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“The Crown” no acaba aquí

La serie del año

“The Crown”, la serie que puedes ver en Netflix, no ha acabado. Aún faltan dos temporadas que abarcan la vida de Isabel II que ahora mismo se encuentra enferma, y algunos dicen, que al borde de la muerte. Todavía falta por contar la historia de los Windsor en el siglo XXI, y no sabemos si los guionistas van a tener la misma libertad y capacidad de riesgo que han tenido hasta ahora a la hora de escribir sus guiones porque nos acercamos a aguas cenagosas, con el escándalo del príncipe Andrés a la que una menor le había acusado de haber mantenido relaciones de sexuales con ella dentro del mundo de corrupción y trata que tenía Harry Epstein y las acusaciones de racismo de Harry hacia la familia real. Es la serie del año.

Pr cierto, aviso a navegantes: “The Crown” se acabará en su sexta temporada. Hay que recordar que es una de las series más caras de la historia de la ficción televisiva, con un presupuesto que asciende a 260 millones de dólares.

La quinta temporada está prevista que se estrene en noviembre de 2022, justo dentro de un año.

Una representación de una familia a la que no quiero pertenecer: Los Windsor, madre mía qué miedito.

Los Windsor en decadencia

Sólo el heredero, William, ha mantenido su integridad como relevo dentro de la familia real. El resto se ha visto salpicado por los escándalos o ha querido alejarse de los Windsor como si fueran una maldición bíblica como es el caso de Harry y Meghan.

La sombra de Diana es alargada desde que murió en un accidente de tráfico en París.

Por cierto me pregunta mi madre que es una fiel y ávida espectadora de The Crown: ¿tu ves a Meghan negra?

-Esa mujer no es negra.

-Mama, eso es muy políticamente incorrecto.

Pero mi madre es sobretodo políticamente incorrecta y muy inteligente, aunque su ironía me deje apabullada a veces.

En la llamada ritual de todos los domingos (mamá vive en Málaga y la menda en Madrid) mi madre se centra en las Femen:

-Que se vayan a Afganistan a gritar en una mezquita: quiero que coman la almeja.

-Mamá…

-Ah, no, a eso no se atreven.

Jugosa quinta temporada

Pero volvamos a “The Crown”. ¿Qué es lo que nos espera en las dos temporadas que nos quedan de la serie?

Pues hay tomate en la saga Windsor, la verdad.

En primer lugar, Olivia Coleman pasa el testigo a Imelda Staunton, una actriz que me chifla, así que estoy de enhorabuena.

Las tramas versarán sobre Lady Di que acababa la cuarta temporada dándose cuenta de que su matrimonio con Carlos no tenía ningun futuro. En la quinta temporada asistiremos al culebrón amoroso de Diana con Dodi Al-Fayed, y sus tensiones con la reina, así como su intento desesperado por escapar de una familia y un estilo de vida, que aborrece.

Naturalmente nos meteremos de lleno en la mayor crisis de la monarquía de los Winsdor: la muerte de Diana y la desafección de la reina ante la tragedia.

La serie del año

Oliver Dowden, el Secretario de Cultura británico, obligó a Netflix que pusiera un aviso al principio de cada capítulo de la cuarta temporada asegurando que “The crown” se trataba de ficción, no de realidad. Aunque ha sido precisamente la cuarta temporada de la serie que trata los graves problemas de bulimia y depresión de Diana, y la crónica de un matrimonio que nació muerto, el de Lady Di con el heredero al trono, la que me ha parecido más realista.

Harry es el nieto que le ha salido rana a Isabel II.

Sin embargo, Harry ha metido cuchara en la serie y ha opinado sobre ella diciendo que “representa bien la presión de poner el deber y el servicio por encima de todo lo demás”.

Seguro que a su abuela le ha encantado la perla de su nieto-rana.

Puedes ver “The Crown” en Netflix.

La serie del año.

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“Feel Good” reinventa la comedia romántica

Uno de los logros de Mae Martin es que ha reinventado la comedia romántica. En una de sus historias puede mezclar su pasada adicción a la cocaína, el hecho de que no puede alcanzar el clímax con su novia -de quien está profundamente enamorada-, su inseguridad física y psíquica, sus sensaciones amorosas y sexuales en un solo chute de ficción. La serie de la que todo el mundo habla.

“Feel Good” es descacharrante, risas y carcajadas por arte de birlibirloquelágrimas y angustia porque también es una historia tremendamente triste. Nace de un monólogo de humor de Mae que se llama “Dope”, es decir, droga.

La serie de la que todo el mundo habla

Lo original es que Martin escribe sobre temas que no solemos asociar en una comedia romántica: las recaídas en la droga, las adicciones en el amor, las relaciones tóxicas, la depresión y la ansiedad se amalgaman con el romanticismo más desaforado, la esperanza y el anhelo de felicidad.

“Feel Good” es algo nuevo, una historia que no has visto antes porque nadie la ha contado antes. “Me pasa también con la comedia stand up. Descubrí que cuando era más personal y cuanto más sincera me ponía sobre quién soy, más gente se enganchaba. La serie es una extensión de eso. Revelar secretos me ha funcionado”, asegura Mae Martin.

Romper en los tiempos de Tinder

Rastreando por internet, te encuentras con sus monólogos de humor en YouTube y descubres que también su comedia stand upes algo refrescante y diferente. Desde cómo cambiar la configuración de Tinder cuando rompes con tu pareja a su obsesión con Bette Midler, desde su ira por una novia que se lo ha llevado todo a la presión de los periodistas cuando le preguntan en una entrevista si es gay o sobre lo que supone salir con hombre y la diferencia que hay con hacerlo con mujeres. Todo cabe en un cajón de sastre hecho a su medida.

Puedes ver “Feel Good” en Netflix.

La serie de la que todo el mundo habla.

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“La asistenta”: Una serie feminista

Me encanta que Alex no acabe con Nate, recurriendo a la salida fácil de depender de un hombre con economía fluida, me gusta que, aunque Alex acepte el cobijo de Sean porque no tiene donde caerse muerta, no vuelva con su ex. Me encanta que Alex Russell quiera estar sola, decida estar sola, y esté sola, aunque se equivoque, y crea que Sean puede cambiar, y reconecte con él porque eso es humano pero al final decida no volver atrás en su vida, no retomar viejos patrones mentales y de conducta como si no hubiera aprendido nada del sufrimiento que ha pasado. La mejor serie feminista.

El sufrimiento será tu mejor maestro si no te convierte en su esclavo, dijo Concepción Arenal. ¡Ya vale con esa milonga del amor romántico que nos han metido a las mujeres en vena! ¡Coño, basta ya, menuda matraca con esos mitos del amor salvador que luego nos deja a expensas de los hombres, y nos impele a callarnos la boca y a aguantar movidas que no hay que aguantar!

Por esa razón, y otras muchas, celebro una serie como “La asistenta”

Ya vale de tanta pamema, tanta ñoñería romántica en la que parece que la única y exclusiva misión en la vida de una mujer es enamorarse de un hombre y que este se enamore de ella, vivir una historia de amor de cuento de hadas (que nunca sucede en la realidad, avisa a navegantes) y acabar felices como perdices forever.

Bueno, estas creencias hacen mucho daño a las mujeres y hacen que muchas veces sus historias de no amor disfrazadas de amor acaben como el rosario de la aurora. Una serie como “La asistenta” hace mucho bien porque nos cuenta que, al final, la mayor historia de amor que podemos vivir es con nosotras mismas.

Andie McDowell está brutal como madre de Alex, diagnosticada de bipolaridad.

Sin embargo Alex es tentada. Primero por el dulce Nate, con sus ojos oscuros rebosantes de generosidad y amor, quien, además, tan bien se ha portado con Alex, acogiéndola en su casa junto a su madre que es bipolar y su hija Maddy, ofreciéndole la posibilidad de llevar a su hija a una guardería enrollada de Fisher’s Island, hasta dándole la posibilidad de ir a montar en un poni de su propiedad. El majo Nate que encima está buenorro.

-Ahora no puedo tener una relación-dice Alex a Nate cuando éste la invita a cenar.

Alex también es tentada por el sobrio y reformado Sean, el padre de su hija Maddy. No hay ningúna acción en guion que no esté motivada por la psicología del personaje, por el cambio de las relaciones humanas, y las emociones cambiantes en Alex Russell.

Alex limpiando las tumbonas del jardín de Regina. Mucho que limpiar para sobrevivir.

Por otra parte, Alex necesitaba que alguien le quitase la venda que tenía puesta y le diese un bofetada metafórica para caerse del guindo de una puñetera vez y ese alguien es Danielle, con su arrebato tan auténtico como doloroso.

Todo lo que dice es verdad. Es verdad que es mejor estar enfadada que deprimida, y mucho mejor estar en paz que enfadada, y mucho mejor ser feliz. Disfrutad, nenas. La mejor serie feminista.

Puedes ver “La asistenta” en Netflix, la serie más feminista del momento, sin que ningún personaje pronuncie, ni una sola vez, la palabra “feminista”.

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“La asistenta”: el arte del guion

En la serie, “La asistenta”, el capítulo 6 titulado “El ladrón” marca un hito en el arte del guion por poderosas razones y también es un buen ejemplo sobre lo que hablo, una y otra vez, en mi blog: de escribir en contra de las expectativas del espectador. El episodio empieza de la forma más normal, cotidiana, y familiar del mundo de cualquier madre que trabaje: su hija pequeña (casi tres años) está enferma y ella tiene que ir a trabajar. En el caso de Alex, el conflicto es más radical porque no puede contar ni con su marido (Sean, del que esta separada) ni con su madre, y no puede faltar al el trabajo porque la despedirían. Cómo escribir un buen guion.

El guionista es Colin McKeena.

La estructura del guion del episodio “El ladrón” es la siguiente: Maddy, la hija pequeña de Alex, se levanta muy acatarrada pero no tiene fiebre (si tiene fiebre no admitirían a la niña en la guardería, y al guionista no les interesa eso como ya veremos más adelante) Alex se pone en marcha y viene la secuencia de intentos fallidos: primero llama al trabajo para pedirse el día pero su jefa no se lo permite, luego recurre a a su madre, Paula, pero ésta no le coge el teléfono a su hija, a continuación Alex le pide a su ex marido, Sean, que se quede con Maddy pero éste trabaja un doble turno y le dice que no.

Andie McDowell interpreta a la madre bipolar de Alex Russell, la protagonista de “La asistenta”

Progresión dramática

Esta secuencia de hechos supone la progresión dramática de la historia: Alex lleva a la guardería a Maddy, y allí le dicen que no ha pagado la parte que le corresponde, Alex logra negociar un aplazamiento. y una de las cuidadoras coge a Maddy , advirtiendo a Alex que si la niña tiene fiebre, se tendrá que llevar a su hija.

En cuanto Alex llega a la casa que tiene que limpiar, un chalet destartalado que se encuentra al lado del bosque, su jefa le dice que pertenecía a Billy alias “Pies descalzos”, un adolescente problemático que solía robar en las casas vecinas, arrestado varias veces por la policía, y que había pasado varias temporadas en un reformatorio para delincuentes juveniles.

Margaret Qualley interpreta con mucha verdad a Alex Russell.

Conexión emocional

La madre de Billy ha muerto y Alex y su compañera tienen que limpiar su casa para que la inmobiliaria la ponga a la venta en condiciones. Mientras realizan la limpieza a fondo del inmueble, Alex descubre que la madre de Billy era una maltratadora que no solo encerraba a su hijo Billy en un agujero a oscuras sino que además también tenía algunos elementos decorativos nazis.

Lo importante para el guionista es establecer la conexión entre Alex y el chico Billy alias “Pies descalzos”. Alex sueña y avanza por el bosque creyendo que es Billy, esos sueños se repiten de forma obsesiva, va descalza como Billy, se acerca a su casa, vive en el bosque como “Pies descalzos”. Es él. Esos sueños obsesivos se repiten una y otra vez a lo largo del episodio. Alex es Billy.

La historia avanza en su progresión dramática, cuando Alex descubre un escondrijo en la cocina, donde la madre de Billy encerraba a su hijo y se mete dentro, la puerta se cierra y Alex sufre un ataque de pánico, tiene un flashback volviendo a su infancia en la que ella es una niña encerrada en un armarito debajo del fregadero en la cocina de su casa mientras sus padres se pelean. La niña interior sufre, está asustada, y secuestra emocionalmente a la adulta que es Alex. Su madre también encerraba a la chica cuando era niña, esa madre pirada, irresponsable, que se largó a Alaska a las primeras de cambio, con ella, abandonando a su padre. Alex le pregunta a su padre por qué su madre la cogió a ella de cría y se marchó a Alaska, abandonándole, y su padre responde que Paula, su madre, iría detrás de algún hombre del que se habría colgado. Esa es la historia que se cree Alex.

Es tan profundo este episodio, tan importante y tan vital que me dan ganas de celebrarlo escribiendo este post.

Colin McKeena es un guionista genial porque nos va llevando, suavemente, con mano delicada, al trasfondo de una historia que no es lo que parece.

Una historia de superación y amor a si misma de Alex Russell.

Maddy tiene fiebre y no puede quedarse en la guardería. Al único que le queda por pedir ayuda a Alex es a su padre con el que no se relaciona. Esperamos que su padre la rechace. Son nuestras expectativas como espectador. Cómo escribir un buen guion.

El padre de Alex se ha vuelto a casar, tiene una nueva familia, dos hijas nuevas y se ha convertido en cristiano fundamentalista. Tenemos un mal de recuerdo de él porque al principio de la serie cuando Alex tiene el accidente de coche, con Maddy dentro, y llama a su padre para pedirle ayuda este viendo que su hija y su nieta están desamparadas no les ofrece refugio en su propia casa y las deja en plena noche en la estación del ferry, donde Alex tiene que pasar toda la noche con Maddy.

Sin embargo, cuando Alex llama a su puerta esta vez, su padre se muestra amable, dispuesto a ayudar a su hija cuidando de su hija mientras Alex limpia la casa de la madre de Billy “Pies descalzos” y además ofrece su casa como refugio para su hija y nieta se queden el tiempo que necesiten.

Escribir en contra de las expectativas del espectador.

Padre e hija se unen, su padre tiene la decencia de pedir perdón a Alex por haberla dejado esa noche, en la estación del ferry, Alex lo perdona. Ambos hablan del pasado, porqué él y su madre se divorciaron. El padre confiesa que la madre de Alex le asustaba, y su hija le comprende.

Este es una secuencia clave porque establece una versión de la historia de la vida de Alex que Alex se cree porque su padre es dulce y comprensivo y su madre no es fiable por su inestabilidad mental. Además ella nunca le ha contado nada a su hija de porqué abandonó a su padre, la cogió a ella y se marcharon

Como espectadores también esperamos que Billy “Pies descalzos” vuelva a su casa ahora que su madre ha muerto, y robe en su propia casa como ha hecho en tantas otras casas en la localidad, como esperamos que Alex lo pille con las manos en la masa y Billy se enfrente a ella.

Nada de lo que esperamos sucede en la historia. Y eso está muy bien. Los tiros no van por ahí. Y ese es el arte del guion.

Alex ve movimientos de arbustos en el bosque y sabemos que ahí está escondido, Billy, acechando su propia casa en la que no puede entrar sino es de extranjis. Alex incluso coge un paquete de Doritos, que sabe que a Billy le gustan mucho, y los deja cerca de los helechos que ella ve moverse desde la ventana de la casa

El círculo cerrado de la violencia machista

Su padre se porta bien con Alex, le ofrece su casa para que se quede con Maddy, es amable y dulce con ella, cuida de su nieta con cariño, y su mujer es amable también. Hay ambiente de hogar y Alex se siente bien. Por fin tiene un refugio en la vida: la casa de su padre.

Pero durante los muchos flashbacks a su infancia en los que Alex revive su terrible momento de terror: ella de niña encerrándose en el armario de la cocina, a oscuras, mientras sus padres tienen un violenta discusión, y la niña Alex tiembla de miedo, descubrimos la atroz verdad.

De repente, la puerta del armarito se abre y aparece su madre con la cara ensangrentada y hecha polvo. Su padre la ha pegado. Paula tranquiliza a su hija y la calma.

Su padre maltrataba a su madre. Se cierra el círculo de la violencia machista que pasa de abuelas a madres, de madres a hijas, de hijas a nietas.

Alex corre a casa de su padre y se lleva a Maddy con ella. Rompe relaciones con su progenitor.

Su madre no se fue a Alaska con su hija, persiguiendo a un nuevo novio como le contó papá, su madre se marchó porque él la maltrataba.

Bueno, pongámosle cara al guionista que escribió el capítulo de “El ladrón”: Colin McKeena.

Colin es autor de interesantes obras
de teatro y vive en Nueva York.

Puedes ver “La asistenta” en Netflix. Es una obra maestra.

Cómo escribir un buen guion.

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“Heridas abiertas”: el círculo de la matrofobia

Adora odia a su hija mayor, Camille. A su vez, la madre de Adora la odiaba a ella. Es el círculo de la matrofobia que se perpetúa generación tras generación en la serie “Heridas abiertas”. Camille decide alejarse de su madre como estrategia de defensa. En cuanto cumple de 18 años, Camille se larga de Wind Gap para hacerse periodista en Saint Louis. Frente a su madre, se muestra pasiva y agotada, distante y llena de barreras. Más estrategias de defensa. Odio a mamá.

“Heridas abiertas” es una adaptación de la novela homónima de Gillian Flynn. A Flynn le van las familias disfuncionales, las relaciones tóxicas entre madres e hijas, las atmósferas claustrofóbicas e insanas en el Sur de Estados Unidos. Ese mundo ya existía en la novela que la hizo famosa como escritora: “Pérdida”.

Cuidado, que llega Adora, y te puede comer.

Un sur que se derrumba, pueblos que se convierten en óxido, jóvenes que se desesperan más allá de la desesperación, y un matriarcado de mujeres frustradas e insatisfechas que se alcoholizan al caer la tarde. Un agujero sin salida, Wind Gap, el lugar del que te quieres marchar si eres lo suficientemente lista para darte cuenta de que ese pueblo te cortará las alas.

La adolescente Camille Preaker, pelo corto, chicazo, personalidad independiente y fiera, escucha obsesivamente a Johnny Cash mientras imagina planes de fuga de su vida, lejos de mamá, letal y tóxica, en su macerada maldad en amarettos caros a las ocho de la tarde.

Adaptación de un thriller psicológico

Flynn es una maestra del thriller psicológico. “Heridas abiertas” es su primera novela, tras quedarse sin trabajo como periodista cuando empezó la crisis del papel en Estados Unidos, Flynn se recicló como escritora, lo cual también hicieron muchos periodistas en paro. De ahí la explosión de thrillers muy bien documentados, escritos con ritmo y de forma directa, fruto de aprovechar las mejores esencias del oficio de plumilla.

Odio a mamá

Lo primero que sorprende al comparar la novela y la serie es el tema de los cortes que se inflige Camille. En la novela de Flynn, el acto de cortarse a sí misma está omnipresente desde la primera página, descrito muy expresivamente y es un método de Camille Preaker para liberar su dolor psicológico.

Ojo, “Heridas abiertas” no trata de los asesinatos de unas niñas en un pueblo perdido y decadente del Sur de Estados Unidos dedicado a la explotación de granjas porcinas. No. “Heridas abiertas” trata del trauma de una mujer, Camille Preaker, de su horrorosa infancia, de su relación jodida con una madre que no es que no la quiera, es que la boicotea y busca destruirla lentamente.

La gran dificultad de adaptar la novela “Heridas abiertas” a guion es que la voz interior de Camille es muy poderosa en la novela, y eso se salva gracias a la interpretación misteriosa e hipnótica de Amy Adams, esa mirada oscura y magnética, esos ojos inteligentes y melancólicos que te expresan su diálogo interior mucho mejor cualquier voz en off.

¿No os recuerdo mucho este plano a las pelis de Gus Van Sant?

Camille mira mientras conduce, entrando en Wind Gap. Su mirada intensa y evocadora de un pasado maldito, crece lista, crece triste, lo dice todo.

Odio a mamá.

Puedes ver “Heridas abiertas” en HBO.

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Cómo escribir los giros de guion para que sean eficaces narrativamente. “Bloodline”

“Bloodline” es una serie más interesante de lo que parece a primera vista y tiene a la familia como oscuro, infinito material para escribir. Atención spoiler. Voy a hablar de cómo se prepara un giro de guion para que sea eficaz en la progresión dramática de la historia y tenga un impacto narrativo potente.

En la primera temporada de “Bloodline”, vemos la secuencia brutal en la que Sam Shepard, quien interpreta a Robert Rayburn, padre de la familia protagonista de la serie, pide a su hijo Danny, que se largue de casa porque es lo mejor para todos, y se lo pide porque “quiere proteger a su familia”.

-Soy tu hijo-dice Danny.

Pero el lado mezquino de Robert sale a la superficie y expulsa a su hijo del paraíso de los Cayos de Florida porque le sigue culpando de la muerte de su hija Sarah hace un porrón de años.

Sam Shepard (Robert Rayburn) and Ben Mendelsohn (Danny Rayburn) protagonizan una secuencia clave en “Bloodline”, que prepara la importancia del giro de guion que va a suceder.

Bueno, es un poco raro. Porque precisamente Danny acaba de salvar a su padre cuando sufrió un derrame cerebral mientras estaba navegando en canoa por los Cayos, y su padre no estaba seguro de qué hacer con el testamento, si desheredar a su hijo o no, y parece que su relación había mejorado. Pero, obviamente, era un impresión falsa.

Esta secuencia prepara el terreno para el giro de guion que viene poco después: Robert Rayburn muere. Danny decide quedarse en la casa familiar, con la perturbación que su decisión acarrea para su familia.

Los guionistas han preparado el terreno para que la muerte de Robert tenga un efecto aún más dramático en la historia. Ahora Danny oculta la decisión de su padre y se queda en casa sí o sí. La muerte de Robert es inapelable en el guion de “Bloodline”. No queda otra opción.

El problema de Bloodline

El problema y gordo de Bloodline es que las tramas avanzan con mucha lentitud, hay muchas secuencias de relleno, el misterio de la chica hispana muerta, por ejemplo, se mueve a paso de tortuga, el único personaje que se hace interesante es el de Danny Rayburn interpretado por Ben Mendelsohn, porque es al único al que le pasan cosas dramáticas de verdad y tiene un conflicto tenso con su padre, sus hermanos, y también, aunque en menor medida, con su madre.

Los showrunners de “Bloodline” son los mismo creadores de la serie “Damages” y eso conlleva un sello de prestigio y éxito. Pero la fuerza dramática que poseía “Damages” se diluye en “Bloodline” a medida que la serie avanza, y se colapsa en su segunda y tercera temporada.

La historia del hijo pródigo se resuelve en una miniserie de seis episodios como mucho. Aquí se marea la perdiz demasiado, perdiendo de vista la progresión dramática, una vez que se acaba la primera temporada. Lo que pasa es que los actores están tan geniales que sigues viendo la serie porque ellos te enganchan, y dices, venga, un poco más. Se echa de menos a un personaje tan potente como Gleen Close en “Damages”.

Danny tiene que responder al tercer grado al que le somete su hermano John.

Puedes ver “Bloodline” en Netflix.

“La directora”: ojalá no pierda sus dos puntos originales

Me entretiene y me relaja ver “La directora”, una comedia con más trasfondo del que parece, que habla de machismo, racismo, techo de cristal y patriarcado hegemónico con la ironía que merece, es una comedia, no un drama. Sólo espero que la serie no pierda sus dos puntos originales: el personaje de Sandra Oh y los temas sociales y políticos que trata, con sumo sarcasmo y descreimiento.

El personaje de Sandra Oh, una profesora de literatura inglesa de origen coreano consagrada a su trabajo y que ha adoptado a una niña mejicana, Ju ju, con la que la relación no es estrecha es lo mejor de la serie. Por favor que no le robe protagonista el profesor encantador y desastroso Bill Dobson, quien mola pero está más visto que el tebeo. Es un cliché. Sin embargo el personaje que interpreta Sandra Oh no lo es. Me quedo también con la caterva de profesores carcamales viejales que se resisten a jubilarse en una Universidad cada vez más mercantilizada y pendiente de las redes sociales.

Sandra Oh recibe una patata caliente en la mano cuando le dan el puesto de directora del Departamento de Inglés de la Universidad Pembroke.

Como dice Sandra Oh a a uno de los profesores más seniors, destronado de su trono hegemónico como máster del universo en el departamento, para animarle a escribir una buena carta de recomendación a una joven profesora negra para que por fin sea titular merecidamente:

-Yaz tiene a ocho mil seguidores en Twitter. Más que todos nosotros juntos.

-Jesucristo sólo tenía 12. Menudo perdedor.

Sólo espero que Bill Dobson no se coma a Sandra Oh, ni que la historia derive hacia una previsible historia de amor y tensión sexual resuelta entre ambos.

  

Puedes ver “La directora” en Netflix.

El poni de Danny en “Bloodline”

No es fácil ser Danny Rayburn. Al personaje de la serie “Bloodline” lo interpreta el actor australiano Ben Mendelsohn, con increíble vulnerabilidad y empatía. Danny ha hecho algo terrible en el pasado que nadie en su familia parece perdonarle, sin embargo, es el personaje con quien más me identifico en la serie “Bloodline”, una joya escondida en el cofre revuelto y lleno de altibajos de Netflix, a la que me he enganchado.

Hoy voy a hablaros de un recurso narrativo muy utilizado y eficaz en guion: el poni. ¿Qué es el poni? El poni es el trauma de un personaje, aquel hecho desgraciado que lastra su personalidad y su psique y determina su comportamiento como personaje. Los ponis tienen que ser graves, el de Danny es haber matado por accidente en el mar a su hermana Sarah, cuando eran niños. Sarah era el ojito derecho de su padre. Su madre ha perdonado a Danny. Su padre, no. Esa es la base de “Bloodline”. Sin el poni de Danny, no existiría Danny ni la serie.

La segunda temporada de “Bloodline” no está a la altura de la primera.

El poni de Danny

En “Bloodline”, el padre no perdona a su hijo Danny. Cuando Sarah muere, le da una paliza a su primogénito y le fractura el hombro, años más tarde, Robert Rayburn le pide a Meg, su hija abogada, que cambie el testamento y desherede a Danny. Guau. La familia da el mejor material para escribir ficción.

Como espectadora no puedes evitar ponerte del lado de Danny, por muchos problemas y torturas mentales y una adicción a los analgésicos que arrastre el hombre, ya que sus hermanas lo tratan como a un paria, como a un intruso al que interrogan, aprietan las tuercas, un tipo que siempre tiene que dar explicaciones a su propia familia.

Es cierto que Ben Mendelsohn interpreta a su personaje, con una incomodidad física y mental, un agobio psíquico tan doloroso que traspasan la pantalla. Pese a que Danny es un desastre, lo entiendes. Entiendes que quiera volver a casa, entiendes que esté cansado y vacío, entiendes que se ha hecho mayor, entiendes, a la vez, su miedo a volver a casa, y entiendes esa cansada paciencia con el rechazo de sus hermanos, y la cerrazón de su padre. De hecho, solo su madre le tiende una mano y le ofrece un trabajo en las excursiones de buceo con los clientes del hotel.

-Sigue siendo mi hijo-dice Sissy Spacek.

Sus ojos son sus mejores armas de interpretación.

Brutal elenco de actores: Linda Cardellini, Sam Shepard, Kyle Chandler y Ben Mendelsohn.

El poni en Danny es tan importante porque el tema de la serie es que las tragedias del pasado no se pueden reparar, ni borrar, porque el pasado no se puede rebobinar ni cambiar un accidente: la muerte de la dulce niña Sarah, y seguir adelante como si no hubiera pasado nada.

El slogan de la serie es: “No somos mala gente, aunque hayamos hecho algo malo”.

La frontera entre el bien y el mal, el límite ético borroso entre la culpa y la fatalidad, el no querer hacer daño y hacer daño, están muy bien contados en la primera temporada de la serie.

Puedes ver “Bloodline” en Netflix.

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Hacer comedia de la adicción. Feel good

Mae Martin es diferente a todas las cómicas que hayas visto hasta ahora. Puede que no te haga gracia, puede que sí te haga mucha, pero lo importante es el giro de guion que le da a su serie, en Netflix, Feel good: empezar por el final porque su ficción comienza justo donde acaban todas las comedias que hemos visto hasta ahora. Dos chicas se enamoran, todo va de maravilla, y de repente se dan cuentan de que no se conocen realmente y que ocultan partes de su identidad y pasado, sobre todo Martin, para gustar a la otra.

¿De qué va Feel Good? Va de que quizás el amor no sea tan bueno como nos lo venden, quizás sea tan malo como la droga, quizás Mae Martin no esté enamorada de George, su preciosa rosa inglesa con una aire a Kate Middleton más agreste y rotundo, y sólo sea adicta a ella para sentirse bien. El tema de Feel Good es la adicción al amor y la maduración personal.

Feel Good es autobiográfica. La serie empezó a emitirse en Channel Four, para pasar luego a Netflix.

Rehabilitación

No solemos escuchar muchos chistes sobre salir de reahabilitación, y menos sobre tener ataques de pánico, sí sobre un amor imperfecto como el de Mae y George pero nadie puede negar que Feel Good es original, y Mae Martin, esa chica tan rara que hace comedia es el referente de una generación confusa, bisexual, y que pretende arreglarse el coco ella misma y fracasa, una generación vulnerable y confusa, al hilo del Girls de Lena Dunham, chicas con talento, y un montón de haters a sus espaldas, me imagino que a Martin la pondrán a caldo porque no tiene tetas y parece un tío, eh, macho ¿te he pedido yo tu opinión? y porque a muchos tíos no les hace gracia, como al pavo de la Chocita del Loro, bueno a mi sí me hace gracias y estoy de chistes de lefa y pajas y pedos que se se aguantan los tíos en su primera cita hasta el moño. Aire fresco, please. Mujeres que hacen humor desde su actitud ante la vida y sin imitar a los hombres: nuestra querídisima Mae Martin, la chica rara que se convirtió en mariposa al cumplir los treinta años.

Es rehab. Entras mal y sales bien.

Mae Martin

Conecto con el humor negro-friki, que a fuerza de arranques de vulnerabilidad, genera Mae Martin, con sus choques rarunos con la realidad: mitad absurda, mitad cruel. Impagable la secuencia de su entrevista con una pirada agente de éxito a la que quiere impresionar para que la represente:

Lo que me gusta de ti es que eres muy actual, eres adicta, tienes ansiedad, eres transexual.

La agente a Mae Martin.

Lisa Kudrow ha crecido, y ha dejado de ser Peter Pan para convertirse en la rígida, sin filtro, directa y tajante madre de Mae Martin, a quien pone de los nervios, pero también la quiere, es su madre y encima le da un montón de material para sus monólogos.

¿Queréis entrar?

Ni de broma.

Mae Martin a sus padres frente al centro de rehabilitación.

Feel Good pasa en Manchester, (Inglaterra)

El amor adictivo, ay, ay, eso me suena, de Mae Martin hacia George hace que recaiga en su adicción a la cocaína, no te castigues tanto por una noche de coca Martin, pero como dice ella:

-Solo quiero madurar y dejar de ser Peter Pan-cuenta en un arranque de vulnerabilidad.

Bienvenida al club.

No lo vas a tener fácil, Mae. No por nada tu ex novia dice de tu tendencia a idealizarla para luego decepcionarte:

-Está obsesionada conmigo. Me escribió esta oda a mis codos y mis codos son horribles.

La vida imperfecta de la gente, amigos frikis y loosers, no por ese orden, como Phil. Y las bromas habituales sobre los no binarios, los que no se identifican como mujer ni hombre y esa manía de etiquetarlo todo de la modernidad.

Ya no me identifico con ser mujer. Más bien con ser Ryan Gosling.

Mae Martin

Mi película favorita de Ryan Gosling es Half Nelson, un película que os recomiendo.

Ja, ja, ja, qué lista nena.

Puedes ver ya la segunda temporada de Feel Good en Netflix.

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