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Dos posturas enfrentadas para una misma historia: “Elize Matsunaga”

hay dos posturas enfrentadas

En la serie documental, “Elize Matsunaga”, llega el momento del juicio a la viuda, Elize, por el asesinato de su marido Marcos. Hay dos posturas enfrentadas que, en realidad, se corresponden con dos versiones de una misma historia sobre lo que pasó y como espectadores tendremos que elegir sobre el punto de vista que nos creemos.

Si te crees a la acusación (fiscal y el abogado de la familia Matsunaga) se trata de un crimen premeditado, motivado por el ansia de venganza y dinero que tenía la acusada, quien efectuó el disparo a quemarropa cuando su marido, Marcos, volvía de comprar una pizza para cenar, sin darle ninguna oportunidad de defenderse. La otra versión corresponde a la defensa de Elize Matsunaga: se trata de un crimen pasional, Marcos insultó y abofeteó a su esposa y ésta, impelida por una arrebato, no aguantó más las humillaciones y le disparó cuando se acercaba a ella y se encontraba a dos metros, poseída por la rabia y por el miedo a una agresión de Marcos.

Elize trabajó de prostituta de lujo y así conoció a Marcos. Todos sus trapos sucios salen en el juicio deformados por un machismo rampante.

En realidad, como espectadora, tienes que elegir entre creer que Elize fue una víctima, maltratada psicológicamente por su tóxico marido, Marcos, (la versión de la defensa) o que es una asesina fría y despiadada que planeó el asesinato, con premeditación, para quedarse con la mitad de los bienes de Marcos, que en el momento de su asesinato acababa de vender el imperio familiar: la marca de alimentación Yoki, por un pastizal, también con el objetivo de quedarse con la custodia de su hija pequeña y de paso vengarse de su infiel esposo.

Los abogados de Elize. El hombre fue profesor suyo en la Facultad de Derecho de Sao Paulo.
Marcos y Elize durante tiempos más felices. Su historia de amor acabó en tragedia.

Esa estructura no deja de ser un final abierto porque aunque tú sabes que Elize lo hizo, al final tienes que decidir si asesinó a su marido en un contexto humano de angustia psicológica o si lo hizo con premeditación para quedarse con el dinero.

Puedes ver “Elize Matsunaga” en Netflix.

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Dos posturas enfrentadas para una misma historia: “Elize Matsunaga”.

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El lado oscuro de surfear grandes olas. El documental “Una ola de 30 metros”

Una serie documental, con episodios de casi un hora, como “Una ola de 30 metros” de HBO, necesita contar más que la historia, vida y milagros surfistas y familiares del surfer de grandes olas, Garret McNamara. Los guionistas abren el espectro de personajes y conocemos a Cotty, a Maya, la surfista brasileña que está a punto de ahogarse en Nazaré, a Carlos, y sobre todo al místico de las olas: Rodrigo Koxa, oh surfear es vivir una experiencia que te acerca a Dios, que supera el récord Guinness de la ola más grandes jamás surfeada por McNamara. Morir en busca de la ola.

Las olas te arrastran y te pueden causar lesiones importantes, incluso la muerte.

El lado oscuro

Obviamente, para construir una serie documental como “Una ola de 30 metros” no puedes contar sólo los momentos brillantes del surf de grandes olas, las glorias deportivos, lo guay que es Nazaré y lo tío enrollado que es McNamara. Eso no se sostiene a nivel de guion, por muchos planos espectaculares que tengas.

En el episodio 4, la serie documental da un giro de guion para contarnos el lado oscuro de surfear grandes olas hasta el punto de que Garret, Cotty, y otros surferos se pregunten: ¿realmente hacer esto vale la pena?

Se nos narran las heridas, lesiones, y experiencias cercanas a la muerte de Garret y compañía, se nos cuenta el dolor, la depresión, la inconsciencia, las graves heridas en la espalda, el nervio ciático, la cabeza de los protagonistas. Se nos habla de su estrés postraumático después de ser arrastrados por una ola gigante y haber estado a punto de ahogarse, se nos relata el trauma y la depresión, el terror que sienten, los días inmovilizados en la cama, el miedo a morir, los que tienen familia, el miedo a no poder a volver surfear, los más locos. Ahí, en ese punto, es donde cobra profundidad la serie documental “Una ola de 30 metros”.

Nazaré se descubre como pueblo surfero por excelencia gracias a Garret McNamara.

Todo empieza, en Nazaré, cuando Maya, una surfista brasileña, está a punto de ahogarse cuando una ola gigante la sepulta. Se produce una reacción de cero empatía en sus colegas masculinos, ah, que se quite de ahí, esto es demasiado peligroso para una mujer. Como dice Maya frente a la cámara:

-Me gustaría que hubiesen dicho mis compañeros: ponte bien y recupérate pronto.

Garret se apunta al torneo Mavericks en California, y una gran ola lo machaca, y le fractura el hombro: dolor, y ganas de suicidarse, depresión, problemas matrimoniales y la posibilidad de no volver a surfear en la vida.

Pero él quiere volver a Nazaré. Además, está el tema económico, implícito en el documental, porque toda la familia de Garret vive de eso. Los surfistas viven de los patrocinadores y para eso deben conseguir resultados. La máquina no se puede parar o no entra el dinero. No es sólo la pasión por el surf, es también un trabajo.

La cara oscura de su personalidad

De repente en “Una ola de 30 metros” muestra la sombra, la cara oscura de la personalidad de McNamara: su terquedad y su temeridad, su locura, sus bajones y subidones, cómo no puede parar ni descansar, tiene que ir a surfear en Indonesia, dónde se está recuperando de su accidente y pasando unas vacaciones con su familia.Como dice Nicole, su mujer, no sería Garret sino se largara a surfear a G. land donde se rodó “El verano interminable 2”, donde Garret se hace una herida en la cabeza y se rompe el pie.

Además Garret, de vuelta a Nazaré donde le operan el pie, como no le operen, no volverá a andar, le dice su médico, se siente presionado para volver a surfear olas gigantes del Atlántico. La gente le para por la calle, y se hace selfies con él, el alcalde está encantado de que Nazaré sea visible ahora en el mapa, y los patrocinadores quieren nuevas gestas deportivas.

Esas broncas matrimoniales, esos momentos de miedo y dolor, vulnerabilidad de Garret McNamara son los mejores instantes de la serie documental. Porque, en ese momento, es cuando conectamos con Garret McNamara como ser humano, hecho del mismo barro que nosotros.

Lo más interesante de “Una ola de 30 metros” no es cuando Garret McNamara consigue el récord mundial al surfear una ola de 30 metros. Lo más interesante es lo que pasa después.

Puedes ver “Una ola de 30 metros” en HBO.

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Una ola de 30 metros o cómo surfear con Garret McNamara

La ola de 30 metros en Nazaré. Ese día, Garret estaba agotado y no tenía ganas de surfear.

Estoy enganchada al documental Una ola de 30 metros sobre los surfistas de olas grandes en el mundo. Lo veo mientras hago bici en el gimnasio, en vez de ver un vídeo de Spinning en Suiza muy bonito de YouTube pero que ya me he tragado cien veces y me empezaba a saturar, cabalgo las olas de Nazaré, Portugal, lugar que también me ilusiona para ir algún verano de vacaciones. Pero lo mejor del documental, no son las olas, ni Hawai, ni California, ni Nazaré. Lo mejor es Garret McNamara.

Garret McNamara practica surf extremo.
Si la ola cae encima tuya, salir a respirar no es nada fácil porque te absorbe. Es como tener un accidente de coche. Pierdes el control.

Lo que me engancha no es Nazaré, ni olas de 30 metros, ni la cantidad de material audiovisual que hay por tierra, mar y aire. Lo mejor de La ola de treinta es un tío que se llama Guerrat McNamara y la poderosa personalidad que posee, loco, friki, pura adrenalina, pero también un surfista al que le gusta enseñar a los conductores de motos acuáticas que le remolcan hasta la ola, y luego le rescatan, y como dice Cotty, un surfista irlandés que trabajaba de fontanero y que se convierte en uno de los conductores de sus motos acuáticas: “A Garret no le importa de dónde vengas”. Garret no busca súper élite. Sólo un equipo con el comparta buena energía y con el que se entienda.

Miedo a morir

El documental no sólo habla de la gloria, también habla del miedo, del terror incluso, como el momentazo en el que Garret surfea en las olas que provocan grandes trozos de hielo que se desprenden de un glaciar y el miedo le paraliza y no quiere surfear porque Garret tiene familia, mujer y dos hijos, una vida bonita, y su locura por el surf extremo a veces no se puede entender. Como él dice de sí mismo “La gente dice que no estoy en mis cabales y que estoy loco”.

Trailer de Una ola de 30 metros.

Surf extremo

En esta serie documental, aprendemos mucho del surf extremo, de lo que supone que te remolquen las motos acuáticas para poder coger la ola porque no puedes impulsarte tú con los brazos acostado sobre la tabla, de la sensación de surfear una ola de 30 metros, como si cayeras de un edificio pero, al mismo tiempo, con el edificio derrumbándose encima tuya, de evitar catástrofes por los pelos porque las grandes olas te absorben, no te expulsan, y puedes morir ahogado, de cómo medir olas, de Nazaré, y su entorno privilegiado para surfear grandes olas, pero también extremadamente peligroso, con un acantilado que hace de barrera a las olas y el océano Atlántico, desplegando todo su esplendor y majestuosidad.

Garret McNamara, con su mujer Nicole, y sus dos hijos.
Las grandes olas pueden matarte.

También descubrimos un estilo de vida nómada y autosuficiente, una vida dedicada a surfear, atisbamos lo bonito, pero también la otra cara de la moneda. Nicole, la mujer de Garret, también surfista, es el equilibrio, y Garret es la locura y el riesgo. Los dos surfistas irlandeses son unos tíos simpáticos que aman el surf y trabajan de lo que pueden para costearse sus viajes y su pasión por este deporte.

Hay mucho mar, mucha playa, mucha vida familiar y planificación de lo que supone cazar grandes olas, pero también hay momentos cocinillas entrañables como cuando todo el equipo come en un restaurante casero de Nazaré, y vemos como devoran grandes fuentes de pescado al grill, patatas, judías verdes, arroz con pulpo, y bacalao a la dorada, el momento tierno cuando sale la cocinera de la cocina y Garret la abraza. Y entonces te da ganas de ser amiga de McNamara y sobre todo conocerlo mejor.

Puedes ver “Una ola de 30 metros” en HBO.