Category Archives: guion de cine

“Aguas oscuras”: paletos, poderosos, injusticia e infancia

Aguas oscuras el mal está en el agua

“Aguas oscuras” (que puedes ver en RTVE Play gratuitamente) es un drama legal clásico que, sin embargo consigue evitar los más manidos estereotipos del género. La película tiene varias claves que hacen que funcione y me atrape en una noche de insomnio de domingo: una impresionante interpretación de Mark Ruffalo, que encarna al abogado sureño de orígenes pobretones, Rob Billot, un guión sólido y un clasicismo y estilo sobrio a la hora de narrar de Todd Haynes, un director que me encanta. Sí, es una historia de paletos, poderosos, injusticia e infancia. Aguas oscuras el mal está en el agua. El abogado arrogante de la multinacional Dupont que fabrica teflón le grita a Rob en una cena:

-¡Vete a tomar por culo, paleto!

En efecto, Rob es ‘basura blanca’, un niño que nació en West Virginia y de milagro fue a la Universidad y se hizo abogado.

El argumento te pone los pelos de punta: “Aguas oscuras” está inspirada en una impactante historia real. Un tenaz abogado (Mark Ruffalo) descubre el oscuro secreto que conecta un número creciente de muertes y enfermedades con una de las corporaciones más grandes del mundo. En el proceso arriesga su futuro, su trabajo y hasta su propia familia para sacar a la luz la verdad

Aviso a navegantes: los créditos finales te dejan sin ganas de volver a beber agua del grifo.

El guion de “Aguas oscuras” sigue los 12 pasos clásicos del viaje del héroe: invitación a la aventura, el héroe dice no a la aventura, algo pasa que le hace cambiar de idea, primeros intentos fallidos, trabaja para mejorar, crisis, punto medio, avances, punto crítico cercano a la muerte psicológica o física del héroe, se rehace y se llega a la resolución del conflicto.

Lo que me ha gustado mucho de “Aguas oscuras” es su tono realista, y su final realista y un tanto melancólico como la vida adulta de verdad.

La película tiene antológicos precedentes en films como “Erin Brockowich” y “Civil Action”, pero, lo que cuenta al final no es triunfalista, sino realista, y tanto su conflicto como su resolución te deja una punzada amarga en el alma.

La historia enhebra tragedias humanas. Y las tragedias recaen en los de siempre: los desherados de esta tierra, los mansos de corazón.

La película escapa a los tópicos más grastados gracias a Dios, Tim Robbins como jefe del bufete Tuffs no es el típico gilipollas arrogante que es muy malo muy malo sino que, tras negarse primero a que Rob coja el caso de la contaminación de las aguas por la empresa Dupont en Wst Virginia, luego lo apoya aunque perjudique losintereses del bufete.

“Aguas oscuras” tiene una historia larga y complejísimas, que Todd Haynes logra contar con secillez y maestría, sin querer imponer su estilo propio sobre la naturalidad de los hechos narrados y las personas que los protagonizan.

Todd Haynes es un director que me encanta. Creo que no está suficientemente reconocido, es más, está infravalorado, cuando Haynes ha hecho películas maravillosas como “Carol” o “Lejos del cielo” (“Far from Heaven” en inglés)

Aquí renuncia a su estilo clásico, preciosista, con ese punto de galmour y modernidad que Haynes da sobre todo a la hora de ambientar década de los años 50

Sin duda no esperamos grandes sorpresas del argumento, que está basado en un caso real y en un artículo periodístico del New York Times Magazine titulado “The Lawyer Who Became DuPont’s Worst Nightmare” de Natahniel Rich.

“Aguas oscuras” es un alegato contra el capitalismo salvaje, contra su hipocresía más lacerante que, con la mano derecha nos mata y con la izquierda nos da trabajo y patrocina eventos deportivos.

Hay secundarios de lujo, Tim Robbins, Anne Hathaway, Bill Pullman, Bill Camp. Los disfrutamos uno a uno. Mientras veo a Tim Robbins en acción, uno de mis actores favoritos, camaeleónico, capaz de interpretar a un jugador de beisbolgenial al que le falta un hercvor o un abogado curtido y jefe de un bufete como Tuffs, especializado en casos económicos que defiende a las coorporaciones.

Es una película prosaica, recia, sólida y pulcra. Me gusta mucho que Todd Haynnes no quiera lucirse ern la puesta en escena de “Dark Waters” y se ciña a contar bien el caso y sacar lo mejor de esos actores de lujazo con los que cuenta.

El guion tiene reminiscencias de la historia clásica de David contra Goliath, pero, insisto, sin exageraciones triunfalistas e irreales, lo cual, profundiza su realismo periodístico.

Y es un acierto que Rob Billot no sea un experto en química como nosotros y cuando se reune en una cafetería con un químico que suele ser testigo en juicios donde se dirimen cuestiones muy especializadas en dicha materia, se muestre como un lego. Si lo comprende él, lo comprendemos nosotros.

Para los guionistas Matthew Carnahan, Mario Correa, Nathaniel Rich, los retos son tres: bajar la historia a tierra y que todos la entendemas, sin perder el interés, mantener la tensión y no aburrir a pesar de su final.

Puedes ver “Aguas oscuras” en RTVE Play , la plataforma de Televisión Española que es gratuita. Os animo a curiosearla porque hay verdaderas joyas escondidas.

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“Lakewood”: la pesadilla de cualquier madre

En medio del bosque que rodea su hogar, a kilómetros de la ciudad y abrumada por el pánico, Amy Carr (Naomi Watts) recibe una llamada terrible: las autoridades están buscando al responsable de un tiroteo que ha tenido lugar en el instituto de su hijo adolescente, Noah. Amy se niega a sucumbir a la desesperación. Con la única ayuda de su móvil, buscará todos los recursos posibles para tratar de lograr la salvación de su hijo. Pero Lakewood más un timo que una pesadilla.

Hay algo de artificioso en “Lakewood” por el uso continuo y excesivo del móvil y del fuera de campo, pero también reverera un eco realista y emocional al retratar el trauma de una generación de padres por culpa de los tiroteos que suceden en algunos institutos de Estados Unidos.

Precisamente, mientras escribo esta entrada, me entero de que se ha producido un tiroteo en el que un estudiante ha matado a 19 niños y dos adultos en una escuela de Texas. El atacante ha sido abatido por la policía.

Confieso que “Lakewood” no me gusta ni un pelo porque me da la sensación de que es una película falsa y tramposa, que juega con un tema muy sensible, al retratar la angustia de una madre con su hijo adolescente atrapado dentro de un instituto en el que un atacante tirotea a alumnos y profesores. Lakewood más un timo que una pesadilla.

No a la banalización de las tragedias.

Es la falta de realismo lo que más me molesta de la película, que transcurre como un telefilm barato que busca los fuegos artificiales, ese abusivo uso de drones de los bosques por donde está corriendo Naomi Watts, esa ayuda desinteresada del empleado del garaje a esa madre que no conoce, con la que habla por teléfono, prácticamente el chico se pone a investigar todo lo que ella le pide y eso que el chaval está en medio de un tiroteo en un Instituto (vale, en el parking, pero ¿y se escapa una bala? Cero creíble. Y aún más increíbles y falsas son las conversaciones de Naomi Watts con la policía y la mujer amable del servicio de urgencias. Creo que no es así cómo sucedería en la realidad. Cero realismo. Esas conversaciones suelen ser nefastas y desagradables. Y aquí parecen sacadas de una película de Disney.

Lo único creíble es que Uber le diga a Noami Watts que su coche está a quince minutos y luego resulta que son cuarenta y no la localiza.

Disneyficación de la tragedia

Hay un tendencia en cierto cine ‘mainstream’ americano a la “disneyficación de la tragedia”, “la disneyficación del amor”, “la disneyficación de la maternidad”, “la disneyficación de la adolescencia y sus crueldades” que se plasman en esta película, “Lakewood”, dirigida por un director que no es santo de mi devoción: Phillip Noyce.

Aquí tiene lugar la “disneyficación de los tiroteos en institutos”.

Por favor. Vale ya con tanta chorrada y tomadura de pelo.

Basta ya.

El tema es jodidamente serio.

Fuera Disney.

Estoy harta de la banalización de la vida. No, un adolescente no está profundamente deprimido, dice que no se puede levantar de la cama, y luego se levanta sin más para ir al instituto, no, no pasa, la gente desconocida no es tan maja en un situacón de increíble tensión, ni te ayuda tan desinteresadamnente cuando la llamas por teléfono, y mucho menos, durante un tragedia como es un tiroteo indiscriminado y aterrorizador en un instituto, no, esos sucesos no tienen final feliz, no se salva tu hijo ni sus compañeros, el asesino no coge el teléfono a la madre de uno de sus rehenes y habla con ella como si tal cosa, acordaros de Columbine, acordaros de Newton, acordaros de Texas ¿realmente pasó así?

Ni de coña.

Protesto, señoría. Protesto contra los guiones que banalizan el dolor y la inapelable dureza de la vida. En los tiroteos a estudiantes de un instituto, no hay finales felices, ni adolescentes que se salvan y salen incólumes y graban vídeos buenistas para su Instagram en plan “esto tiene que acabar”. Todo eso es la píldora roja fake que le ofrecía Morfeo a Neo. ¿O era la azul?

Lo que cuenta “Lakewood” es Matrix, no la vida real.

Y a mí, salvo cuando voy con mi hijo de 11 años al cine, sólo me interesa la verdad.

La verdad es la película “Utoya” sobre la masacre que perpetró Breivik en la isla noruega donde se habían reunido las juventudes socialistas el 22 de julio de 2011, mientras gritaba: ¡Tenéis que morir!

Murieron 77 personas.

El mal no habla con mamás desesperadas a través de su iphone, ni deja adolescentes a salvo, ni tiene finales encantadores y majos. Lo siento pero no es lo que sucede.

No a la disneyficación de la vida, de tragedias tan graves como la que cuenta “Lakewood”.

No se habla sobre la legislación de la posesión de armas (no es comercial) ni de que Estados Unidos es el único lugar donde matan a tiros a niños en el cole (todavía menos comercial)

Y sí, Phillipp Noyce es muy habilidoso utilizando recursos narrativos como el fuera de campo que nos hace imaginarnos con mayor angustia el horror que está pasando en el insti sin verlo, y empleando planos cenitales con drones, buscando nuestra complicidad con guiños al enganche que tenemos a los móviles y a la cantidad de cosas que se pueden hacer con un iphone en la mano.

Por cierto ¿ha puesto iphone pasta en la peli? Porque menuda publi hace “Lakewood” de iphone.

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Lakewood más un timo que una pesadilla.

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“En un lugar salvaje”: cuando todo se derrumba

Cuando atravesaba una profunda crisis personal, leí un libro de Pema Chodron, “Cuando todo se derrumba”. La autora, una monja budista, hablaba de ese momento en la vida en el que todo se viene abajo, el techo se cae nuestras cabeza y nos sepulta metiéndonos en la travesía de “la noche oscura del alma” de la que hablaba, en su poesía, San Juan de la Cruz. La necesaria sabiduria cuando todo se derrumba. “En un lugar salvaje”,cuando tode se derrumba en la vida de Robin Wright.

En la película, “En un lugar salvaje”, Robin Wright se adentra en ese túnel de oscuridad y pérdida tras una tragedia familias en la que pierde a sus dos seres más queridos: su marido y su hijo.

Luego Robin sólo puede soportar la soledad y el silencio, no aguanta el estar rodeada de gente, el ruido y la furia de la civilización, el rumor y rugido de otras personas que siguen ataréandose con la prisas y las cien mil cosas por hacer, cuando ella, como decía Pema Chodron, se ha quedado sin suelo bajo de sus pies.

“Se me hace muy difícil estar con gente”, dice Robin.

“La gente quiere que yo sea mejor”, añade.

Robin decide ir a una cabaña apartada y aislada en el corazón de las Montañas Rocosas y quedarse ahí, quieta, sin hacer nada salvo estar en silencio y sobrevivir mientras procesa o no procesa el dolor más salvaje que puede sentir un ser humano. Se amputa a sí misma toda posibilidad de huir del lugar solitario que ha elegido para apartarse de la civilización cuando le pide a Colt, su casero, que se lleve su 4×4 al pueblo. Colt le avisa de que no es buena cosa quedarse sin coche en una naturaleza tan salvaje y alejada de la vida humana, pero ella insiste.

Lo que hace Robin Wright es quedarse quieta, no huir, no escapar del dolor, que está encarnado en un lugar físico: su cabaña al lado del bosque, que también personifica la noche oscura del alma, donde según, Pema Chodron, lo más sabio es quedarse y aguantar la ansiedad, y el miedo, para luego también experimentar un crecimiento personal interior.

Crecimiento personal

Tras el calvario, Robin Wright crece interiormente, se desarrolla personalmente, es capaz de establecer nuevos lazos con la vida y con los demás, en especial, con su amigo Miguel, que tanto la ha ayudado, no sólo a sobrevivir en el bosque, sino a volver querer vivir, a abrirse de nuevo al mundo.

Robin Wright no es la misma que al comienzo de la película “En un lugar salvaje”. Ese hecho es precisamente una de las premisas fundamentales del guion de cine: el personaje tiene que completar su trasformación, por eso se llama dicho fenómeno narrativo: arco de transformación del personaje.

Aquí la clave de la transformación de Robin es la aceptación paulatina de su pérdida como parte fundamental de su viaje sanador. Lo que es, es, dice Pema Chodron en “Cuando todo se derrumba”, y no puede dejar de ser porque ya ha pasado. Pero aceptar lo que es, nos cuesta mucho a los seres humanos.

En realidad, nuestra compulsión es resistirnos a lo que pasa, sin embargo la clave de la transformación personal es la aceptación. Robin cambia porque acepta la tragedia, sin dejar de amar a su hijo y a su marido, sin dejar de amarse a sí misma.

La recompensa es la serenidad, no una vida feliz, pero sí una vida sosegada.

El viaje es arduo y difícil, porque sólo se crece personalmente al afrontar lo arduo y difícil.

La paz interior es una conquista o no es.

“Estoy aquí porque yo lo elegí”, dice Robin Wright.

Quizás esa sea la única libertad que tenemos como seres humanos: cómo nos tomamos lo que nos pasa ya que no tenemos control sobre lo que nos pasa. “Land” es un gran guion.

Puedes ver “En un lugar salvaje” (“Land” en inglés) en Movistar +.

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La necesaria sabiduria cuando todo se derrumba.

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“En un lugar salvaje”: el duelo en la soledad de la naturaleza

“Land” (“En un lugar salvaje”) es el debut en la dirección de películas de Robin Wright, a quien las mujeres de mi generación identificamos como “La princesa prometida”.

Edee (Robin Wright) afronta una tragedia familiar, no sabemos muy bien qué le ha pasado, sólo intuimos que ha sido algo horrible, devastador, que le ha dejado sin fuerzas para vivir en la civilización. Edee habla con su hermana Emma a la que le pregunta:

-¿Qué hago yo aquí?

Edee se refiere al mundo porque se siente alienada de la vida, medio muerta, azotada por la depresión y la pérdida.

El arranque de la película es un enigma. Los guionistas Jesse Chatham y Erin Digman renuncian a toda estrategia explicativa, y también nos ahorran el siguiente paso del guion, según el esquema del viaje del héroe: la invitación a la aventura. Edee compra una terreno y una casa en el corazón de los bosques de la Montañas Rocosas y se muda allí, porque dice que “es incapaz de estar rodeada de gente”.

-¿Por qué iba a querer compartir mi dolor con otros?-dice Edeee a su hermana, desde el fondo muy profundo, muy oscuro del pozo en el que está metida.

Robin Wright tiene que afrontar su doloroso proceso de duelo.

Con un trazo sereno y hermoso, Robin Wright se adentra en las penurias de la soledad, en las inclemencias de la naturaleza y el clima, en los miedos más profundos, en la tristeza infinita de Edee por la pérdida de su marido y su hijo pequeño Drew, una mujer inadaptada a un entorno natural tan salvaje, incapaz de cazar, de sembrar un huerto, de partir leña con un hacha, de serrar el tronco desmochado de un árbol. En un lugar salvaje duelo en la naturaleza.

Edee tiene que elegir entre vivir o morir.

Las secuencias que nos muestran dichas acciones son los intentos frustrados de la consecución del objetivo que tiene que haber en todo guión.

En el segundo acto de la historia, después del primer giro de guion que clausura el primer acto, Edee también habita su dolor insondable y cotidiano, se enfrenta a su soledad, sus terrores, su vulnerabilidad más extrema mientras convive con sus muertos, los contempla, los sigue amando profundamente. La protagonista no acepta la pérdida de su hijo y su marido. Ese acto de resistencia la tiene bloqueada por dentro y también por fuera, inadaptada a una naturaleza tan extrema y agreste.

Una Robinson Crusoe emocional

Roben Wright es una Robinson Crusoe emocional que tiene que atravesar, con dificultades, dolor, soledad, valor, su personal proceso de duelo. “En un lugar salvaje” ahonda en el duelo, en el caso de Robin, aislándose del mundo, convirtiéndose en una ermitaña que “no quiere tener noticias del mundo exterior”.

En realidad, la película está muy relacionada con “Nomadland”, la historia protagonizada por Frances McDormand, dirigida por Chloe Zhao en 2021. Y a la vez, es opuesta a ella. Si Frances, tras perder a su marido, decide embarcarse en un viaje en caravana por Estados Unidos, conectando con gente nómada como ella en el camino, sin querer arraigarse en ningún lugar, y formando parte de una comunidad de nómadas como ella, que se ayuda haciendo trueques, compartiendo lo que tiene, Robin Wright decide huir de la civilización para estar sola, elige aprender a estar quieta en un sitio lejos del mundanal ruido “y darse más cuenta de las cosas” como ella misma dice. En un lugar salvaje duelo en la naturaleza

“Nomadland” optaba por la estrategia de la cinética, del movimiento constante de Frances a bordo de su caravana pero, en el fondo, su protagonista quería lo mismo que Edee: una nueva vida que se distanciara de los años vividos con anterioridad. Edee se asienta mientras que Frances se mueve sin querer quedarse al resguardo de una buena casa incluso cuando su amigo le ofrece alojamiento gratuito.

El punto medio del guion en esta película

El punto medio de un guion no equivale a un giro que da comienzo a un nuevo acto en la historia que estamos contando, pero como lo definió el autor Syd Field “es un punto de cambio que se produce a la mitad del guion”.

En el ejemplo de “En un lugar salvaje”, el hambre, la nieve y el frío, la incapacidad de sobrevivir de Edee unidos a su mal estado estado anímico nos llevan al punto medio del guión cuando se coloca la escopeta en la boca decidiendo, rota de dolor, si suicidarse o no. El acto de anclarse a la vida marca un antes y un después para Edee en su estancia en solitario en su refugio en las montañas.

Sin historia de amor, gracias

Edee roza la muerte por hambre y el frío pero es rescatada por Miguel, un hombre solitario y su hermana Alawa. Gracias a Dios no asistimos a una historia de amor entre Edee y Miguel. Décadas de lucha feminista han producido su efecto, han dado su fruto y la solución a la desesperación de una mujer no reside en un hombre ni en una relación sentimental.

Menos mal. Muy buena decisión de los guionistas a la hora de dar una perspectiva profunda a la historia de supervivencia física y psicológica de Edee porque una historia de amor con Miguel, su salvador, hubiera banalizado la narración, y hubiera convertido la trama en un telefilm barato de sobremesa.

No, la solución no está en un hombre ni en vivir nada externo. La solución no es externa, no viene de la mano de ningún demiurgo de fuera, la solución está en el interior de Edee y solo puede venir de dentro de su alma.

Miguel le enseña a Edee a poner trampas para conejos y ardillas, a plantar un huerto protegido, a recoger bayas, a cazar y desmembrar el animal, enseña a Edee a no morirse, pero es ella la que decide vivir, y da un paso más allá cuando abre la caja de zapatos Vans que guarda en lo alto de una alacena y la abre y ve las fotografías de su marido y su hijo, sus dos amores perdidos, e incluso da un paso más cuando coloca las fotos con chinchetas en las paredes de su cabaña.

Ese acto de valentía propulsa a Edee a permitirse el placer y el auto cuidado que se plasman cuando se da un baño en una bañera frente a las montañas, envuelta en un manto de paz.

Tu aceptación es tu transformación.

Puedes ver “En un lugar salvaje” en Movistar +. Te dejo el trailer de aperitivo para que vayas abriendo boca. La película merece mucho la pena, y nos da un baño de serenidad y aceptación.

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En un lugar salvaje duelo en la naturaleza.

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“La hija”: las perversas buenas intenciones maternales

“La hija” es la mejor película española estrenada este año en las plataformas digitales. Original y muy muy personal thriller de Martín Cuenca que juega con nuestra inteligencia y nuestras expectativas. En realidad, “La hija” se basa en una idea diferente para escribir una película tratando, con osadía y desasosiego, la maternidad enfermiza, ansiosa de una pareja con dinero como argumento de un thriller. “La hija”: las perversas buenas intenciones maternales.

La historia de la película huye como de la peste de tópicos e historias trilladas de nuestro cine patrio. Martín Cuenca sabe crear y administrar la intriga y no apuesta por buenos y malos sino por personas que han dejado de fijar la mirada. Un consejo: hay que llegar sabiendo lo menos posible.

El infierno está empedrado de buenas intenciones. La hija explora el lado peligroso de la maternidad, la locura de una mujer y un hombre por tener un hijo, son buena gente, quieren ayudar a Irene, la madre adolescente que tiene problemas y gordos, pero la manipulación enfermiza, inteligente, la astucia adulta de Javier y Adela te ponen los pelos como escarpias.

La película cuenta la historia de Adela y Javier que viven en la montaña y acogen a una menor que ha perdido el rumbo de su vida.

Martín Cuenca nos incomoda, nos hace latir el corazón en el vientre, desde la contención emocional, la sujeción, en una película llena de elipsis de guion que el espectador tiene que completar en su cabeza, rellenar huecos, hilar, relacionar, metiéndonos en un barro farragoso donde nos enfrentamos a una tensión interna creciente con muy pocos elementos narrativos. Es una película barata de hacer pero súper eficaz narrativamente. Por momentos, duele verla.

Pocos elementos: Tres soberbios actores, una localización principal, montaña y casa, y un guión muy cerebral.

El precio por lo que deseas

La película se centra en el precio que hay que pagar por lo que se desea, en la locura, en cómo los pactos de pareja aislada y encerrada pueden llegar a un extremo inhumano. Habla la vulnerabilidad de los más débiles, ese despectivo “podrás tener más hijos”, que se le suelta Javier a Irene.

“La hija” es una narración muy intrigante sobre el abuso de poder y los límites éticos en la obsesión de tener un hijo. Mi hija, dice Irene, nuestra hija, dicen Javier e Irene. Nos hemos arriesgado mucho para ayudarte, dice Adela. Ya lo hemos hablado, ibas a abortar o te iban a quitar el niño los servicios sociales, dice Javier.

Escalofriante y claustrofóbica historia de suspense de gente corriente, insisto, Javier y Adela no son malos ni buenos. Tienen la complejidad, las contradicciones de la gente en la vida real. Es cierto también que Martín Cuenca juega con la locura de Irene y la situación extrema de desprotección de Irene. ¿Qué pasa en los centros de menores?

In media res

La primera secuencia que abre la película es profundamente misteriosa e intrigante, y es esa intriga creciente la que atrapa la atención del espectador desde el minuto en una historia muy pensada, muy elaborada, una jugada donde ningún detalle se deja al azar.

Deslumbrante.

Martin Cuenca no es que cuente in media res (expresión latina que significa empezar a contar desde el medio de una historia) sino que elige un momento más tardío en la narración. Irene se ha escapado del centro de menores en el que está recluída, Javier es su profesor, y atraviesa una montaña hasta llegar al casoplón en el que viven Javier y Adela en el corazón del monte.

-¿Has hecho todo lo que te dije?-pregunta Javier.
-Sí, maestro-responde Irene.
-¿Has tirado el móvil?

La adolescente asiente y se sube al 4×4 de Javier.

Martín Cuenca buscó a la actriz protagonista por toda España. Es Irene Virgüez.


La historia que se plantea como un thriller es un drama íntimo y eso es un acierto. Os recomiendo “La hija” de todo corazón. La puedes ver en Movistar +.

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“La ola” y el experimento de la cárcel de Stanford

La película alemana “La ola” nos retrataba, con increíble fascinación, cómo los totalitarismos pueden volver a nuestro mundo de ahora y encima, gracias a su atracción y carisma. Una película que está más de actualidad que nunca.

En un instituto, un profesor, atractivo y con poder de persuasión, convierte una utopía en un infierno haciendo una analogía didáctica con el nazismo.

Se cumplen cuatorce años del estreno de “La ola”, dirigida por Dennis Gansel, que nos cuenta la historia situada en un instituto alemán en el que, durante una semana, en la que hay que hacer proyectos sobre la democracia, un profesor decide explicar qué es la autocracia haciendo un experimento en clase.

Los alumnos se tienen que vestir con camisas blancas. Y basan su identidad en llevar una camisa blanca, lo que puede parecer una tontería pero, en realidad, no lo es.

El guion de la película está basado en un experimento real llamado “La tercera ola” en el que se quería demostrar que las sociedades libres y abiertas no son inmunes al atractivo de los totalitarismos y los autoritarismos. Ron Jones , un profesor de Historia de Palo Alto (California) llevó a cabo dicho experimento con sus alumnos cuando enseñaba la época de la Alemania nazi. Corría 1967.

En “La Ola”, lo que empieza como un acto banal como que el profesor logre que sus alumnos entren en clase y, en menos de 30 segundos, se sienten, con una actitud atenta y concentrada, con la espalda recta, se desborda en vandalismo y abuso en el insti.

Lo que, al principio, sólo es inventar un saludo y practicarlo o llevar una camisa blanca se convierte en actos de poder y crueldad por parte de los alumnos ‘seleccionados’, a espaldas del profesor Wenger, que pierde el control no sólo del experimento sino también de su propia vida.

Desde luego, si eres profesor o alumno, “La ola” te interesa porque provoca la reflexión y el debate de cómo la Historia se puede repetir, esa historia de terror del siglo XX, en Europa, que creemos superada.

Experimento de la cárcel de Stanford

En realidad me acuerdo de esta película escuchando un podcast al estoy enganchada “Psicología positiva” en Spotify, os lo recomiendo. Me lo pongo en la cama cuando voy a dormir y, de paso, aprovecho algunos ‘tips’ para mi salud mental que quiero cuidar, cuidar, y volver a cuidar.

En uno de sus capítulos, sus autores, Dafne Cataluña, Eva Rodríguez y Juan Nieto hablan del experimento psicológico de la cárcel de Stanford y citan la película “La ola” cuyo argumento está relacionado. Os recuerdo de qué va dicho experimento: Philip Zimbardo eligió entre sus alumnos de Psicología de la Universidad de Stanford, aleatoriamente, sin fijarse en rasgos de personalidad ni en otras cuestiones, totalmente de forma random, a los que iban a ser los guardianes y reclusos en una cárcel ficticia, la llamada “cárcel de Stanford”, situada en el sótano de la Facultad.

Pero hubo giro de guion porque pronto los alumnos que ejercían de guardias humillaron, retiraron el alimento, abusaron de los reclusos (otros alumnos) Una doctoranda que estaba escribiendo la tesis sobre el experimento paró todo, a los seis días, al darse cuenta de los límites éticos que se estaban vulnerando.

Por cierto, mientras me documento para escribir, este post descubro que hicieron una película “The Stanford Experiment” en 2015. Aquí os dejo el trailer.

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“La ola” y el increíble experimento de la cárcel de Stanford

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“Promising Young Woman”: nos ha pasado a ti y a mí o nos podría haber pasado a ti y a mí

Mi amiga Carmen Llano, que también es guionista, me había dicho que “Promising Young Woman” era una obra maestra pero yo no la había creído. Estábamos tomándonos un café, en la Cervecería Alemana, que está en la los subterráneos de la plaza de los Cubos mientras esperábamos que los cámaras de TVE, con los que trabajo, terminaran de montar el set para hacer una entrevistas a Carmen para el reportaje sobre mujeres guionistas que estaba preparando para mi programa “Objetivo Igualdad”.

Sin embargo, anteayer por la noche, noche de frío y cansancio, de bajón dominguero y melancolía de finitud y fin de época, me puse a ver la película.

Flipé.

Hace mucho que no había tenido un sensación de excitación que me rebullía en el estómago por el asombro que me producía un gran guion. Pero esa noche al ver “Promising young woman” volvía a sentir esa sensación de un valor incalculable.

Cassie tenía un brillante futuro por delante hasta que un desagradable incidente truncó su carrera. Ahora nada en su vida es lo que parece: es inteligente, audaz y vive una doble vida de noche. Cassie tiene la oportunidad de enmendar todo lo que no salió bien en su pasado… vengándose de los culpables.

-¿Y puedes adivinar cuál es la peor pesadilla de una mujer?, le pregunta Cassie a Alexander Monroe, el violador que violó a su amiga Nina delante de todos sus amigos.

Pero “Promising Young Woman” no es una historia de venganza o al menos no evoluciona como trama hacia una historia de venganza, sino que da un giro sorpresivo que yo no voy comentar aquí. El guion cuenta una historia con muchas capas y estratos que busca dejarnos una impronta en el alma.

Y lo consigue.

-Es profunda.

-Es real.

-Es verdadera.

Los horrores que cuenta la película nos han pasado a todas las mujeres, a ti y a mí o nos podrían pasar. Pero son una realidad, no son ciencia ficción.

Que levante la mano quien no se haya visto en una situación de acoso sexual, cuando no violación, como las que cuenta “Promising young woman”.

El guion huele a verdad, una verdad incómoda que apesta a dolor y desolación, en las relaciones de violencia entre los hombres y las mujeres. No, no es sexo, no, no es consentido, todos esas violaciones de tipos de una noche que se aprovechan de mujeres borrachas que no saben ni lo que pasa ni lo que hacen no son actos sexuales consentidos.

Todas las cosas que dicen los tíos de la película me suenan muy familiares y las habrá oído una mujer sólo por ser el hecho de ser mujer:

-Éramos niños. Era una fiesta.

-O vamos a ella le gustaba.

-Nunca me dijo que no.

-Era otro tiempo.

Se merecía el Óscar a mejor película

“Promising Young Woman” es el guion más inteligente con el que me he encontrado en los últimos tiempos.

He visto quien ganó el Oscar a mejor película ese año. Vale “Nomadland”, que me encantó y se lo merece sí, pero más se lo merece “Promising Young Woman” porque arriesga más desde la ironía y el humor negro, desde el dolor de la culpa y la vergüenza.

Lo que me cuenta este guion me afecta más, resuena más, quizás porque tengo la edad que tengo y me siento totalmente identificada con Cassie, la protagonista, interpretada de diez por Mulligan, a la altura de Frances McDormand, no diré que mejor pero sí a la altura. ¿Pero cómo iba a ganar el Óscar a mejor actriz?

Genial porque es impredicible

Genial porque el final no te lo esperas, genial porque la historias de amor no triunfa, en la vida pocas lo hacen para qué vamos a engañarnos, genial porque el chico no acude a salvar a la chica, en la vida real tampoco pasa, genial porque la historia es impredecible. La guionista escribe en contra de las expectativas de la espectadora. Genial porque el final no es feliz sino agridulce. Genial porque el guion huele a verdad, ojala se hubiera hecho una película así en los años ochenta, en la época pre “Me too”, en vez de tanto “Pretty Woman”.

-Lectoras, hay que verla.

Puedes ver “Promising young woman” en Movistar +.

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“Four good days”: lo que la heroína se llevó

Molly, interpretada por una Mila Kunis irreconocible y sobresaliente, necesita solo cuatro días para enderezar su vida, después de diez años enganchada a los opiáceos. Empezó con la oxicodona, cuando un médico se la recetó a los 17 años tras hacerse un esguince de rodilla. Ahora Molly es adicta a la heroína y vive en la calle. Diez años de consumo de opioides han dejado en ruinas la vida de la joven madre. Mi vida es una ruina inútil, y su madre no es capaz de contradecirla. Una nueva medicina podría darle alas para comenzar de nuevo si es capaz de mantenerse limpia durante cuatro días, algo que trata de lograr con la ayuda de su madre Deb, una mujer de ideas férreas. El amor que ambas se profesan se verá puesto a prueba como nunca antes en sus vidas. La historia va también de cómo salir de la heroína.

La ficción y los documentales están contando la historia de las crisis de los opiáceos en Estados Unidos, la historia sobre el gran problema que afecta a la sociedad americana, desde que los médicos gratificados por la farmacéutica Purdue empezaron a recetar a mansalva analgésicos muy adictivos por lesiones menores, que engancharon a gente corriente que se engancharon a la heroína cuando no consiguieron más recetas de oxi.

Una pesadilla el cómo salir de la heroína.

La historia no es original pero la profundidad que adquiere el guion, con toneladas de psicoterapia, entre madre e hija, merece la pena. Empatizas tanto con Gleen Close como con Mila Kunis.

Deb (Glenn Close) no quiere abrir la puerta de casa a su hija y la deja dormir a la intemperie, por la noche la vigila desde la cocina, no la deja ni darse una ducha en casa. Qué largo camino como madre desgarrada, timada, abusada, ha recorrido Deb hasta llegar a ese punto. Años de robos, mentiras, violencia psíquica, cansancio y decepción, años de haber pasado por cosas como que su hija Molly ha vendido hasta su anillo de casada y el de su abuela.

Molly ha acabado con la moral de su madre aunque no con toda su paciencia porque como dice Deb: lo peor de todo es que no puedo dejar de amarla.

Puedes ver “Four Good Days” en Movistar +.

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“Entre nosotras”: el dulce y triste amor en lo oculto

Hay mucha delicadeza en esta película sobre dos mujeres mayores que llevan ocultando su amor durante media vida a los otros, a los hijos de Madeleine, a la sociedad, a la vida exterior, al mundo, en realidad. Nina y Madeleine son vecinas, viven puerta con puerta, y cuando cae la noche Nina abre la puerta de su vecina para acariciarla y besarla y dormir con ella. La historia de amor de “Entre nosotras”.

-Es a mi a quien ama, no a vuestro padre. Les ha estado engañando todos estos años-grita Nina a la hija de Madeleine, cuando ésta no la deja acercarse a su madre.

Hay un peso muy específico de la mentira y el silencio en el guion de esta película, una carga en profundidad que tira de los diálogos y las tramas.

Cuando Nina le pregunta a Madeleine cómo le ha ido con sus hijos, refiriéndose al momento en el que les ha contado que ambas se quieren, planean vender a sus pispos y e irse a vivir a Roma donde se conocieron, Madeleine responde:

-Ah, muy bien. Fenomenal.

Pero en realidad, Madeleine no ha sido capaz de decirles nada a sus hijos en la comida de cumpleaños que han compartido.

Nina también miente a la familia de Madeleine haciéndose pasar por vecina sin más, pero lo hace -no como Madeleine que miente explícitamente- sino por omisión, para que no la aparten de su amada.

Luego están el silencio, las miradas, como la mirada hosca de Frederic, el hijo de Madeline, que impide que ella les diga a sus hijos lo que les quiere decir de verdad.

-¿Qué querías decirnos, mamá?

-Que estoy muy contenta que estemos juntos en mi cumpleaños.

La vulnerabilidad del ser humano

Hay un valor en este guion que es el de la vulnerabilidad del ser humano, Madeline es madre y no quiere hacer daño a su hijo Frederic , no quiere que la deje de querer, y esa cobardía que todos entendemos hace que Madeline no sea capaz de confesar la verdad de su amor a Nina.

La historia es muy original y a la vez cotidiana, me encanta que transcurra en dos pisos y un parque,

“Entre nosotras” es una película de interiores que se observa por la mirilla de una puerta, que pasa en dos pisos antiguos y en un pasillo.

Una historia que rezuma tanto amor, tanta ternura, tanta complicidad que te duele y a la vez te agranda el alma.

El guión se apoya principalmente en la interpretación de esas dos notables actrices, Barbara Sukowa y Martine Chevallier.

Pedazo actrices que desplegan su sutileza emocional…

El director italiano Filippo Meneghetti hace su primera película, francesa (y representará a este país en los Oscar), con una historia de arrebatada, cuajada de intimidad y sensibilidad sobre un tema que ya no escandaliza a nadie, tal vez en otra época sería provocador y que ahora, o ya, no produce nada de revuelta moral ni mental en ninguna es el amor delicado y saturado de complicidad entre dos mujeres ya mayores, jubiladas, y que lo han escondido a los ojos son vecinas) durante décadas; una de ellas es viuda y abuela, y tiene hijos mayores, pero lo suficientemente jóvenes y ‘burgueses’ como para no entender que su madre se esté enamorada y feliz con otra mujer.

Un juego de delicadezas, de idas y venidas de Nina entre su piso y el de Madeleine, juegos de mirar calladamente por la mirilla mientras los otros atacan desde el exterior, los otros entrometidos: la hija de Madeline, la cuidadora obtusa, el hijo macarra de la cuidadora obtusa, el hijo frío y duro, una hija de una burguesía cerrada que se avergüenza de su madre cuando se entera de que es lesbiana, solo la dulce inocencia del nieto se salva. Solo su mirada ingenua de un niño cariñoso y sin prejuicios.

Todo se rompe en mil pedazos a causa de un giro de guion, que le añade una interesante y muy original intriga a la película. Hay elegancia en la cámara y en su manera de capturar la profundidad en los sentimientos de los personajes, y especialmente cuando han de permanecer callados por uno u otro motivo: el rostro de Martine Chevallier, su control del gesto y de la precisa expresión, es lo que prende la emoción de la historia.

No se necesitan muchas cosas para hacer una buena película y “Entre nosotras” lo es. Solo requiere unos mimbres mínimos y sólidos y una mirada sensible y acariciadora, planos que se deslizan por los pisos, a veces, fuera de campo, planos sostenidos, la vida a raudales, la cariñosa ilusión de dos mujeres mayores que bailan juntas un lento sobre su canción favorita y recuerdan sus viajes a Italia, a Roma, donde sueñan con escaparse, y aunque no se escapen ellas sabrán construirse su propio paraíso.

Puedes ver “Entre nosotras” en Movistar +.

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La historia de amor de “Entre nosotras”.

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El guion de Robert McKee. III Parte. Estudiamos juntos

Robert McKee: “El cine como arte no está en peligro, pero como medio sí, se acabó lo de sentarse en una sala”

Bueno, chicas, seguimos estudiando juntas “El guion” de Robert McKee. En este post, seguimos hablando de la estructura, en concreto de los actos.

Los guiones de cine se dividen en actos. Un acto es una serie de secuencias que alcanza su punto más importante en una gran escena de clímax que provoca un gran cambio de valor, más poderoso en su impacto que cualquier escena o secuencia anterior.

El cine como arte no está en peligro

La mayor estructura es la historia, constituida por una serie de actos. Si analizamos la situación de la vida del personaje al principio y al final, encontramos el arco de la historia, un gran abanico de cambios, que al final es completo e irreversible.

Nicolas Cage y McKee en la película hablando del atasco creativo que sufre el protagonista.
McKee ha enseñado a muchos guionistas a ser conscientes del oficio. Luego toca practicarlo. Porque el arte está en la práctica.

Se puede cambiar el clímax de un acto, puede morir un personaje como ocurre en el clímax narrativo de E.T. y después volver a la vida, como sucede en los hospitales cuando una persona sufre un paro cardiaco, si tiene suerte.

McKee habla del clímax narrativo: una narración está formada por una serie de actos que se desarrollan hasta alcanzar un clímax en el último acto, o un clímax completo que conlleva un cambio completo e irreversible.

Los guiones no son productos accidentales. Hay que darles vida pero no de forma mecánica sino escribiendo lo que nos afecta y lo que hemos aprendido del mundo.

Crear una trama significa navegar por la peligrosas aguas de un relato, y enfrentarnos a una docena de direcciones diferentes para elegir la ruta correcta. La trama es la elección que hace el guionista de los acontecimientos y del diseño temporal que los enmarca.

Para los críticos, El precio de la felicidad no tenía trama, pero sí la tenía, nos dice Robert McKee, lo que sucede es que es la más complicada que existe porque pasa dentro de la mente del protagonista.

En esas historias, los personajes cambian su actitud ante la vida y hacia si mismos.

Lo que sucede es que para el novelista es fácil hacerlo porque utiliza la primera o tercera persona e invade directamente el pensamiento y los sentimientos del personaje para dramatizar totalmente el relato dentro del paisaje de la vida interior del protagonista.

Sin embargo para el guionista esta narración es la más frágil y difícil.

Como dijo John Carpenter: “Las películas deben convertir las cosas mentales en físicas.”

Nos vemos el propio sábado en nuestro blog en esta sección de “Estudiamos juntos” . Te agradezco que si te ha gustado el contenido compartas la entrada o me sigas.

El Robert McKee de ficción en El ladrón de orquídeas. “Sobre todo no la cagues con el final.”

El cine como arte no está en peligro.

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