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Akiva Shtisel. El conflicto multidimensional

La historia de amor de Akiva y Libby

La historia de amor de Akiva y Libby.

Las relaciones padre e hijo no funcionan. Akiva y Shulem se quieren pero no se entienden. El mimo Akiva lo reconoce:

-Mi problema es mi padre.

¿No eres ya mayorcito para echar la culpa a tu padre?-le espeta Menukha, la casamentera.

Y tiene razón. Porque Akiva también tiene un conflicto interno muy potente que lo atormenta una y otra vez: hacer lo que le dicta su corazón en el amor y la pintura o hacer lo que le dicta la ley, y la ley la representa su padre.

En el amor y el arte

Si en la primera temporada de “Shtisel”, el mayor conflicto era sobre la mujer de la que se enamoraba Akiva, una mujer más mayor que él, viuda, a la que su padre no estimaba como candidata para ser su esposa, en la segunda aparece el conflicto de la vocación y el trabajo de Kive.

Al final Kive se marcha de casa de su padre, buen tipo pero muy dominante, amenazando con asfixiar a su hijo, quien está harto de la martingala de su papá, que quería que hiciese lo que él decía. No se juega con los asuntos de corazón. Ni con los del arte.

Michael Alony es el actor que interpreta a Akiva

Para un rabino como Shulem, que ha dedicado su vida a la enseñanza talmúdica y al estudio de La Torá y el Talmud, el arte no tiene ningún significado, no es nada serio. El padre no valora ni el talento de su hijo Akiva ni la fuerza del arte dentro de la comunidad ultraortodoxa en la que vive.

El conflicto entre padre e hijo es constante.

De hecho cuando la casamentera habla con los padres de una candidata para casarse con Akiva, y les dice que Akiva trabaja como artista, cuando cuelga le reprocha:

-No digas que es artista. Queda mal.

En realidad el padre no acepta al hijo tal y como es, sino que lo acepta solo si es como él quiere que sea.

Atención spoiler

Atención spoiler de la segunda temporada.

En la segunda temporada de Shtisel, Akiva gana el premio Wasseman que supone gozar de 7.000 séquels al mes y un estudio en el que poder pintar durante un año. Un orgullo.

Pero su padre no aprecia la noticia cuando Kive se lo cuenta, y cuando su hijo recibe el premio y tiene que decir unas palabras, Shulem se sale por peteneras y avergüenza a su hijo. No da valor al talento y esfuerzo de Akiva.

Akiva es un talentoso pintor.

Akiva es un artista hasta la médula, es un niño en su interior, sensible, auténtico, tierno y romántico. Ha nacido para pintar.

Akiva se enamora de su prima Libbi en gran parte porque ella comprende su alma de artista y porque le apoya en sus anhelos de convertirse en pintor, anima sus sueños juveniles. Y eso no tiene precio.

Puedes ver “Shtisel” en Netflix.

La historia de amor de Akiva y Libby.

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“The Office”: la crueldad surrealista en el trabajo

Le tengo mucho cariño a la serie “The Office”. Quizás porque me la descubrió mi marido Gonzalo, y juntos pasamos alegres noches en nuestro antiguo apartamento, riéndonos con las salvajes locuras realistas de Michael Scott y sus empleados. Gonzalo y yo nunca nos cansábamos de ver episodio tras episodio, y disfrutábamos como locos de cada cosa que decía y hacía nuestro personaje de la ofi favorito: Dwigth. “The office” es tan real como el trabajo mismo.

El humor era en ocasiones cruel, políticamente incorrecto siempre, no hay mas que degustar el capítulo segundo de la primera temporada titulado “Dia de la diversidad” en la que Michael Scott humilla a su empleada india imitando al dueño de un super indio, y ella le da una bofetada, o cuando propone el taller de sensibilidad sobre la diversidad racial haciendo bromas sobre los negros, y ordenando un juego de rol donde al empleado negro le toca hacer de negro y donde la pregunta que plantea Michael Scott a sus desconcertados empleados es: ¿qué raza os atrae más sexualmente?

El formato que adopta la serie es el de falso documental, no tan utilizado como hoy en día hace una década, especialmente en el género de la comedia.

Michael Scott está ‘tronao’ como la mayoría de los jefes.
La serie es surrealista y, a la vez, realista por lo absurdo que resulta la mayoría de los trabajos en los que escuchamos tantas gilipolleces de jefes y empleados que nos estalla la cabeza.

Michael Scott se cree el mejor jefe del mundo, pero no se da cuenta de que maltrata psicológicamente a sus empleados, quienes lo desprecian y odian, excepto el fiel y loquísimo Dwigth, quien estaría dispuesto a morir por su jefe y su margen de beneficios en su empresa de material de oficina.

De izquierda a derecha: Dwigth, Pam y Jim, sentado, el inigualable y trastornado Michael Scott.

Michael Scott también se cree que es la hostia de gracioso cuando al único que hace gracia es a si mismo, se cree súper motivador como si se hubiera metido en vena todos los libros de cómo liderar de Stephen Covey, e intenta animar chuscamente a sus empleados que cada vez están más deprimidos bajo su demencial mando. Lo peor es que Michael Scott se lo cree.

Michael Scott dice cosas como que para él, las personas son la prioridad en el trabajo, y añade que le dio su primer empleo a un guatemalteco que no sabía ni una palabra de ingles, y el tipo le pidió a Michael que fuera su padrino, y ese fue el mejor día de su carrera. Aunque luego tuvo que despedir al guatemalteco.

“The Office” fue la serie más vista en las plataformas digitales en 2020. Con la matraca aterradora de la pandemia machacándonos, es una serie que sirve como necesaria y descacharrante vía de escape. ¿Quién no ha trabajado en una oficina tan patética como la que aparece en “The Office”?

Puedes ver “The Office” en Netflix.

“The office” es tan real como el trabajo mismo.

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Mae Martin: el bicho raro que se convirtió en mariposa

La humorista canadiense reivindica su personalidad friqui y sus adicciones como forma de hacer humor. Mae Martin ha ganado dos premios Canadian Comedy y triunfa con su serie “Feel Good” que puedes ver en Netflix. La cómica del año.

La cómica del año

¿Quién es esa chica? ¿De dónde ha salido? ¿Por qué no la hemos descubierto hasta ahora? En “Feel Good”la serie de Netflix, Mae Martin reinventa la comedia romántica haciéndola más marginal y extraña, yendo un paso más en una historia de amor lésbico porque escribe sobre su propia vida y logra conectar con los espectadores.

Mae Martin fue adicta a la cocaína.

Mae Martin nació en Canadá hace 32 años. Una de sus bromas en sus espectáculos de comedia stand up es preguntar al público quién es canadiense. Cuando alguien, de forma tímida, levanta la mano, ella flipa y le pregunta de dónde es. El espectador contesta que de Manitoba. Y Mae dice: “No tengo ni idea de donde está”. Risas.

Su experiencia de ser una canadiense en el húmedo y lluvioso Londres, esa ciudad donde “te salen esporas en la piel” según la madre de Mae en “Feel Good”, es una de las piedras de toque de su peculiar humor. Aunque algunos fans ya le comentan en YouTube que Mae “cada vez parece menos canadiense.”

En Feel Good también descubrimos que Lisa Kudrow, Phoebe en Friends, ha crecido y se ha convertido en una madre a la que no conviene llevar la contraria, una madre a la quieres y odias al mismo.

Fue adicta a la cocaína

“El amor es la cosa más universal del mundo. Todo el mundo se identifica en la emoción del amor. Por eso es tan importante mantener cierta ligereza cuando hablas sobre el amor. La comedia es increíble haciendo eso. Porque los personajes se ríen de sí mismos y del mundo, incluso cuando las cosas duelen. En la vida eso es así. Puedes estar en medio de una ruptura amorosa y de repente alguien dice algo divertido y te ríes. La vida cambia de esa manera”, dice Mae Martin.

Puedes ver ya la segunda temporada de “Feel Good” en Netflix.

La cómica del año.

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“Feel Good” reinventa la comedia romántica

Uno de los logros de Mae Martin es que ha reinventado la comedia romántica. En una de sus historias puede mezclar su pasada adicción a la cocaína, el hecho de que no puede alcanzar el clímax con su novia -de quien está profundamente enamorada-, su inseguridad física y psíquica, sus sensaciones amorosas y sexuales en un solo chute de ficción. La serie de la que todo el mundo habla.

“Feel Good” es descacharrante, risas y carcajadas por arte de birlibirloquelágrimas y angustia porque también es una historia tremendamente triste. Nace de un monólogo de humor de Mae que se llama “Dope”, es decir, droga.

La serie de la que todo el mundo habla

Lo original es que Martin escribe sobre temas que no solemos asociar en una comedia romántica: las recaídas en la droga, las adicciones en el amor, las relaciones tóxicas, la depresión y la ansiedad se amalgaman con el romanticismo más desaforado, la esperanza y el anhelo de felicidad.

“Feel Good” es algo nuevo, una historia que no has visto antes porque nadie la ha contado antes. “Me pasa también con la comedia stand up. Descubrí que cuando era más personal y cuanto más sincera me ponía sobre quién soy, más gente se enganchaba. La serie es una extensión de eso. Revelar secretos me ha funcionado”, asegura Mae Martin.

Romper en los tiempos de Tinder

Rastreando por internet, te encuentras con sus monólogos de humor en YouTube y descubres que también su comedia stand upes algo refrescante y diferente. Desde cómo cambiar la configuración de Tinder cuando rompes con tu pareja a su obsesión con Bette Midler, desde su ira por una novia que se lo ha llevado todo a la presión de los periodistas cuando le preguntan en una entrevista si es gay o sobre lo que supone salir con hombre y la diferencia que hay con hacerlo con mujeres. Todo cabe en un cajón de sastre hecho a su medida.

Puedes ver “Feel Good” en Netflix.

La serie de la que todo el mundo habla.

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“La asistenta”: Una serie feminista

Me encanta que Alex no acabe con Nate, recurriendo a la salida fácil de depender de un hombre con economía fluida, me gusta que, aunque Alex acepte el cobijo de Sean porque no tiene donde caerse muerta, no vuelva con su ex. Me encanta que Alex Russell quiera estar sola, decida estar sola, y esté sola, aunque se equivoque, y crea que Sean puede cambiar, y reconecte con él porque eso es humano pero al final decida no volver atrás en su vida, no retomar viejos patrones mentales y de conducta como si no hubiera aprendido nada del sufrimiento que ha pasado. La mejor serie feminista.

El sufrimiento será tu mejor maestro si no te convierte en su esclavo, dijo Concepción Arenal. ¡Ya vale con esa milonga del amor romántico que nos han metido a las mujeres en vena! ¡Coño, basta ya, menuda matraca con esos mitos del amor salvador que luego nos deja a expensas de los hombres, y nos impele a callarnos la boca y a aguantar movidas que no hay que aguantar!

Por esa razón, y otras muchas, celebro una serie como “La asistenta”

Ya vale de tanta pamema, tanta ñoñería romántica en la que parece que la única y exclusiva misión en la vida de una mujer es enamorarse de un hombre y que este se enamore de ella, vivir una historia de amor de cuento de hadas (que nunca sucede en la realidad, avisa a navegantes) y acabar felices como perdices forever.

Bueno, estas creencias hacen mucho daño a las mujeres y hacen que muchas veces sus historias de no amor disfrazadas de amor acaben como el rosario de la aurora. Una serie como “La asistenta” hace mucho bien porque nos cuenta que, al final, la mayor historia de amor que podemos vivir es con nosotras mismas.

Andie McDowell está brutal como madre de Alex, diagnosticada de bipolaridad.

Sin embargo Alex es tentada. Primero por el dulce Nate, con sus ojos oscuros rebosantes de generosidad y amor, quien, además, tan bien se ha portado con Alex, acogiéndola en su casa junto a su madre que es bipolar y su hija Maddy, ofreciéndole la posibilidad de llevar a su hija a una guardería enrollada de Fisher’s Island, hasta dándole la posibilidad de ir a montar en un poni de su propiedad. El majo Nate que encima está buenorro.

-Ahora no puedo tener una relación-dice Alex a Nate cuando éste la invita a cenar.

Alex también es tentada por el sobrio y reformado Sean, el padre de su hija Maddy. No hay ningúna acción en guion que no esté motivada por la psicología del personaje, por el cambio de las relaciones humanas, y las emociones cambiantes en Alex Russell.

Alex limpiando las tumbonas del jardín de Regina. Mucho que limpiar para sobrevivir.

Por otra parte, Alex necesitaba que alguien le quitase la venda que tenía puesta y le diese un bofetada metafórica para caerse del guindo de una puñetera vez y ese alguien es Danielle, con su arrebato tan auténtico como doloroso.

Todo lo que dice es verdad. Es verdad que es mejor estar enfadada que deprimida, y mucho mejor estar en paz que enfadada, y mucho mejor ser feliz. Disfrutad, nenas. La mejor serie feminista.

Puedes ver “La asistenta” en Netflix, la serie más feminista del momento, sin que ningún personaje pronuncie, ni una sola vez, la palabra “feminista”.

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“La asistenta”: el valor del dinero

Decía la escritora y creadora de Harry Potter, J.K. Rowling que era contraria al célebre tópico acerca de que el dinero no tiene importancia en la vida, porque, cuando era una madre separada y en paro, a cargo de su hija bebé en Edimburgo, una vez, en el supermercado, no pudo comprar una lata de guisantes porque le faltaban unos pocos céntimos. Rowling tampoco podía permitirse hacer fotocopias de su manuscrito del primer libro de la saga Harry Potter y debía mecanografiarlo a máquina en una biblioteca pública cada que quería hacer un nuevo envío de su novela. Es muy parecido a lo que le pasa a Alex. Lo que vale el dinero.

En la serie “La asistenta” está muy presente el valor del dinero, porque conseguir dinero o no es la brecha que separa a Alex de su independencia, su puente a su nueva vida lejos de la dependencia económica de Sean Boyd, su ex marido maltratador, quien ejerce violencia psicológica contra ella.

Maddy y Alex Russell solas ante el mundo, con un vínculo madre e hija extremadamente fuerte.

La independencia y crecimiento personal de Alex también implica, por supuesto, pedir ayuda profesional, hacer terapia psicológica, cuidarse a sí misma, y aceptar su pasado y su presente, y sobretodo amarse a si misma y dejar de estar tan pendiente de los demás.

Precios impresos

En “La asistenta”, cada céntimo cuenta porque, en la perra vida de un mujer pobre como Alex Russell, unos pocos céntimos suponen la diferencia entre comprar una lata de guisantes en el supermercado o no, tener o no tres dólares suponen echar o no gasolina, y contar o no con un bono de transporte para el ferry significa ir a trabajar a Fisher Island para limpiar las casas de los ricos o no.
“La asistenta” exprime bien la técnica de imprimir los precios de lo que Alex Russell gasta, de lo que cuesta lo que quiere comprar para su hija sobre todo, descontando el dinero que gasta, contando el dinero que gana limpiando casas, vemos a qué cantidad asciende su presupuesto mensual y cómo se va descontando el dinero cada vez que hace la compra en el supermercado, echa gasolina a un coche que le ha prestado su amigo Nate, o coge el ferry o compra productos de limpieza, o si se tiene que pagar un desayuno

Lo maravilloso de la serie es también su estilo realista, práctico, cotidiano, doméstico, que se empeña en relatar lo que cuesta cada cosa, lo increíblemente difícil que es sobrevivir si no tienes ayuda y …dinero, por supuesto.

Poderoso caballero es el dinero, dijo Quevedo en el siglo XVI.

Lo es.

En el primer capítulo uno de la serie vemos de qué manera tan diferente viven los ricos y los pobres. La primera casa que tiene que limpiar Alex para “Maid Value”, la empresa para la que trabaja , es la Regina, una abogada de prestigio, quien le ordena -entre otras tareas, por supuesto- vaciar la comida su nevera: fruta, vegetales, hortalizas en perfecto estado porque a su vuelta de un brevísimo viaje “puede oler”.

Minutos después Alex se desmaya de hambre. No ha comido nada en más de un día.


Margaret Qualley, la actriz que interpreta a Alex Russell, establece una conexión emocional increíble con su hija Maddy.

Así que queda clara la intención de los guionistas, que han basado sus guiones en la novela autobiográfica de Stephanie Land, de que el dinero importa, vaya si importa en esta historia de maternidad, precariedad y maltrato

La gilipollez que dicen los ricos de que el dinero no da la felicidad, de que el dinero no importa …lo dicen porque lo tienen y no lo necesitan, nunca lo han necesitado.

Puedes ver “La asistenta” en Netflix. No te la pierdas.

Lo que vale el dinero.

“Collateral”: la crónica de una sociedad desintegrada

“Collateral” es una serie dramática, que tiene cuatro episodios, producida por BBC Two, creada y escrita por David Hare y dirigida por S.J. Clarksson. Hare nos cuenta la historia del asesinato de un repartidor de pizzas iraquí en el Londres actual, y cómo ese suceso afecta a los múltiples personajes de la serie. Carey Mulligan es Kip Glaspie, la inspectora que investiga el asesinato que es representativo de lo que pasa en la sociedad inglesa actual.

Hablar de David Hare son palabras mayores. Hare es un reputado dramaturgo desde la década de los 60, pertenece a la generación de los jóvenes airados que cuestionaron las costumbres sociales de la Inglaterra de esa época. En el National Theatre se han puesto en escena 16 obras suyas, incluyendo una trilogía sobre la Ley, la Iglesia y el Partido Laborista. Casi nadie al aparato. En cine Hare es conocido por ser el autor del guion de la película “Las horas”, que a mí me pareció brutal. El libro homónimo de Michael Cunningham era muy literario, muy difícil de adaptar a la gran pantalla, con esas tres historias cruzadas de tres personajes: su madre, Virginia Woolf y Miss Dalloway en la actualidad en Nueva York pero Hare supo sacarle todo el jugo a la historia, sin perder su evocación melancólica sobre la cantidad de horas que hay que pasar en la vida, el tiempo que hay que remar, el peso de las horas, eso es lo más difícil al vivir. Hare también habla de depresión, creación y suicidio en un guion maravilloso que hila tres momentos diferentes del siglo XX. .

En “Collateral”, David Hare retrata Londres y una sociedad inglesa desintegrada e inquietante, donde las instituciones (El Ejército, sobre todo) están corrompidas por intereses espurios y económicos, una sociedad infeliz, donde los refugiados se buscan la vida como pueden, asustados y con miedo, mientras mandos del ejército hacen negocio con ellos, con personajes en crisis: la jefa de la pizzeria, con una madre enferma, una joven capitán con estrés postraumático después de ver morir a su compañera por una bomba, un político laborista que no supera un divorcio desgraciado, y una cura mujer lesbiana que tiene como novia a una inmigrante china, con peligro de repatriación. El asesinato del repartido de pizzas expande su onda explosiva y liga a todos los personajes en una urdida conspiración que demuestra la enfermedad de la sociedad británica.

David Hare empezó a hacerse un nombre como dramaturgo en 1970, con su obra de teatro Slag.
Carey Mulligan interpreta a la inspectora Glaspie encarga de investigar el asesinato de un repartido de pizzas.

“Collateral” es desasosegante, inquietante, oscura, y nos habla de una sociedad desestructurada, familias disfuncionales, instituciones corruptas (cómo es la violación del mando a la joven capitana y cómo no puede pararla ni denunciarla) en un ambiente de desolación moral que gravita sobre las dos mujeres protagonistas más honestas: la inspectora Glaspie y la capitana Sandrine, interpretada por la excelente Jeany Spark.

Un tapiz de historias en torno a un asesinato cuya historia no se basa en responder a la pregunta: ¿quién lo hizo? porque desde el primer episodio de 50 minutos ya sabemos quién lo hizo, sino que se basa en urdir un tratado sobre el estado de la nación, en este caso, Gran Bretaña y sus conflictos intestinos.

“Collateral” no tendrá una segunda temporada. Una pena.

La serie no está obsesionada con los elementos del thriller, muy al contrario, al estilo de Hare, es más bien una reflexión sobre la Gran Bretaña de hoy en día, de un interés y complejidad superiores al de otras series de televisión más convencionales.

Puedes ver “Collateral” en Netflix.

Shtisel, shalom, shalom

Cada universo tiene su código, cada mundo cuenta con reglas propias. En la serie Shtisel, los personajes, pertenecientes a una familia ultraortodoxa, beben té y zumos a todas horas, antes de tomarse un vaso de agua dicen: gracias a Dios, cuya palabra todo lo crea, antes de entrar en una casa tocan el dintel, Shulem, el padre Shtisel, habla con su esposa muerta, Dvora, a todas horas, y la frase: Dios lo quiera no se les cae de la boca a los habitantes del planeta Shtisel.

Una familia normal y corriente

Hablar con fantasmas

Hablar con fantasmas, rezar, no verse antes de la boda, un hombre no poder estar en el parto de su hijo, estudiar el Talmud y la Torá, ir a la sinagoga, estudiar en un jéder, mantener noviazgos y acordar bodas a través de un casamentero, las mujeres recogerse el pelo bajo un gorro cuando se casan y llevar peluca en la calle, los novios, con citas en cafeterías de hotel y tomen agua o limonada, tener cuantos más hijos mejor, que las mujeres no trabajen, hacer una lista de todas las pertenencias cuando un ser querido fallece para repartirlas, bodas, bautizos, funerales, bar miztvá, circuncisión, rituales, ceremonias, canciones religiosas, canciones de niñez, celebraciones familiares, honrar el sabath, si va para rabino, un niño tener que estudiar hasta quemarse las pestañas son elementos que forman parte del código de Shtisel.

Akiva, el hijo menor, es un artista, lo cual le va a causar un montón de problemas en su comunidad.

Michael Aloni es el actor que interpreta a Akiva Shtisel.

Shtisel recrea un mundo inocente y tradicional, con reglas sociales y religiosas muy pautadas, con mayor rigor en cuanto libertad y posibilidades para las mujeres.

Por otra parte, los diálogos están cuajados de expresiones religiosas y frases ritualísticas de agradecimiento y adoración a Dios.

Nadie ajeno a ese mundo prodría escribir Shtisel. Los guionistas o se han criado allí o de alguna manera conocen el código de ese universo, además de que cuente con asesoramiento sobre esta comunidad religiosa de Jerusalem.

Los tres hermanos Shtisel, con su padre, Shulem.

Dios está en los detalles cuando se escribe y se recrea un mundo. Cada insignificancia, cada apunte, cada pincelada mínima de realismo importan a la hora de escribir y dar vida a los personajes de la serie Shtisel.

Cuando Akiva se va de casa, y vive con una compañera pintora, y un día se olvida la filacteria, las Escrituras de la religión judía, para él es un drama. ¿Cómo ha podido olvidársela?

El cuidado con la comida, el empeño de que sea Kosher cuando compra un kebab en un bar es un detalle importante. Nada queda al azar, lo que se cuenta está basado en la realidad, y esa familiaridad atenta al detalle, con esa comunidad encerrada en sí misma hace posible que nos creamos la ficción.

En Shtisel se suceden los rituales de vida y de muerte.

Una realidad reglamentada, un mundo sencillo y limitado, donde Dios está siempre presente. Por ejemplo cuando Shulem habla de Kaufmann, el galerista mentor de su hijo, y dice que no es religioso, su hermano Nuchem exclama:

-¡Maldito impío!

Akiva es un soñador y romántico pintor con la cabeza en las nubes.

La familia y la tradición son claves importantísimas en la serie Shtisel. Por ejemplo, Shulemn duda si comprar o no unos vídeos que un cámara freelance ha grabado de su madre en la residencia de ancianos en la que vivía, pero el cámara le pide 700 dólares, y a Manukha, su prometida, le parece un timo. Al final, Shulem, muy enfadado, rechaza la proposición. Cuando Shulem se arrepiente y le llama de nuevo al cámara para recuperar esa memoria audiovisual de su difunta madre, este le dice que ya los ha borrado. Esta es la gota que colma el vaso, la señal definitiva para que Shulem rompa con Menukha.

Hay ceremonias por el amor y la muerte, fiestas de compromisos de boda, y shivás, velatorios, por la muerte de los seres queridos.

Shalom, shalom. Bienvenidos al universo Shtisel.