misma, escucho con mis cinco sentidos su sabiduría sobre la naturaleza humana y las relaciones sentimentales.

La doctora dice que nuestra tendencia es a culpar al otro, nuestra propensión es a acusar al otro, pero en realidad lo único que podemos hacer es cambiarnos a nosotros mismos y hacer un esfuerzo por acercarnos al otro y darle nuestro amor, siendo sinceros sobre lo que pensamos y sentimos con valentía y honestidad. Guralnik afirma que las relaciones largas de pareja van cambiando y adaptándose, son hermosas y fascinantes cuando la pareja se ama y se esfuerza en su amor, que no es un momento puntual sino un proceso. El amor no es un río tranquilo, va cambiando, va madurando hasta contar su propia historia que tendrá o no fin.

Las parejas se desnudan y se olvidan de las cámaras durante la sesión de terapia.

Mau y Annie, 22 años juntos

Mau y Annie van a terapia, porque tras 22 años de matrimonio no se entienden, no se aguantan, se declaran incompatibles, y para Mau, el hecho de su mujer no quiera mantener relaciones sexuales no es normal ni es saludable, y por eso Mau cree que Annie tiene un ‘problema’, que no es natural. Annie ya no está enamorada de su marido, un tipo dominante al que le gusta hacer las cosas a su manera, no le gusta Mau aunque sí todavía le quiere, pero no se siente cómoda en su compañía.

El hijo que tienen en común ha cumplido catorce años, y Annie se da un plazo de cinco años para continuar con su matrimonio, hasta que su hijo tenga ya una edad razonable, y entonces separarse de Mau. A Annie no le interesa una higa el sexo, le interesa más vivir la intimidad y una afinidad con un hombre o estar sola. Se siente infeliz. Mau también se siente infeliz. La pareja se encuentra en un callejón sin salida.

A mi marido no le importo

Elaine y Desean llevan once años juntos. Ella se queja de que su marido no le presta atención, ni la mira ni escucha, se lamenta de que Desean pone a otras personas primero, antes que ella. Pero Elaine lleva también la mochila de su pasado, su marido maltratador y un padre imprevisible y agresivo.

9 sesiones de 30 minutos en la que la Doctora Gularnick se muestra como una terapeuta implicado, que escucha de verdad a sus parejas pacientes, y que sigue un método. Quiere llegar al corazón del problema y les da trabajo, deberes en los que esforazarse más consigo mismos que con su paternaire porque aunque la tendencia es a culpar al otro, el problema siempre está en uno mismo. Fascinante.

Historias de amor infelices

Emocionante también las sesiones que mantiene la doctora Gularnick con su propia terapeuta en las que Gularnick muestra su vulnerabilidad como profesional.

Hay risas y lágrimas, hay rabia, vulnerabilidad, tristeza, insatisfacción y frustración, relaciones tóxicas, falta de sexo, y sobre todo hay amores infelices que luchan, qué agonía, qué tristeza tan real, por volver a ser felices.

Diálogos más creíbles

La verdad es que los diálogos reales de las parejas en crisis que acuden a terapia, con la doctora Gularnick, son más creíbles, cercanos, vivos, emotivos que cualquier diálogo que se pueda inventar un guionista cuando escribe para una serie tipo “En terapia”, por ejemplo.

Aquí los diálogos no tienen la artificiosidad alambicada de muchas series, sus giros forzados, su morbo provocado, su tendencia de llevar las cosas al límite para ganar espectacularidad. Son confesiones íntimas, nacidas de la vida misma.

Súper recomendable. Naturalidad al poder.

Puedes ver “Terapia de parejas” en Movistar +.

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Crítica del documental Garnet’s Gold: en busca del sentido de la vida

El protagonista del documental “Garnet’s Gold” me ha recordado a mi padre. La historia me ha conmovido hasta el hondón porque es una loa a los seres que se atreven a soñar. Crítica del documental Garnet’s Gold: en busca del sentido de la vida.

No conviene ver este documental desde unos parámetros tradicionales, incluso lógicos: narrativa, acción, giros. Esa visión os decepcionaría. Pero si buscas belleza, lirismo, y poesía “Garnet’s Gold” es tu historia, saldrás satisfecha.

“Garnet’s Gold” es una mirada tierna y lírica a los soñadores, a los excéntricos, a los fantasiosos, a los que la realidad se les queda pequeña.

Armado de montones de viejos mapas, una barca en la que entra el agua y un corazón renqueante, ‘Garnet’s Gold’ sigue la temeraria, valiente y quijotesca aventura de un hombre extraordinario en busca de un tesoro escondido, en un tardío rito de iniciación para recuperar su alma y redescubrir el sentido de su existencia. De los productores de ‘Searching for Sugar Man’ y ‘Man on Wire’, el documental toca temas universales como los sueños, la inspiración y la fuerza inextinguible de la esperanza. 

Ed Perkins dirige “Garnet’s Gold” y te hace reflexionar sobre el sentido de la vida, te hace mirar dentro de ti y revisar tus propias quimeras, sueños fantásticos -que no se cumplieran es lo de menos, que casi se cumplieran es lo de más,-porque Perkins investiga la capacidad soñadora del ser humano, la mayoría de las veces destinada al fracaso.

Pero no hay tristeza en la historia sino pura poesía. Es un claro ejemplo del llamado de documental de personaje, en el que el guion se centra en un personaje potente y la trama es casi anecdótica, el elemento que menos importa

Garnet Frost es un excéntrico hombre inglés con muchas inquietudes, que se embarca en los mas curiosos proyectos mientras cuida de su enferma y encantadora madre.

El señor Frost no consulta a ningún experto ni se documenta demasiado antes de emprender la búsqueda de su tesoro, el barco hundido con un cargamento de oro, que creyó descubrir una vez cuando se perdió en las Highlands cuando era joven.

Pero el meollo del documental es que Mr. Frost no busca el oro sino el sentido de la vida. El acierto de la realización con imágenes bellas y melancólicas es absoluto.

“Me parece haber estado dormido todo mi vida”, dice Mr.Frost como si fuera un personaje de La vida es sueño de Calderón de la Barca. Todos tenemos esa sensación, Mr. Frost.

Lo mejor: La poesía que destila el documental y el personaje excéntrico y dulce de Garnet Frost.

Lo peor: Nada. Es un documental sorprendente.

Dónde ver Garnet’s Gold: En Amazon Prime Video.

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Nuria Verde

Nací en Madrid, en 1971. Soy licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. Trabajo como periodista en Televisión Española. También he trabajado como guionista en diferentes series de televisión (Cuatro, Canal +, Telecinco). Asimismo, soy autora del libro Cómo crear una serie de televisión (T&B Editores, 2007) y de la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento).

En 2010 dirigí un corto, Terapia, que fue nominado a los Premios Goya.

“Crímenes” de Carles Porta

Las que me conocéis sabéis que me encanta el género negro, la novela policiaca, las películas thriller y ese género en sí mismo que es el True Crime. Pues bien, os quiero contar en este post mi último descubrimiento: “Crímenes” del periodista Carles Porta. “La vida son detalles y sin ellos sólo tienes titulares”, dice. Creo que ha innovado en el género por varias razones que analizaré a continuación. “Crímenes” de Carles Porta.

Orígenes

Descubrí a Porta en su podcast de Audible “¿Por qué matamos?”. Recreaba los crímenes más mediáticos y crueles de la crónica negra de España: los asesinatos de Isabel Segura y Diana Quer, el caso de la asesina de Estremeras que mató a sus hijos para vengarse de su marido, el caso de El Solitario, el atracador más búscado de España, que durante 14 años mantuvo en jaque a la Guardia Civil.

Me enganché al podcast por su rigor,sus nuevas técnicas narrativas, y también su perspectiva sociológica y psicológica infrecuente en el género. La voz profunda, hermosa de Porta hizo el resto.

“¿Por qué matamos?” había sido un éxito en Cataluña donde Carles Porta es muy conocido y pronto se convirtió en uno de los podcasts más escuchados en la plataforma de Audible. Cuando mi chico me dijo que se había hecho una serie documental para Movistar +, en realidad se había estrenado primero en TV3, dudé. Lo que funciona en la radio no siempre funciona en la televisión y viceversa.

Pero al ver el caso de “La Guardia Urbana de Barcelona”, flipé. No sólo estaba bien hecho, sino que gracias a la colaboración de la policía teníamos acceso a las imágenes, mensajes de audio, localización de los móviles durante el crimen de los implicados en el crimen, y junto a una excelente factura audiovisual de drones sobrevolando y filmando imágenes de edificios, noches y carreteras, y un sentido cinematográfico que va más allá de las limitaciones de la realización habituales del género, hacían el milagro: te enganchaban a la historia. Había algo hipnótico en la narración.

La serie documental ya se había estrenado en TV3, y había logrado atraer a la audiencia. Vamos a reflexionar sobre los motivos del triunfo del formato y el por qué resulta diferente a otros del mismo género.

El periodista Carles Porta se ha especializado en nuestra crónica negra.

Crimen de la Guardia Urbana

El crimen de la Guardia Urbana de Barcelona ha sido uno de los más mediáticos de la historia negra de España. La tarde del 4 de mayo de 2017, un ciclista encuentra un coche quemado en uno de los caminos del pantano de Foix. Los mossos se acercan al lugar, y en maletero del vehículo, descubren los restos del cadáver carbonizado de una persona.

Pedro Rodríguez y Rosa Peral en tiempos más felices.

Gracias a la matrícula, los mossos pueden averiguar que el coche pertenece a Pedro Rodríguez, un agente de la Guardia Urbana de Barcelona. Oficiamente, no hay denuncia por desaparición pero desde hace dos días falta de su casa y nadie lo ha visto.

En la investigación policial se descubrirá que están implicados en el asesinato, la novia de Pedro, Rosa Peral, con la que convivía junto a las dos hijas de Rosa de su primer matrimonio, y Albert, otro agente de la Guardia Urbana de Barcelona, con el que Rosa había mantenido una relación sentimental en el pasado.

Innovaciones

Sin duda lo que sorprende de “Crímenes” es que la historia se narre con la boca de los dos protagonistas, Rosa y Albert, a través de los mensajes de audio y fotos de sus móviles, (hay muchísimos) y sus publicaciones en redes sociales. Luego son claves la colaboración de la policía y el fiscal del caso, que estructura muy bien la narración del caso en entrevistas mirando a cámara -no suele ser lo habitual-siempre con el mismo fondo, una pared gris deslavazada. Además el estilo narrativo, con el uso y abuso del dron imita la narrativa norteamericana del género, y al recrear las escenas del crimen dentro de la casa de Rosa Peral (esa bombilla bamboleante, esas escaleras y sótanos oscuros) son más cine que documental o reportaje periodístico.

Una crítica

Cuando acabé de ver los cuatro episodios de la primera tempora a de “Crímenes”, tuve la sensación de que sobraba, al menos, un episodio. Que algunas cosas se repetían o se alargaban inncesariamente. Pero aún así me tragué “Crímenes”en dos sentadas y funcionó. Sin duda.

¿Y tú? ¿Lo has visto? ¿Qué opinas? Acompañame en este viaje por los contenidos más interesantes en cuanto a series y documentales de la televisión.

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“Crímenes” de Carles Porta.

“Los asesinatos de Cheshire”: el documental que es un nuevo “A sangre fría”

La pesadilla de cualquier familia se hace realidad en Cheshire (Connecticut) en 2007. Dos criminales asaltan a plena luz del día a la familia Petit, un padre, sus dos hijas, y su mujer. Un documental que investiga la vida de los asesinos. El documental investiga la vida de los asesinos

Hayes y Jamarkovsky golpean con un bate al padre de la familia, al que dejan malherido en el sótano del chalet, y luego violan y asesinan a sus dos hijas y su mujer quemando la casa después. Este horrible crimen es núcleo del documental de HBO “Los asesinatos de Cheshire” que en realidad gira hacia tres subtramas importantes: las vidas de los asesinos, la negligencia de la policía que busca tapar lo que pasó, y la pena de muerte. El documental que investiga la vida de los asesinos.

William Petit con su cuñada.
Los asesinos.
Tras cometer los crímenes, los asesinos
incendiaron la casa de los Petit.

Obviamente, este documental no se sostiene si se quiere contar únicamente el triple asesinato, por muy horroroso que sea. Ni la defensa ni la acusación del caso niegan que el asalto a la casa de la familia Petit, y el asesinato de la madre y sus dos hijas es deleznable y horrible. Lo que busca la historia es encontrar giros y tramas más allá de los asesinatos en sí al estilo que lo que hizo el escritor y periodista Truman Capote en su inmortal libro “A sangre fría”.

La vida de los asesinos

El documental investiga la vida de los asesinos. Profundizamos en sus infancias, y adolescencias. Se entrevista a la hija de uno de ellos, a la novia del otro.

Steven Hayes, de 47 años, tenía un largo historial de abuso de sustancias y problemas disciplinarios en la cárcel. Ya había intentado rehabilitarse una vez, pero las buenas intenciones acabaron en nada cuando Hayes descubrió el crack. Su adicción le involucró en una ola de robos de 11 días, interrumpida periódicamente por atracones de crack.

El socio literal de Hayes en el crimen, Joshua Komisarjevsky, de 30 años, era un adicto a la metanfetamina de cristal y la cocaína que había estado enganchado a sus drogas preferidas desde los 19 años. Irrumpió en casas de lujo y robó todo lo que pudo conseguir para mantener su consumo.

Al mismo tiempo, se sigue la recuperación del padre de la familia Petit, único superviviente de los crímenes de Cheshire.

Lo incomprensible del caso es la mala praxis de la policía. Durante media hora, mientras se cometen las violaciones y los asesinatos, la policía está fuera, en el exterior de la casa. Sin embargo no se atreven a entrar. No hacen nada.

Parece una trama de la serie “The Wire” pero es la vida real.

La policía está allí pero no hace nada.

El documental es aterrador porque escenifica la peor pesadilla de cualquier familia.

Inocencia perdida

Tenemos la idea de que nuestro hogar es un lugar seguro, pero este documental derriba este mito y nos dice que la seguridad es solo una ilusión.

Puedes ver “Los asesinatos de Cheshire” en HBO.

El documental que investiga la vida de los asesinos.

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“El Estado contra Pablo Ibar”: una duda razonable

A veces pienso cómo le habría ido la vida a Pablo Ibar si se hubiera criado en España en vez de Estados Unidos. Lo que sí se es que no habría acabado en el corredor de la muerte. La imagen que se me clava en el alma durante el documental “El Estado contra Pablo Ibar” es la cara doliente de su padre, que lleva sobre sus hombros todo el sufrimiento del mundo, sus ojos, cuando condenan a su hijo a muerte permanece dentro de mi. Cándido, un pelotari vasco que fue al Nuevo Mundo a hacer fortuna y acabó con su hijo mayor, Pablo, en el corredor de la muerte. Una duda razonable.

Lo que te deja claro el documental es un puñado de dudas razonables sobre si Pablo fue el asesino de tres personas a mediados de la década de los 90 y también que Pablo no tuvo un primer juicio justo. Pero le condenaron a muerte.

Hay un espanto en comprobar cómo cambia la cara de Pablo tras treinta años en la cárcel, cómo el tiempo moldea y da gravedad a los rasgos juveniles de su rostro. Hay oscuridad ardiente, encerramiento, limitación absoluta, toneladas de soledad, y disciplina mental y física para no volverse loco, hay también amor y apoyo de los suyos, sin los que no hubiera sobrevivido, según él mismo confiesa.

A Seth Peñalver, el compañero tambien condenado a muerte junto a Pablo, lo absuelven en un segundo juicio. El primer juicio a Pablo Ibar es rápido y chapucero, lleno de equivocaciones y errores, el abogado de Pablo hace un defensa nefasta de su cliente. La Fiscalía busca una condena rápida con Pablo Ibar y la consigue: condena a muerte.

Pablo ha contado en una carta cómo es la vida diaria en el corredor de la muerte. Empieza antes del amanecer con un grito “Chow time” y a través de la bandeja, le sirven su rancho. Se guarda una parte para por la noche, cuando le entra el hambre. Le dejan salir un par de horas cada dos semanas. Pablo trabaja en su caso y hace ejercicio físico. Responde a las cartas de los que le apoyan fuera de los muros de la cárcel. Cuando le permiten salir de su celda, esas escasas horas al aire libre, juega al baloncesto, su deporte favorito. Ha comprado una radio en prisión y la música le salva la vida.

¿Es culpable o inocente? El documental no te lo deja claro como todos los buenos documentales. El final es tuyo. Yo tengo una duda razonable de que sea culpable. Por tanto creo que Pablo Ibar debería salir de la cárcel. Hay demasiadas irregularidades en el caso Ibar como para mantener encerrado a un hombre, que se ha pasado 30 años dentro de prisión, la mayoría de ellos en el corredor de la muerte.

Quien le iba a decir a Cándido Ibar cuando arribó a Miami, a Estados Unidos, con mil millones de ilusiones, y mujer y dos hijos pequeños, que su sueño de una vida mejor acabaría envenenado en el pozo del torcido destino, el mal azar.

Joe Nascimento abogado de Pablo, está increíble, hay qué ver cómo se implica, cómo lucha por su cliente, cómo consuela con su serenidad legal a Pablo Ibar y a su familia, cómo participa en sus comidas familiares y se muestra amable con Cándido, Tania, la mujer de Pablo, y el propio preso, calmando los ánimos.

Pablo Ibar, esposado, con el abogado encargado de su apelación, Joe Nascimento, al fondo.

Pero, al principio, Pablo Ibar tuvo a otro abogado, el desastroso Kayo Morgan, quien era para echarle de comer aparte.

Dos años antes de que en 1994 se cometiera el triple asesinato que llevaría al español Pablo Ibar a la cárcel durante 24 años16 de ellos en el corredor de la muerte, se celebraba en Fort Lauderdale, cerca de Miami, un juicio insólito. Un abogado acusado de desacato se presentaba ante el tribunal acompañado de Smooch, un mono diabético en pañales. Durante los interrogatorios, el simio permaneció sobre los hombros de su dueño, para deleite del jurado y del propio magistrado que, no obstante, acabó mandando al letrado al calabozo.

Cuando en el año 2000, se celebró el segundo juicio contra Pablo Ibar, Morgan se había enganchado a opiáceos para aliviar sus dolores. El abogado fue incapaz de encontrar a un experto en reconocimiento facial para impugnar la principal prueba de la Fiscalía: unas imágenes de la cámara de vídeo que tenía oculta una de las víctimas en el salón de la casa.

Volvamos a la casilla de salida de esta historia. El 26 de junio de 1994, el domingo en el que la vida de Pablo iba a cambiar para siempre, dos hombres entran en la casa de Casimir Sucharski, dueño de un célebre club nocturno de Miami: El Casey’s Nickelodeon. Este hombre de 48 años estaba acompañado de Marie Rogers y Sharon Anderson, dos modelos de 24 años, a las que aquel sábado no les apetecía salir pero que al final decidieron disfrutar de una noche de fiesta que acabó en tragedia.

Los dos asaltantes se cuelan por la puerta del jardín y golpean y asesinan a tiros al hombre y a sus acompañantes con la intención de robar. Una cámara oculta en la estancia graba la brutal escena e incluso filma el rostro de uno de los asesinos, cuando éste se quita la camiseta con la que se tapaba la cara. Por desgracia, la calidad de la imagen no es alta. La cámara no es de seguridad profesional, sino una para aficionados de la época que su dueño solía emplear para grabar encuentros sexuales a escondidas.

¿Es Pablo Ibar el chico que aparece en la imagen?

Puedes ver “El Estado contra Pablo Ibar” en HBO.

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“Amor en el espectro autista”: los últimos románticos de la Tierra

Estoy enganchadísima a la serie documental de Netflix, “Love on the Spectrum”. La serie trata de varios chicos y chicas, con autismo, que están solteros y buscan el amor. Este tipo de programas de citas, con gente ‘normal’, me dan ganas de vomitar. Sin embargo, en este caso, aflora mi romanticismo por la empatía, ternura, candidez e inocencia que destilan cada uno de sus protagonistas, que hablan de sus sentimientos y expectativas sin filtro, sin malicia, sin cinismo. Es el amor de los chicos autistas.

Los chicos autistas traspasan la última frontera del amor, vulneran la barrera del amor que se muestra desnudo e ingenuo, que hace gala de su romanticismo profundo, sin complejos. Pese a todas las dificultades, barreras, prejuicios, tabúes, estereotipos y clichés que tienen que soportar los protagonistas, al final ver “Love on the Spectrum” es una auténtica delicia e implica recuperar el romanticismo perdido.

La serie de Netflix se basa absolutamente en las personas que la protagonizan. De todos los chicos que están en el espectro autista, mi favorito por su honestidad y sentido del humor es Michael.

El amor de los chicos autistas

Michael es un chico de 26 años, quien aún vive con sus padres, le gusta ver la tele, y es budista. Es un tío gracioso, y lleno de candor, que te dice lo primero que se le pasa por la cabeza, y te ríes y conmueves con su ingenua amabilidad y claridad mental para expresar lo que quiere.

Michael es dulce y respetuoso. Está chapado a la antigua. y le gusta vestir de traje.

Michael dice que tener 26 años y aún vivir en casa de sus padres es un asco. Si quiere tener novia, tiene que irse a vivir solo y contar con casa propia. Cuando el periodista le pregunta cómo se siente, porque Michael va a ir un bar de citas rápidas con chicas normales, (y también alguna autista) con su historial de mala suerte en el amor, el joven confiesa que se siente como un muñeco abandonado en el armario, con el que ningún niño quiere jugar, como Woody en “Toy Story”, mientras ve cómo otros juguetes se lo pasan pipa.

Michael quiere tener novia, quiere formar una familia, y dice que se sentirá un fracasado si no lo consigue. Michael lleva el corazón fuera del pecho. Es genial. Es

Michael con su chica, Heather, quien también es autista.
Una de las parejas se compromete y se casa.

Las secuencias relativas al evento de citas rápidas en el que participa Michael son descacharrantes. Las conversaciones de Michael, sus esfuerzos por conectar con las chicas, sus caras y salidas son cómicas y tiernas.

Lo más sorprendente en “Love on the Spectrum” es que todos los participantes quieren enamorarse de verdad y ser correspondidos en el amor al contrario de muchos realitys de citas normales en la que los protagonistas quieren lucir abdominales, culos, tetas, conseguir un hueco en el “Sálvame” de turno, conseguir a un agente, subir de seguidores en Instagram y hacer bolos por discotecas de media España.

No, no es así. El amor aún tiene sentido para estos chicos y chicas autistas. No lo han ensuciado. No lo han corrompido. Su vulnerabilidad y sinceridad me conmueven.

Netflix acaba de estrenar la segunda temporada. Estoy de celebración gozosa porque me lo paso bomba con Michael y su sinceridad friki, su gusto por los trajes y por bailar el vals, por llevar un regalo que cree que le gustará a su chica, y por su delicadez de caballero decimonónico, por su humor. Michael dice que, aunque le ha elegido Heather, una chica autista, hubiera preferido hacer pareja con Taylor, una chica rubia tipo californiana buenorra. Su madre le dice que no se lo diga a Heather mientras se parte de risa.

Además Michael tiene inquietudes espirituales: es budista, y hace meditación. ¿Qué chico protagonista en un programa de citas es espiritual? Me meo.

Cuando Michael sale con Heather y la lleva a una estupa budista, confiesa sentirse muy ilusionado, y antes durante la cena en un restaurante agradable, muestra su increíble delicadeza, su acendrado romanticismo combinado con una franqueza poco común en otros especímenes masculinos.

Los protagonistas de “Love on the Spectrum” tienen TEA, pero cada uno en un grado diferente, poseyendo distintas personalidades. En la serie documental, destaca su individualidad, su diferenciación como personas humanas únicas. Algunos de los protagonistas son bisexuales pero el tema se trata con absoluta normalidad, sin darle ninguna importancia. En cualquier otro reality de citas le habrían dado el amarillismo correspondiente, buscando sacar tajada a cualquier precio.

Otro protagonista que me chifla de “Love on the Spectrum” es Ronan, un chico autista, muy dotado para la música, que toca la tuba en una orquesta, y le gustan tanto las carreras de coches que trabaja como voluntario en un circuito automovilístico australiano.

Australia nunca ha salido tan bonita, Sidney jamás me ha parecido tan mágica, con su bahía refulgente, sus puentes iluminados en la oscuridad, y sus altos rascacielos plateados bajo la luz de la luna.

Una maravilla.

Puedes ver las dos temporadas de “Love on the Spectrum” en Netflix.

El amor de los chicos autistas.

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El miedo y la euforia. “Una ola de 30 metros”

En el episodio 6 de “Una ola de 30 metros”, se rompen las barreras y llegamos al surf místico, según dice Rodrigo Koxa, ese que te hace estar cerca de Dios. Garret se pone de nuevo un traje de neopreno y descubre que puede cabalgar de nuevo una ola gigante en Nazaré aunque sólo sea una vez más. Los surfistas hablan del significado, de la importancia de mantenerse presentes cuando pillan una ola, explican la necesidad de no pensar ni en el pasado ni en el futuro, dicen cómo estar en el momento, cerca de una sensación de euforia. Por eso vuelven a por más, una y otra vez. Pero tras el accidente de Alex en Nazaré, los surfistas también hablan del miedo, del terror que sienten, de lo aterrador que sería permanecer inconscientes bajo el agua, sin nadie que les ayude, y hasta qué punto practicar este tipo de surf tan extremo vale arriesgar su vida. El miedo y la euforia en una ola de 30 metros.

También han pasado diez años desde que McNamara logró el récord mundial a la ola gigante jamás surfeada en Nazaré y él ya no es el mismo.

La mala suerte de Andrew Cotton

En “Una ola de 30 metros”, pocos personajes resultan tan simpáticos y cercanos como el surfista Andrew Cotton aka Cotty. El inglés es un hombre sencillo hecho a si mismo, que empieza desde abajo, en el surf, cuando está en el colegio. Como dice Garret, Cotton está súper hambriento de surfear grandes olas, y eso importa, vaya si importa. Cotton deja su trabajo como fontanero en Inglaterra, viene de familia obrera -no es como otros surfistas guays de Hawai- y se ha hecho un hueco en el mundo del surf extremo como padre de familia, sin casi dinero, y sin creerselo demasiado. Nunca pensó que el surf le iba a pagar las facturas, para él, de joven, era un hobby. Pero como Cotty cuenta en el documental: no quería ser ese tío que a los 60, 70, años dice: “podría haberlo hecho si sólo…”

Sin embargo, como he contado en este blog, mientras surfea en Playa Norte en Nazaré, sufre un revolcón de una ola de 50 pies y se lesiona la espalda gravemente. Eso le provoca dolor, miedo, bajón y la angustia de si volverá a caminar y un largo tiempo de recuperación.

Pero Cotty vuelve a surfear en Nazaré, esta vez, él sobre la tabla y Garret conduciendo la moto acuática. Forman un buen equipo Garret y Cotty, y sus andanzas dotan de encanto lo que queda de la serie documental.

Andrew Cotton empezó a surfear a los siete años en las costas de Devon, Inglaterra. Desde entonces el surf ha sido su vocación.
Cuando Cotty dejó el instituto, trabajó en una fábrica de tablas de surf hasta los 25 años. Fue quien remolcó al surfista Garret McNamara durante el récord de la ola más grande jamas surfeada en Nazaré en 2012. Años más tarde, Garret le paso el testigo .

Llegamos a un punto en “Una ola de 30 metros” en el que notamos la frustración de Andrew Cotton. Es imposible no empatizar con su decepción, con su sensación de mala suerte. Los periodistas lo llaman y todos le preguntan por su lesión de espalda, por lo jodido que ha estado, no por ninguna ola que haya cogido en Nazaré.

Durante el “Nazaré Challenge”, todos los fotógrafos y filmmakers están con sus cámaras captando el accidente de Alex, al que da un terrible revolcón una ola monstruosa, y en ese momento Cotty está cabalgando una ola gigante, de récord, pero nadie lo graba, nadie capta en imágenes su hazaña porque ¡mala suerte! todas las cámaras apuntan al momento del accidente, lógico. Por lo tanto, el logro de Cotty no existe, se queda en agua de borrajas.

En marzo de 2020, llega el coronavirus, el mundo se confina. Garret y Cotty paran y se dedican a sus familias mientras surfean olitas por diversión. The end.

Cotty ha tenido que trabajar duro y ahorrar dinero para dedicarse también a cazar grandes olas. Es padre de familia y está casado con Katie, su novia de toda la vida.

Puedes ver “Una ola de 30 metros” en HBO.

La estructura de una serie documental: “Una ola de 30 metros”

La serie documental “Una ola de 30 metros” ha encontrado una estructura adecuada para arrastrarnos como una ola gigante de Nazaré desde el capítulo 1 al 6, sin perder el interés en ningún momento. El hilo conductor de la historia, el protagonista en torno al que giran los demás personajes, es Garret McNamara. Afortunadamente la personalidad y la vida de McNamara da suficiente juego como para sostener la estructura de la historia a lo largo de seis capítulos de una hora. Logro nada fácil de conseguir. La narración desde una ola de 30 metros.

La estructura está muy clara: presentación, nudo y desenlace, con sus puntos de giro correspondientes, y sostiene, con fuerza, la historia que se alarga y culmina en el emocionante capítulo final en el que Garret y Cotton se confinan, con sus familias, debido al coronavirus. “All passion spent”.

En el primer episodio, Garret se presenta como un explorador del océano que se encuentra más a gusto en el mar que en tierra. Unas voces en off de presentadores de televisión superpuestas a una imágenes familiares de Garret con sus hijos y su mujer en Hawai, nos informan sobre el récord mundial del Garret en Nazaré y nos dan un apresurado perfil de quien es nuestro protagonista.

Garret McNamara es un hombre de equipo y, a la vez, va por libre. El norteamericano descubre Nazaré como lugar para surfear grandes olas en el Cañón Norte y recibe el apoyo de muchos lugareños, quienes confían en él para dar a conocer su localidad.
Nicole, la segunda mujer de Garret, madre de sus dos últimos hijos y mente práctica y organizadora del proyecto surfero en común. Nicole también es surfista.

Urge una presentación del surf extremo. Aprendemos que, al principio, los surfistas se impulsaban con sus brazos tumbados sobre sus tablas para surfear olas más grandes. Huelga decir que las olas estaban masificadas y casi no había espacio para cabalgarlas, pero como cuando Edison creó la bombilla e iluminó el mundo, a alguien se le ocurre una idea genial para montar olas gigantes: utilizar primero zodiacs y más tarde motos acuáticas con una plataforma trasera, para remolcar mar adentro a los surfistas y rescatarlos después. ¡Eureka! Esa técnica lo cambia todo ya que los deportistas pueden alejarse de la orilla y coger olas mucho más grandes que si se propulsasen sólo con sus brazos.

Garret surfea en Hawai, México, California. Allí están las mejores playas para practicar ese tipo de surf.

Nazaré, la tierra de las olas

La historia da un giro de 180 grados cuando un funcionario del ayuntamiento de Nazaré, quien desde niño había observado las olas mastodónticas que se formaban en Playa Norte desde lo alto del acantilado, junto al faro, decide escribir un e mail a Garret McNamara con una foto que hace desde lo alto, mostrándole las olas gigantes vírgenes para el surf que hay en Nazaré.

La revolución.

Es Nicole quien se fija en este e mail, investiga junto a Garret las corrientes que hay en Nazaré y anima a su marido a viajar juntos a ver qué tal.

Esa decisión lo cambia todo. Presentación del lugar: Nazaré. Resulta que en este pueblo portugués se produce un curioso fenómeno geológico que da lugar a ese oleaje tan alucinante: hay una potente corriente submarina de una increíble potencia que pasa por el llamado Cañón Norte, que al final se comprime y fuerza, al emerger a la superficie, tan mastodónticas olas.

Garret y compañía

Como corresponde a un buen capítulo primero, toca la presentación del equipo que acompaña a Garret McNamara en su aventura portuguesa a lomos del oéano Atlántico. Conocemos a los personajes secundarios: C.J., hermano de Nicole, que es jugador de voleyball en Guadalajara, España, quien conduce la moto acuática en Nazaré, sufriendo un gran estrés porque él no es ningún experto y su cuñado es intensito, a Andrew Cotton, el fontanero surfero que sustituye a C.J. como piloto de la moto, al clan portugués que apoya a Garret, la gente del Ayuntamiento, los voluntarios, Celeste, la cocinera del restaurante donde almuerza todo el equipo, y Nicole, mujer de Garret y ojeadora desde lo alto del acantilado, cuya función se revela clave en el ejercicio de surf extremo de McNamara.

Puedes ver “Una ola de 30 metros” en HBO.