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“The Office”: la crueldad surrealista en el trabajo

Le tengo mucho cariño a la serie “The Office”. Quizás porque me la descubrió mi marido Gonzalo, y juntos pasamos alegres noches en nuestro antiguo apartamento, riéndonos con las salvajes locuras realistas de Michael Scott y sus empleados. Gonzalo y yo nunca nos cansábamos de ver episodio tras episodio, y disfrutábamos como locos de cada cosa que decía y hacía nuestro personaje de la ofi favorito: Dwigth. “The office” es tan real como el trabajo mismo.

El humor era en ocasiones cruel, políticamente incorrecto siempre, no hay mas que degustar el capítulo segundo de la primera temporada titulado “Dia de la diversidad” en la que Michael Scott humilla a su empleada india imitando al dueño de un super indio, y ella le da una bofetada, o cuando propone el taller de sensibilidad sobre la diversidad racial haciendo bromas sobre los negros, y ordenando un juego de rol donde al empleado negro le toca hacer de negro y donde la pregunta que plantea Michael Scott a sus desconcertados empleados es: ¿qué raza os atrae más sexualmente?

El formato que adopta la serie es el de falso documental, no tan utilizado como hoy en día hace una década, especialmente en el género de la comedia.

Michael Scott está ‘tronao’ como la mayoría de los jefes.
La serie es surrealista y, a la vez, realista por lo absurdo que resulta la mayoría de los trabajos en los que escuchamos tantas gilipolleces de jefes y empleados que nos estalla la cabeza.

Michael Scott se cree el mejor jefe del mundo, pero no se da cuenta de que maltrata psicológicamente a sus empleados, quienes lo desprecian y odian, excepto el fiel y loquísimo Dwigth, quien estaría dispuesto a morir por su jefe y su margen de beneficios en su empresa de material de oficina.

De izquierda a derecha: Dwigth, Pam y Jim, sentado, el inigualable y trastornado Michael Scott.

Michael Scott también se cree que es la hostia de gracioso cuando al único que hace gracia es a si mismo, se cree súper motivador como si se hubiera metido en vena todos los libros de cómo liderar de Stephen Covey, e intenta animar chuscamente a sus empleados que cada vez están más deprimidos bajo su demencial mando. Lo peor es que Michael Scott se lo cree.

Michael Scott dice cosas como que para él, las personas son la prioridad en el trabajo, y añade que le dio su primer empleo a un guatemalteco que no sabía ni una palabra de ingles, y el tipo le pidió a Michael que fuera su padrino, y ese fue el mejor día de su carrera. Aunque luego tuvo que despedir al guatemalteco.

“The Office” fue la serie más vista en las plataformas digitales en 2020. Con la matraca aterradora de la pandemia machacándonos, es una serie que sirve como necesaria y descacharrante vía de escape. ¿Quién no ha trabajado en una oficina tan patética como la que aparece en “The Office”?

Puedes ver “The Office” en Netflix.

“The office” es tan real como el trabajo mismo.

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Mae Martin: el bicho raro que se convirtió en mariposa

La humorista canadiense reivindica su personalidad friqui y sus adicciones como forma de hacer humor. Mae Martin ha ganado dos premios Canadian Comedy y triunfa con su serie “Feel Good” que puedes ver en Netflix. La cómica del año.

La cómica del año

¿Quién es esa chica? ¿De dónde ha salido? ¿Por qué no la hemos descubierto hasta ahora? En “Feel Good”la serie de Netflix, Mae Martin reinventa la comedia romántica haciéndola más marginal y extraña, yendo un paso más en una historia de amor lésbico porque escribe sobre su propia vida y logra conectar con los espectadores.

Mae Martin fue adicta a la cocaína.

Mae Martin nació en Canadá hace 32 años. Una de sus bromas en sus espectáculos de comedia stand up es preguntar al público quién es canadiense. Cuando alguien, de forma tímida, levanta la mano, ella flipa y le pregunta de dónde es. El espectador contesta que de Manitoba. Y Mae dice: “No tengo ni idea de donde está”. Risas.

Su experiencia de ser una canadiense en el húmedo y lluvioso Londres, esa ciudad donde “te salen esporas en la piel” según la madre de Mae en “Feel Good”, es una de las piedras de toque de su peculiar humor. Aunque algunos fans ya le comentan en YouTube que Mae “cada vez parece menos canadiense.”

En Feel Good también descubrimos que Lisa Kudrow, Phoebe en Friends, ha crecido y se ha convertido en una madre a la que no conviene llevar la contraria, una madre a la quieres y odias al mismo.

Fue adicta a la cocaína

“El amor es la cosa más universal del mundo. Todo el mundo se identifica en la emoción del amor. Por eso es tan importante mantener cierta ligereza cuando hablas sobre el amor. La comedia es increíble haciendo eso. Porque los personajes se ríen de sí mismos y del mundo, incluso cuando las cosas duelen. En la vida eso es así. Puedes estar en medio de una ruptura amorosa y de repente alguien dice algo divertido y te ríes. La vida cambia de esa manera”, dice Mae Martin.

Puedes ver ya la segunda temporada de “Feel Good” en Netflix.

La cómica del año.

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“La asistenta”: Una serie feminista

Me encanta que Alex no acabe con Nate, recurriendo a la salida fácil de depender de un hombre con economía fluida, me gusta que, aunque Alex acepte el cobijo de Sean porque no tiene donde caerse muerta, no vuelva con su ex. Me encanta que Alex Russell quiera estar sola, decida estar sola, y esté sola, aunque se equivoque, y crea que Sean puede cambiar, y reconecte con él porque eso es humano pero al final decida no volver atrás en su vida, no retomar viejos patrones mentales y de conducta como si no hubiera aprendido nada del sufrimiento que ha pasado. La mejor serie feminista.

El sufrimiento será tu mejor maestro si no te convierte en su esclavo, dijo Concepción Arenal. ¡Ya vale con esa milonga del amor romántico que nos han metido a las mujeres en vena! ¡Coño, basta ya, menuda matraca con esos mitos del amor salvador que luego nos deja a expensas de los hombres, y nos impele a callarnos la boca y a aguantar movidas que no hay que aguantar!

Por esa razón, y otras muchas, celebro una serie como “La asistenta”

Ya vale de tanta pamema, tanta ñoñería romántica en la que parece que la única y exclusiva misión en la vida de una mujer es enamorarse de un hombre y que este se enamore de ella, vivir una historia de amor de cuento de hadas (que nunca sucede en la realidad, avisa a navegantes) y acabar felices como perdices forever.

Bueno, estas creencias hacen mucho daño a las mujeres y hacen que muchas veces sus historias de no amor disfrazadas de amor acaben como el rosario de la aurora. Una serie como “La asistenta” hace mucho bien porque nos cuenta que, al final, la mayor historia de amor que podemos vivir es con nosotras mismas.

Andie McDowell está brutal como madre de Alex, diagnosticada de bipolaridad.

Sin embargo Alex es tentada. Primero por el dulce Nate, con sus ojos oscuros rebosantes de generosidad y amor, quien, además, tan bien se ha portado con Alex, acogiéndola en su casa junto a su madre que es bipolar y su hija Maddy, ofreciéndole la posibilidad de llevar a su hija a una guardería enrollada de Fisher’s Island, hasta dándole la posibilidad de ir a montar en un poni de su propiedad. El majo Nate que encima está buenorro.

-Ahora no puedo tener una relación-dice Alex a Nate cuando éste la invita a cenar.

Alex también es tentada por el sobrio y reformado Sean, el padre de su hija Maddy. No hay ningúna acción en guion que no esté motivada por la psicología del personaje, por el cambio de las relaciones humanas, y las emociones cambiantes en Alex Russell.

Alex limpiando las tumbonas del jardín de Regina. Mucho que limpiar para sobrevivir.

Por otra parte, Alex necesitaba que alguien le quitase la venda que tenía puesta y le diese un bofetada metafórica para caerse del guindo de una puñetera vez y ese alguien es Danielle, con su arrebato tan auténtico como doloroso.

Todo lo que dice es verdad. Es verdad que es mejor estar enfadada que deprimida, y mucho mejor estar en paz que enfadada, y mucho mejor ser feliz. Disfrutad, nenas. La mejor serie feminista.

Puedes ver “La asistenta” en Netflix, la serie más feminista del momento, sin que ningún personaje pronuncie, ni una sola vez, la palabra “feminista”.

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“La asistenta”: el valor del dinero

Decía la escritora y creadora de Harry Potter, J.K. Rowling que era contraria al célebre tópico acerca de que el dinero no tiene importancia en la vida, porque, cuando era una madre separada y en paro, a cargo de su hija bebé en Edimburgo, una vez, en el supermercado, no pudo comprar una lata de guisantes porque le faltaban unos pocos céntimos. Rowling tampoco podía permitirse hacer fotocopias de su manuscrito del primer libro de la saga Harry Potter y debía mecanografiarlo a máquina en una biblioteca pública cada que quería hacer un nuevo envío de su novela. Es muy parecido a lo que le pasa a Alex. Lo que vale el dinero.

En la serie “La asistenta” está muy presente el valor del dinero, porque conseguir dinero o no es la brecha que separa a Alex de su independencia, su puente a su nueva vida lejos de la dependencia económica de Sean Boyd, su ex marido maltratador, quien ejerce violencia psicológica contra ella.

Maddy y Alex Russell solas ante el mundo, con un vínculo madre e hija extremadamente fuerte.

La independencia y crecimiento personal de Alex también implica, por supuesto, pedir ayuda profesional, hacer terapia psicológica, cuidarse a sí misma, y aceptar su pasado y su presente, y sobretodo amarse a si misma y dejar de estar tan pendiente de los demás.

Precios impresos

En “La asistenta”, cada céntimo cuenta porque, en la perra vida de un mujer pobre como Alex Russell, unos pocos céntimos suponen la diferencia entre comprar una lata de guisantes en el supermercado o no, tener o no tres dólares suponen echar o no gasolina, y contar o no con un bono de transporte para el ferry significa ir a trabajar a Fisher Island para limpiar las casas de los ricos o no.
“La asistenta” exprime bien la técnica de imprimir los precios de lo que Alex Russell gasta, de lo que cuesta lo que quiere comprar para su hija sobre todo, descontando el dinero que gasta, contando el dinero que gana limpiando casas, vemos a qué cantidad asciende su presupuesto mensual y cómo se va descontando el dinero cada vez que hace la compra en el supermercado, echa gasolina a un coche que le ha prestado su amigo Nate, o coge el ferry o compra productos de limpieza, o si se tiene que pagar un desayuno

Lo maravilloso de la serie es también su estilo realista, práctico, cotidiano, doméstico, que se empeña en relatar lo que cuesta cada cosa, lo increíblemente difícil que es sobrevivir si no tienes ayuda y …dinero, por supuesto.

Poderoso caballero es el dinero, dijo Quevedo en el siglo XVI.

Lo es.

En el primer capítulo uno de la serie vemos de qué manera tan diferente viven los ricos y los pobres. La primera casa que tiene que limpiar Alex para “Maid Value”, la empresa para la que trabaja , es la Regina, una abogada de prestigio, quien le ordena -entre otras tareas, por supuesto- vaciar la comida su nevera: fruta, vegetales, hortalizas en perfecto estado porque a su vuelta de un brevísimo viaje “puede oler”.

Minutos después Alex se desmaya de hambre. No ha comido nada en más de un día.


Margaret Qualley, la actriz que interpreta a Alex Russell, establece una conexión emocional increíble con su hija Maddy.

Así que queda clara la intención de los guionistas, que han basado sus guiones en la novela autobiográfica de Stephanie Land, de que el dinero importa, vaya si importa en esta historia de maternidad, precariedad y maltrato

La gilipollez que dicen los ricos de que el dinero no da la felicidad, de que el dinero no importa …lo dicen porque lo tienen y no lo necesitan, nunca lo han necesitado.

Puedes ver “La asistenta” en Netflix. No te la pierdas.

Lo que vale el dinero.

“Heridas abiertas”: el círculo de la matrofobia

Adora odia a su hija mayor, Camille. A su vez, la madre de Adora la odiaba a ella. Es el círculo de la matrofobia que se perpetúa generación tras generación en la serie “Heridas abiertas”. Camille decide alejarse de su madre como estrategia de defensa. En cuanto cumple de 18 años, Camille se larga de Wind Gap para hacerse periodista en Saint Louis. Frente a su madre, se muestra pasiva y agotada, distante y llena de barreras. Más estrategias de defensa. Odio a mamá.

“Heridas abiertas” es una adaptación de la novela homónima de Gillian Flynn. A Flynn le van las familias disfuncionales, las relaciones tóxicas entre madres e hijas, las atmósferas claustrofóbicas e insanas en el Sur de Estados Unidos. Ese mundo ya existía en la novela que la hizo famosa como escritora: “Pérdida”.

Cuidado, que llega Adora, y te puede comer.

Un sur que se derrumba, pueblos que se convierten en óxido, jóvenes que se desesperan más allá de la desesperación, y un matriarcado de mujeres frustradas e insatisfechas que se alcoholizan al caer la tarde. Un agujero sin salida, Wind Gap, el lugar del que te quieres marchar si eres lo suficientemente lista para darte cuenta de que ese pueblo te cortará las alas.

La adolescente Camille Preaker, pelo corto, chicazo, personalidad independiente y fiera, escucha obsesivamente a Johnny Cash mientras imagina planes de fuga de su vida, lejos de mamá, letal y tóxica, en su macerada maldad en amarettos caros a las ocho de la tarde.

Adaptación de un thriller psicológico

Flynn es una maestra del thriller psicológico. “Heridas abiertas” es su primera novela, tras quedarse sin trabajo como periodista cuando empezó la crisis del papel en Estados Unidos, Flynn se recicló como escritora, lo cual también hicieron muchos periodistas en paro. De ahí la explosión de thrillers muy bien documentados, escritos con ritmo y de forma directa, fruto de aprovechar las mejores esencias del oficio de plumilla.

Odio a mamá

Lo primero que sorprende al comparar la novela y la serie es el tema de los cortes que se inflige Camille. En la novela de Flynn, el acto de cortarse a sí misma está omnipresente desde la primera página, descrito muy expresivamente y es un método de Camille Preaker para liberar su dolor psicológico.

Ojo, “Heridas abiertas” no trata de los asesinatos de unas niñas en un pueblo perdido y decadente del Sur de Estados Unidos dedicado a la explotación de granjas porcinas. No. “Heridas abiertas” trata del trauma de una mujer, Camille Preaker, de su horrorosa infancia, de su relación jodida con una madre que no es que no la quiera, es que la boicotea y busca destruirla lentamente.

La gran dificultad de adaptar la novela “Heridas abiertas” a guion es que la voz interior de Camille es muy poderosa en la novela, y eso se salva gracias a la interpretación misteriosa e hipnótica de Amy Adams, esa mirada oscura y magnética, esos ojos inteligentes y melancólicos que te expresan su diálogo interior mucho mejor cualquier voz en off.

¿No os recuerdo mucho este plano a las pelis de Gus Van Sant?

Camille mira mientras conduce, entrando en Wind Gap. Su mirada intensa y evocadora de un pasado maldito, crece lista, crece triste, lo dice todo.

Odio a mamá.

Puedes ver “Heridas abiertas” en HBO.

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“Amor en el espectro autista”: los últimos románticos de la Tierra

Estoy enganchadísima a la serie documental de Netflix, “Love on the Spectrum”. La serie trata de varios chicos y chicas, con autismo, que están solteros y buscan el amor. Este tipo de programas de citas, con gente ‘normal’, me dan ganas de vomitar. Sin embargo, en este caso, aflora mi romanticismo por la empatía, ternura, candidez e inocencia que destilan cada uno de sus protagonistas, que hablan de sus sentimientos y expectativas sin filtro, sin malicia, sin cinismo. Es el amor de los chicos autistas.

Los chicos autistas traspasan la última frontera del amor, vulneran la barrera del amor que se muestra desnudo e ingenuo, que hace gala de su romanticismo profundo, sin complejos. Pese a todas las dificultades, barreras, prejuicios, tabúes, estereotipos y clichés que tienen que soportar los protagonistas, al final ver “Love on the Spectrum” es una auténtica delicia e implica recuperar el romanticismo perdido.

La serie de Netflix se basa absolutamente en las personas que la protagonizan. De todos los chicos que están en el espectro autista, mi favorito por su honestidad y sentido del humor es Michael.

El amor de los chicos autistas

Michael es un chico de 26 años, quien aún vive con sus padres, le gusta ver la tele, y es budista. Es un tío gracioso, y lleno de candor, que te dice lo primero que se le pasa por la cabeza, y te ríes y conmueves con su ingenua amabilidad y claridad mental para expresar lo que quiere.

Michael es dulce y respetuoso. Está chapado a la antigua. y le gusta vestir de traje.

Michael dice que tener 26 años y aún vivir en casa de sus padres es un asco. Si quiere tener novia, tiene que irse a vivir solo y contar con casa propia. Cuando el periodista le pregunta cómo se siente, porque Michael va a ir un bar de citas rápidas con chicas normales, (y también alguna autista) con su historial de mala suerte en el amor, el joven confiesa que se siente como un muñeco abandonado en el armario, con el que ningún niño quiere jugar, como Woody en “Toy Story”, mientras ve cómo otros juguetes se lo pasan pipa.

Michael quiere tener novia, quiere formar una familia, y dice que se sentirá un fracasado si no lo consigue. Michael lleva el corazón fuera del pecho. Es genial. Es

Michael con su chica, Heather, quien también es autista.
Una de las parejas se compromete y se casa.

Las secuencias relativas al evento de citas rápidas en el que participa Michael son descacharrantes. Las conversaciones de Michael, sus esfuerzos por conectar con las chicas, sus caras y salidas son cómicas y tiernas.

Lo más sorprendente en “Love on the Spectrum” es que todos los participantes quieren enamorarse de verdad y ser correspondidos en el amor al contrario de muchos realitys de citas normales en la que los protagonistas quieren lucir abdominales, culos, tetas, conseguir un hueco en el “Sálvame” de turno, conseguir a un agente, subir de seguidores en Instagram y hacer bolos por discotecas de media España.

No, no es así. El amor aún tiene sentido para estos chicos y chicas autistas. No lo han ensuciado. No lo han corrompido. Su vulnerabilidad y sinceridad me conmueven.

Netflix acaba de estrenar la segunda temporada. Estoy de celebración gozosa porque me lo paso bomba con Michael y su sinceridad friki, su gusto por los trajes y por bailar el vals, por llevar un regalo que cree que le gustará a su chica, y por su delicadez de caballero decimonónico, por su humor. Michael dice que, aunque le ha elegido Heather, una chica autista, hubiera preferido hacer pareja con Taylor, una chica rubia tipo californiana buenorra. Su madre le dice que no se lo diga a Heather mientras se parte de risa.

Además Michael tiene inquietudes espirituales: es budista, y hace meditación. ¿Qué chico protagonista en un programa de citas es espiritual? Me meo.

Cuando Michael sale con Heather y la lleva a una estupa budista, confiesa sentirse muy ilusionado, y antes durante la cena en un restaurante agradable, muestra su increíble delicadeza, su acendrado romanticismo combinado con una franqueza poco común en otros especímenes masculinos.

Los protagonistas de “Love on the Spectrum” tienen TEA, pero cada uno en un grado diferente, poseyendo distintas personalidades. En la serie documental, destaca su individualidad, su diferenciación como personas humanas únicas. Algunos de los protagonistas son bisexuales pero el tema se trata con absoluta normalidad, sin darle ninguna importancia. En cualquier otro reality de citas le habrían dado el amarillismo correspondiente, buscando sacar tajada a cualquier precio.

Otro protagonista que me chifla de “Love on the Spectrum” es Ronan, un chico autista, muy dotado para la música, que toca la tuba en una orquesta, y le gustan tanto las carreras de coches que trabaja como voluntario en un circuito automovilístico australiano.

Australia nunca ha salido tan bonita, Sidney jamás me ha parecido tan mágica, con su bahía refulgente, sus puentes iluminados en la oscuridad, y sus altos rascacielos plateados bajo la luz de la luna.

Una maravilla.

Puedes ver las dos temporadas de “Love on the Spectrum” en Netflix.

El amor de los chicos autistas.

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“La directora”: ojalá no pierda sus dos puntos originales

Me entretiene y me relaja ver “La directora”, una comedia con más trasfondo del que parece, que habla de machismo, racismo, techo de cristal y patriarcado hegemónico con la ironía que merece, es una comedia, no un drama. Sólo espero que la serie no pierda sus dos puntos originales: el personaje de Sandra Oh y los temas sociales y políticos que trata, con sumo sarcasmo y descreimiento.

El personaje de Sandra Oh, una profesora de literatura inglesa de origen coreano consagrada a su trabajo y que ha adoptado a una niña mejicana, Ju ju, con la que la relación no es estrecha es lo mejor de la serie. Por favor que no le robe protagonista el profesor encantador y desastroso Bill Dobson, quien mola pero está más visto que el tebeo. Es un cliché. Sin embargo el personaje que interpreta Sandra Oh no lo es. Me quedo también con la caterva de profesores carcamales viejales que se resisten a jubilarse en una Universidad cada vez más mercantilizada y pendiente de las redes sociales.

Sandra Oh recibe una patata caliente en la mano cuando le dan el puesto de directora del Departamento de Inglés de la Universidad Pembroke.

Como dice Sandra Oh a a uno de los profesores más seniors, destronado de su trono hegemónico como máster del universo en el departamento, para animarle a escribir una buena carta de recomendación a una joven profesora negra para que por fin sea titular merecidamente:

-Yaz tiene a ocho mil seguidores en Twitter. Más que todos nosotros juntos.

-Jesucristo sólo tenía 12. Menudo perdedor.

Sólo espero que Bill Dobson no se coma a Sandra Oh, ni que la historia derive hacia una previsible historia de amor y tensión sexual resuelta entre ambos.

  

Puedes ver “La directora” en Netflix.

El misterio de la naturaleza humana. “Elize Matsunaga”

Lo que pasó en el crimen de Marco Matsunaga, cuya esposa lo asesinó y lo descuartizó, lo sabemos desde el primer momento, pero por qué lo hizo Elize sigue siendo un misterio, el misterio más grande que hay en esta vida: el misterio de la naturaleza humana. El interés de este True Crime radica no en que nos cuenten el asesinato sino en escuchar a la asesina, Elize, en la primera entrevista que da, nueve años después del crimen de Marco.

Este asesinato conmocionó Brasil. Y no es para menos. Desafía todos los clichés que tenemos sobre cómo matan las mujeres, que si con veneno, que si de forma sibilina, con inyecciones de insulina o poniendo arsénico en el café del marido. Pues no, aquí, la colega, Elize, pega un tiro a su esposo y luego descuartiza su cuerpo. Cágate lorito. El misterio de la naturaleza humana.

Claro que hay un interés en escuchar lo que tiene que decir la asesina porque además no da el perfil de psicópata. Una joven madre rubia que se podría haber divorciado del marido y haberse quedado con un pastizal ya que Matsunaga es un multimillonario empresario dueño de la marca de alimentos Yoki. ¿O no?

Al principio el matrimonio Matsunaga se llevaba bien.

La historia es escalofriante, aterradora. Elize dispara a Marco Kitano, lo descuartiza y lo mete en tres mochilas que luego introduce en el maletero de su coche. Madre mía, qué flipe.

Este True Crime intenta responder la pregunta de qué sintió la joven viuda condenada a 19 años de cárcel, separada de su hija, un bebé en el momento del asesinato, cuando disparó a Marco Kitano. Si lo logra o no queda a juicio del espectador.

Buceamos en la relación de Marco y Elize. Él es un tipo estudioso, serio y rico, ella una enfermera, más joven y más guapa, todo un cliché, pero bueno, todo normal. Se llevan bien y el matrimonio está enamorado, viven a todo trapo gracias a la riqueza de Marco (ella viene de un origen más humilde, se incide mucho en que ambos provienen de mundos muy diferentes y que es una relación desigual en lo económico) y después de casarse, buscan el embarazo pero éste no llega.

El misterio de la naturaleza humana

Marco tenía 42 años y era CEO de Yoki cuando su mujer lo mató. Él le era infiel con otra mujer. No era la primera vez que pasaba. Antes mientras intentaban quedarse embarazados (el bebé no llegaba, y la pareja se sometió a variaros tratamientos in vitro) Marco también había engañado a Elize con otra mujer. Ella había decidido separarse pero justo en ese momento de crisis matrimonial, Elize descubre que está embarazada. Marco se arrodilla y le pide perdón, le dice a Elize que nunca volverá a pasar. Pero vuelve a pasar.

El día de su boda.

Ella tiene 30 años y había conocido a su marido a través de las redes sociales. En su juventud había ejercido como prostituta. Al menos esa es una versión de su pasado.

El día en cuestión, Marco llega de trabajar. Ambos dejan que se vaya la niñera del casoplón donde viven los Matsunaga en Sao Paulo con su hija bebé. Marco sale a la calle para ir a comprar una pizza para la cena. Desde que unas cámaras de seguridad graban a Marco hablando por teléfono con alguien hasta las cinco de la mañana siguiente hay un lapso temporal en el cual Elize mata a su marido, lo arrastra 15 metros y lo corta con un cuchillo de 30 centímetros. Escalofriante.

Elize da su primera entrevista en esta serie documentall de 4 episodios.

A las cinco de la mañana, llega otra niñera al chalet de los Matsunaga. Seis horas y media después, a las once y media, Elize baja con tres mochilas que contienen el cuerpo desmembrado de Marco.

Elize viaja en coche hacia Paraná, donde ha nacido y ha pasado su infancia. La Policía Federal de Carreteras la para durante el trayecto, pero Elize tiene suerte y la policía no le registra el maletero del coche o se hubiera descubierto en ese momento el pastel.

Sin embargo, poco después del encontronazo de la policía, Elize se pone nerviosa y vuelve hacia Sao Paulo. Deja el cuerpo descuartizado de su marido en Cotiá. Vuelve a casa. A los pocos días, Elize confiesa su crimen.

¿Por qué lo hizo?

La cuestión es el motivo del crimen porque muchos hombres son infieles a sus mujeres y no acaban descuartizados en tres mochilas. Se establecen varias teorías sobre la discusión en la que se enzarzaron Marco y Elize durante esa noche fatídica. Está la teoría de que ella le acusó de tener a una amante, una prostituta. Por su parte Marco soltó a su mujer que era ella la que había vuelto a la prostitución y tenía a un amante con el que se gastaba su dinero.

Marco era aficionado a la caza y tenía numerosas armas en casa.

La teoría más plausible sobre la discusión de pareja es que Elize le echa en en cara a Marco que la está engañando, y él la amenaza con quitarle la custodia de su hija. Ella coge una pistola y le dispara. Pero el misterio queda abierto.

Su hija vive en la actualidad con una tía.

Puedes ver “Elize Matsunaga” en Netflix.

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