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“Promising Young Woman”: nos ha pasado a ti y a mí o nos podría haber pasado a ti y a mí

Mi amiga Carmen Llano, que también es guionista, me había dicho que “Promising Young Woman” era una obra maestra pero yo no la había creído. Estábamos tomándonos un café, en la Cervecería Alemana, que está en la los subterráneos de la plaza de los Cubos mientras esperábamos que los cámaras de TVE, con los que trabajo, terminaran de montar el set para hacer una entrevistas a Carmen para el reportaje sobre mujeres guionistas que estaba preparando para mi programa “Objetivo Igualdad”.

Sin embargo, anteayer por la noche, noche de frío y cansancio, de bajón dominguero y melancolía de finitud y fin de época, me puse a ver la película.

Flipé.

Hace mucho que no había tenido un sensación de excitación que me rebullía en el estómago por el asombro que me producía un gran guion. Pero esa noche al ver “Promising young woman” volvía a sentir esa sensación de un valor incalculable.

Cassie tenía un brillante futuro por delante hasta que un desagradable incidente truncó su carrera. Ahora nada en su vida es lo que parece: es inteligente, audaz y vive una doble vida de noche. Cassie tiene la oportunidad de enmendar todo lo que no salió bien en su pasado… vengándose de los culpables.

-¿Y puedes adivinar cuál es la peor pesadilla de una mujer?, le pregunta Cassie a Alexander Monroe, el violador que violó a su amiga Nina delante de todos sus amigos.

Pero “Promising Young Woman” no es una historia de venganza o al menos no evoluciona como trama hacia una historia de venganza, sino que da un giro sorpresivo que yo no voy comentar aquí. El guion cuenta una historia con muchas capas y estratos que busca dejarnos una impronta en el alma.

Y lo consigue.

-Es profunda.

-Es real.

-Es verdadera.

Los horrores que cuenta la película nos han pasado a todas las mujeres, a ti y a mí o nos podrían pasar. Pero son una realidad, no son ciencia ficción.

Que levante la mano quien no se haya visto en una situación de acoso sexual, cuando no violación, como las que cuenta “Promising young woman”.

El guion huele a verdad, una verdad incómoda que apesta a dolor y desolación, en las relaciones de violencia entre los hombres y las mujeres. No, no es sexo, no, no es consentido, todos esas violaciones de tipos de una noche que se aprovechan de mujeres borrachas que no saben ni lo que pasa ni lo que hacen no son actos sexuales consentidos.

Todas las cosas que dicen los tíos de la película me suenan muy familiares y las habrá oído una mujer sólo por ser el hecho de ser mujer:

-Éramos niños. Era una fiesta.

-O vamos a ella le gustaba.

-Nunca me dijo que no.

-Era otro tiempo.

Se merecía el Óscar a mejor película

“Promising Young Woman” es el guion más inteligente con el que me he encontrado en los últimos tiempos.

He visto quien ganó el Oscar a mejor película ese año. Vale “Nomadland”, que me encantó y se lo merece sí, pero más se lo merece “Promising Young Woman” porque arriesga más desde la ironía y el humor negro, desde el dolor de la culpa y la vergüenza.

Lo que me cuenta este guion me afecta más, resuena más, quizás porque tengo la edad que tengo y me siento totalmente identificada con Cassie, la protagonista, interpretada de diez por Mulligan, a la altura de Frances McDormand, no diré que mejor pero sí a la altura. ¿Pero cómo iba a ganar el Óscar a mejor actriz?

Genial porque es impredicible

Genial porque el final no te lo esperas, genial porque la historias de amor no triunfa, en la vida pocas lo hacen para qué vamos a engañarnos, genial porque el chico no acude a salvar a la chica, en la vida real tampoco pasa, genial porque la historia es impredecible. La guionista escribe en contra de las expectativas de la espectadora. Genial porque el final no es feliz sino agridulce. Genial porque el guion huele a verdad, ojala se hubiera hecho una película así en los años ochenta, en la época pre “Me too”, en vez de tanto “Pretty Woman”.

-Lectoras, hay que verla.

Puedes ver “Promising young woman” en Movistar +.

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“El padre”: el punto de vista de Anthony Hopkins

Me he resistido a ver “El padre” como gato panza arriba porque mi padre murió de Parkinson y tuvo demencia al final de su vida, y muchas cosas en esa película me iban a recordar a papá antes de que muriese, pero al final me ha podido la curiosidad y la recomendación de mi amiga Amalia Sampedro. El rasgo original de la película es que vemos la realidad desde el punto de vista de un enfermo de Alzheimer, el padre que interpreta con increíble verdad y vulnerabilidad, Anthony Hopkins. Vivimos dentro de su cabeza, con su confusión de personas queridas y espacios, de momentos vividos o no, de secuencias de las que no sabemos si pertenecen a su desvarío o reflejan hechos que han pasado. Nos encontramos desvalidos con él en su desmemoria angustiosa, en esa terquedad de insistir en qué está bien y no necesita ninguna ayuda, y todo son maquinaciones de su hija Anne, quien, según él quiere quedarse con su piso. Es la historia del padre.

Olivia Colman interpreta a Anne, la hija cariñosa pero superada de Anthony Hopkins.

Pero el punto de vista de la cuidadora, la hija, Anne, interpretada con un corazón y una sensibilidad por Olivia Colman imposibles de superar, en un duelo interpretativo con Hopkins, que dota de fuerza emocional a “El padre”, también está presente en el guion. Una hija desolada por la pérdida de facultades mentales, por el deterioro de la racionalidad de su padre, pero, a la vez, dolida y enfadada por las impertinencias y desplantes de su progenitor. La historia del padre-

La hija quiere cuidar de su padre y a la vez ejercer el derecho a vivir su propia vida. La hija lleva toda la carga, y el padre, en una actitud clásica, niega estar enfermo y asegura que la que está mal es Anne.

La trama de “El padre” se sucede con episodios repetititivos, personajes cambiados, situaciones análogas en las que vivimos una realidad deformada y confusa, que es la realidad que vive el propio enfermo. Nos ponemos como espectadores en sus zapatos, y es ese punto de vista junto a las excelentes interpretaciones de los actores, los dos pilares sobre los que se levanta la película.

Insultos e impertinencias

Olivia Colman sufre porque su padre no la reconoce, se inventa cosas que ella no ha dicho, incluso ni identifica el piso en el que está viviendo en la actualidad, y vive en un estado agotado que se alarga. Pero Olivia también tiene que aguantar insultos e impertinencias de papá, un desprecio y un ninguneo constantes que la van minando.

Anthony Hopkins también tiene momentos de humor como cuando asegura que ha trabajado como bailarín de claqué y hace un demostración delante de Laura, su cuidadora.
Olivia Colman hace la mejor interpretación de su carrera en “El padre”

Dentro de su cabeza

El punto de vista es tan poderoso en “El padre” que nos metemos en la cabeza de Anthony Hopkins. Y viajamos a su ansiedad y turbación, a su aturdimiento y revoltijo mental, incapaz de controlar una cabeza que le controla a él en su deriva de deterioro y desmoromanimiento que él, el padre, se niega a aceptar.

Hopkins pierde la memoria y no reconoce a su propia familia, pero grita que jamás le sacarán de su piso. Por encima de su cadáver. ¡Pero si este no es tu piso!, ¡es el mío!, grita su yerno, quien cambia de actor, y al final no sabemos si ese yerno existe o no, si Anne está casada o separada, si se va a París con un nuevo amor o se queda en Londres.

Vivimos con Hopkins en un imposible y agotador trajín de cuidadoras, como Angela, a las que trata mal y acaban marchándose, son intrusas que le roban, clama el padre y todos los que tenemos una cierta edad, y nos adentramos en la madurez, nos sentimos identificados con Olivia Colman y la difícil tarea de cuidar a padres mayores a los que se les ha ido la cabeza.

El humor también aparece, salvador, y espolvorea su ligereza, por ejemplo, cuando una nueva cuidadora viene a casa para conocer a Anthony Hopkins y ése se muestra encantador y chispeante y clama haber sido bailarín de claqué y hasta le hace un demostración a la chica.

-Pero si tú eras ingeniero, papá-dice Anne.

Florian Zeller, el director de “El padre”, sabe de lo que habla. De joven convivió con su abuela, quien padecía Alzheimer. Florian tiene vivencias de lo que supone sufrir y ser testigo a la vez de esta enfermedad neurodegenerativa, que ha sabido trasladar al guion de la película.

La idea es muy sencilla pero no por ello pierde eficacia narrativa a medida que la trama avanza, sostenida por la magistral interpretación de Hopkins, cuyos ojos perdidos, afantasmados, tristes, de niño desvalido al final de la película, se te meten en el alma.

Puedes ver “El padre” en Movistar +.

Puedes ver “El padre” en Movistar +.