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“Rapa”: alta pereza pero me equivoco

Vale, me da alta pereza ver “Rapa”, pero me obligo a mí misma a hacerlo porque quiero escribir un artículo sobre la serie en el blog. La historia se situa en Sierra de la Capelada, en Galicia. Una tierra antigua, de altos acantilados sobre el mar, donde los caballos viven libres. Salvo un día: el de la “rapa das bestas”. Una tradición que sintetiza lo bello y lo salvaje de un territorio por lo general tranquilo, pero que resulta ser ahora el escenario de un crimen. Buscar al asesino de Amparo Seoane, la alcaldesa de la localidad, será el objetivo común de Tomás, un profesor frustrado, y de Maite, una sargento de la Guardia Civil.

Antes una reflexión sobre la cabecera de las series españolas. Desde que se estrenó “True Detective”, las series españolas empezaron a imitar la cabecera de la ficción de Nic Pizzolatto, rostros emergentes sobre fondos de pueblos, lagunas, cadáveres que se desintegran, una canción hipnótica, carteles de carretera. Pero viendo “Rapa” me doy cuenta de su cabecera imita la intro de “Atrapados”, el thriller islandés. Qué grande. Paisajes y texturas, piel humana, en vez de cicatrices y espaldas, palma de una mano y sangre, y en sustitución de montañas y playas heladas, playas de arena gris y olas que se rizan de espuma, ojos humanos, ojos de caballo, niebla y acantilados, montes y farolas, bruma. Galicia e Islandia. Pues la verdad es que atrae.

Me sorprende la serie porque empieza con una secuencia atmósférica de niebla y monte, cielos cargados de nubes, planos desenfocados y enfocados, un clima claustrofóbico, no empieza con el típico plano general.

Luego enseguida “Rapa” me engancha porque me encantan los actores, Javier Cámara demuestra que es camaleónico y hace creíble a ese profesor de Literatura friqui y frustrado, que suelta lo primero que se le pasa por la cabeza, y también me chifla Mónica López, actriz a la que descubrí en la película “En la ciudad” de Cesc Gay. Aquí interpreta a la sargento de la Guradia Civil, Maite, que mantiene una relación esporádica de amante con Jorge Bosch, actor que interpreta al inspector jefe que viene de Madrid, otro actor que me gusta mucho.

“Rapa” me fascina. De repente, me doy cuenta de que estaba equivocada- Todo por mis malditos prejuicios hacia las series españolas.

Hay muchas cosas que me consuelan en la serie. La primera es que no se trata de una ficción truculenta, ni violenta, ni desoladora ni posapocalíptica, en la que la gente es malvada por naturaleza, y se dedica a odiar y dañar a sus congéneres. Minipunto positivo a favor de “Rapa”.

La segunda razón es que los guionistas eluden jugar sobre la pregunta ¿quién lo hizo? Muy pronto ya sabemos quién lo hizo, de hecho, el punto de vista de la asesina, (una mujer normal), está muy presente en el desarrollo de las tramas de “Rapa”. Entonces como espectadora te intriga conocer sus motivaciones, saber qué ha pasado, indagar en los porqués de semejante crimen, bucear en el pasado y encontrar las claves de asesinato de Amparo Seoane, la alcaldesa de Cedeira. Segundo mini punto positivo a favor.

La tercera razón es que importa mucho más el contexto humano que la trama detectivesca. Tercer mini punto positivo para “Rapa”.

Al evitar pivotar la trama de continuación en el quién lo hizo, nos ahorramos giros y más giros rocambolescos de muchos thrillers, muchos falsos culpables, otros tantos callejones sin salida, y un agotamiento al haber visto muchas series que siguen esta fórmula manida en la que o innovas mucho o la cagas. En “Rapa” no es el caso. Sabemos quien lo hizo desde el principio. Aunque no sabemos porqué lo hizo.

Y luego están los paisajes de Galicia, acantilados y prados, sus montes y mares hermosísimos, sus cruces frente al mar, un pueblo que acumula tanta belleza como Cedeira, con sus bares y restaurantes, su marisco, sus percebes estelares y su caldeirada, sus costumbres populares como la “Rapa das bestas”.

A continuación se encuentra Javier Cámara, que lo hace francamente bien como profesor de Literatura irónico y huérfano, que vive para leer, y que se frustra al escribir porque “se sufre mucho”. El actor encarna a Tomás, que se implica en la investigación y traba amistad con Maite, para dar un sentido a su vida y escribir una novela que nunca escribe.

La serie es maravillosa. Y nos habla de cómo se tronza la vida en un segundo, cómo la injusticia pervive y los ricos siguen siendo ricos y los pobres siguen siendo pobres, acumulando mala suerte. “Rapa” también nos habla del fracaso, de que los sueños no se cumplen y nadie consigue sus objetivos, sólo los de siempre.

El capítulo final de “Rapa” te deja un regusto agridulce a melancolía y vulnerabilidad.

En conclusión: “Rapa” es una serie súper recomendable, con un ritmo sólido y una intriga eficaz, sin estridencias. La pareja formada por Javier Cámara y Mónica López tiene química y funciona con complicidad bien hilada.

La serie nos protege y nos ampara como un gran paraguas que nos salva de la lluvia y el frío, nos consuela y reconforta, con su niebla y modismos gallegos, dejándonos con ganas de más.

¡Ojalá haya segunda temporada de “Rapa”!

Como aperitivo os dejo el trailer:

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“Terapia de parejas”: la humanidad de la doctora Guralnik


“Terapia de parejas”: la humanidad de la doctora Guralnik. Guralnik, la psiquiatra y psicóloga de “Terapia de parejas” es un ser humano excepcional. Lo demuestra, no solo en el autentico deseo de ayudar a sus pacientes, sino también en la comprensión y aceptación de ellos como seres humanos.

-Sólo di lo que sientes. No te juzgo-dice Guralnik.

¡Ah qué maravilloso es el no juicio! Que liberación. Me acuerdo cuando iba a mi sesión con mi psicóloga Lucía Boto, de Alava Reyes, y percibía la misma ausencia de juicio en su persona, esa escucha activa e incondicional. Era como si Lucía me abriera, con su mirada, una espita en mi cerebro por la que salían mis miedos y angustias, salía esa oscura noche del alma por la que estaba pasando.

En Orna Guralnik vuelvo a reencontrarme con Lucía Boto, mi psicólogo, y me siento abierta, abierta a la vida, al dolor y la gloria, abierta al mundo, a lo que significa ser humana, abierta a ese tránsito por picos y valles mientras dure el viaje por esta tierra.

La doctora Guralnik dice a la doctora Goldner, la terapeuta que la revista a ella, eh, estamos en Nueva York, en un mundo judío muy cercano a Woody Allen, el único lugar parecido es Buenos Aires, donde tienen una barrio que se llama “Villa Freud”. Tan argentino. Tan…

De hecho, Orna cuenta que se siente cercana con sus pacientes, que también se encuentra al ‘otro lado’ porque ella ha pasado por situaciones muy parecidas, ha vivido sitaciones si no iguales al menos muy próximas. -Claro que los entiendo-dice Orna a Virginia que asiente, comprensiva. Otro personaje fascinante y sabio.

La doctora Guralnik tiene sesiones terapeúticas con sus pacientes que en realidad son experiencias de humanidad compartida, en las que desfilan miedos y deseos ocultos, arrepentimientos y culpas, frustraciones y enfados, amores y desamores.

La solución para que una pareja supere su crisis sentimental la resume Orna Guralink cuando dice:

-Las personas quieren cambiar a su pareja, pero mi experiencia me dice que sólo aquel o aquella que, por un esfuerzo supremo y un acto de amor al otro, se cambia sí mismo, se supera personalmente, logra superar la crisis de pareja. He visto muchas superaciones de mis pacientes. Nunca puedes cambiar al otro, pero siempre puedes cambiarte a ti mismo.

-Lo que van a pedirme es que cambie a sus pareja. Pero no es así como va-dice Guralnik.

Es verdad. Una verdad como una catedral. Una verdad como un piano.

No puedes cambiar a otro, sólo puedes cambiarte a ti mismo

Doctora Guralnik

En la segunda temporada de “Terapia de parejas” nos vamos al confinamiento por la Covid 19, lo cual me da alta pereza porque me recuerda a mí misma encerrada en casa con mi marido Gonzalo, y mi hijo Gonzalo jr, al principio feliz por estar en casa porque estaba pasando un infierno en la oficina, luego mordida por la incertitdumbre, dando saltos en el vacío, sin saber lo que iba a pasar orque la vida era como vivir dentro de una película de terror de serie B. El apocalipsis estaba pasando en vivo en la calle y se colaba por la voz de los locutores del Telediario

También me da un poco de bajón porque las parejas de la segunda temporada no me gustan tanto como las de la primera, qué pena. Sobre todo la formada por Trey, pobre hombre, y su frívola mujer, Lana, qué pesadilla estar casado con alguien que te considera débil porque has perdido tu trabajo.

Por suerte la pareja de gays consigue levantar el reality más fascinante y auténtico de la televisión.

Y como yo estoy enganchada a la personalidad, humanidad, y sabiduría de la doctora Guralnik, poco a poco me voy relajando y olvidando tanta videoconferencia por Zoom y esas imágenes desoladoras de calles vacías y ancianos enfermos, ese recuerdo tan vívido de una pandemia que nos afectó a todos y que nadie, absolutamiente nadie, vio venir.

“Terapia de parejas” es una acercamiento directo, sensible, y humano a los conflictos y crisis de varias parejas que están pasando un mal momento, En laserie documental, nos asomamos a la intimidad de varios matrimonios, a sus recovecos más profundos, sin escarbar en el morbo o en el amarillismo.

¡Qué alivio!

Lo mejor de esta serie documental de Showtime que puedes ver en Movistar + es la doctora Orna Guralnik. ¿No la conoces? Si la escuchas, descubriras a alguien fuera de lo común, que te puede enseñar mucho sobre…terapia de parejas.

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“Hijos de la nieve”, la trágica historia de las malas madres

Nordic noir en estado puro, los amantes del género están de enhorabuena. Una historia escalofriante sobre la desaparición de Lucas, un bebé de cinco semanas, en plenas Navidades. Nadie lo ha visto, nadie sabe donde está.

Siento algo perturbador, incómodo, un gancho que me remueve las entrañas cuando veo “Hijos de la nieve” y aún así siento la compulsión de seguir viendo la compulsiión de seguir viendola serie, ue en realidad es muy deprimente, pero supongo que soy una adicta al nordic noir y me consuela cuando el oscaso agoniza tras las ventanas de mi salón y el perfil del Pirulí hiere el cielo violeta oscura y el cansancio domina mi mente y mi cuerpo.

Hijos de la nieve nos cuenta la historia de unas personas que han perdido el rumbo en la vida y las cosas les van muy mal, francamente mal.

Seres humanos perdidos

Estamos en pleno diciembre, vísperas de Navidad, en un suburbio marginal a las afueras de Estocolmo. Una tormenta de nieve ha paralizado Suecia. Jenni, madre de dos hijos, nota la ausencia de uno de ellos. Es Lucas, de tan solo cinco semanas, quien ha desaparecido de su hogar. Ella no recuerda la última vez que lo vio y su otra hija, Nikole, sorda de nacimiento, permanece pasmada a su lado.

Jenni decide ir a visitar a su madre, Marianne, una tatuadora de mediana edad, para intentar refugiarse de su paranoia. Allí dos modelos de maternidad chocan y conocemos otra capa del personaje protagonista: Jenni es adicta a los somníferos y ex drogadicta. Tras discutir con su madre, decide acudir a la policía y de esa confesión emerge otra de las figuras principales. Alice, policía de Estocolmo, se hará cargo del caso de desaparición.

Por otra parte seguimos la historia de Marie, una enfermera pediátrica, que se enfrenta al sistema por intentar salvaguardar a una bebé, Rose, de su madre, que la mata de hambre, mientras cuida de su hermano discapacitado. Marie es un personaje increíble, con un inmenso corazón. La única que se preocupa en “Hijos de la nieve” de los bebés en estado de abandono y maltrato.

No es una serie policiaca al uso

El suspense se arraiga en el fracaso y la pérdida como seres humanos, no va de un policía persiguiendo a un asesino en serie.

“Hijos de la nieve” ha sido un fenómeno en Suecia y no es de extrañar. Esta ficción remueve el estómago de toda una sociedad, niños abandonados en un pasillo nevado, bebés que lloran y no son alimentados, madres que no se pueden levantar de la cama para atender a sus hijos, padres que llevan a sus pequeños al trabajo porque no tienen donde dejarlos, dolor y sufrimiento, infancia desamparada, tristeza y nieve, un presente muy oscuro en el corazón de Estocolmo donde malviven los desposeídos que son incapaces de cuidar de sus propios hijos por problemas de adicción, pobreza, depresión.

Y en medio de todo esa oscura realidad, Lucas, un bebé de cinco semanas que ha tenido malas cartas al nacer en la familia de Jenni y Salle, en ese suburbio de Estocolmo. El día de Navidad Lucas desaparece, nadie lo ha visto, no ha dejado rastro.

Despues del piloto muy bien planteado, dotado de una increíble tensión creada con muy pocos elementos en una trama original, con unos personajes creíbles, multidimensionales, ni buenos ni malos, solo atrapados en su propio dolor, sin poder salir de sus prisiones mentales pese a sus mejores intenciones, se inicia un flashback que nos pone en antecedentes de lo que ha pasado antes de la desaparición de Lucas.

“Hijos de la nieve” nos cuenta una historia de desgracia y malas decisiones en la vida cuyas víctimas más vulnerables son los niños, no solo los niños Lucas y Nicole, de Jenni y Salle, sino también otros niños atrapados en malas familias, pero sobre todo cautivos de malas madres, porque la mala maternidad es el hilo argumental de “Hijos de la nieve”.

La maldición de la naturaleza humana

No hay malos estereotipados, sino que el mal y el bien están presentes en todos los personajes como un claroscuro en la naturaleza humana al estilo del gran director sueco, tan influyente, Ingmar Bergman, que fue hasta el núcleo de lo humano, al núcleo ardiente y desolador del drama posible y cotidiano.

Penetramos en la disfuncionalidad, miserias y oscuridades de la sociedad sueca, muy alejada de esa imagen idealizada y progresista que solemos tener de los suecos y sus dinámicas sociales.

La Navidad envuelta en una tormenta de nieve separa barrios y familias, pobres y ricos, acomodados y supervivientes al límite de sus fuerzas, con su mochilas cargadas de piedras del pasado, cargadas hasta los topes.

Puedes ver “Hijos de la nieve” en Sundance TV.



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“The investigation”: hiperrealismo policiaco y ética con la víctima

En “The investigation” nos encontramos en Copenhague, agosto de 2017. La policía recibe la denuncia de desaparición de una periodista sueca llamada Kim Wall. Lo último que se sabe de ella es que subió a bordo de un submarino casero con la intención de entrevistar a su constructor y propietario. Pocas horas después, encuentran el submarino hundido y consiguen rescatar a su capitán, a quien interrogan sobre los hechos. Pero no hay rastro de la periodista ni pruebas concluyentes, y las declaraciones son contradictorias. Jens Møller, jefe de la unidad de homicidios de la policía, se hace cargo del retorcido caso, que no para de complicarse a cada paso. Una investigación que avanza bajo la presión de un fiscal que necesita pruebas para construir un caso sólido, unos padres en busca de respuestas y unos medios de comunicación hambrientos de titulares.

Es “The investigation. El caso del submarino”, una serie que se estrenó en HBO y ahora llega a Movistar.

La cámara del director de la serie, Lindhom, no muestra jamás el cadáver de Kim Wall ni pronuncia el nombre del asesino, Madsen, de hecho tampoco nos muestra al sospechoso aunque sabemos que la policía le está interrogando. El ritmo es lento pero, de alguna forma, nos elevamos en el género True Crime quizás por el respeto que se muestra a la víctima, la periodista Kim Wall.

La serie retrata bien el horror a la que se enfrenta la familia de la víctima pero también el inspector, Jens Moller, al investigar un caso complicado y plagado de obstáculos (el cuerpo ha sido desmembrado, no hay pruebas concluyentes contra el acusado, el mar se ha tragado parte del cuerpo de la víctima, el jefe de los buzos se desalienta ante el trabajo ingente al que se enfrentan sus hombres)

Historia de oscuridad

“The investigation” nos cuenta una historia cercana. terriblemente cercana y posible en nuestra Europa Occidental, Dinamarca, un país tan progresista, con una víctima periodista como yo, con la que me siento identificada porque cuando vas a entrevistar a alguien a solas, entras muchas veces en el terreno privado del entrevistado, tratas con desconocidos todo el tiempo. Si vas sola, el riesgo aumenta, aunque nunca te lo planteas.

La serie no está exenta de reflexiones filosóficas de Jens Morgen, el inspector y del fiscal encargado del caso, que por cierto son los grandes actores Soren Malling y Pilou Asbaek que salían en la serie “Borgen” sobre las intrigas palaciegas en Christianborg.

Hay un realismo tozudo, moroso que busca acercarnos a la cotidianidad profesional de inspector Jens Moller que no nos ahorra llamadas de móvil repetidas, conversaciones rutinarias y monótonas y sobre todo la tozuda y complicadísima búsqueda de los miembros del cuerpo descuartizado de Kim Wall bajo las aguas del Báltico.

Una investigación frustrante

Al contrario que en otras series, las pruebas no se encuentran con facilidad, en realidad no hay pruebas concluyentes, causa de la muerte, no pueden probar el homicidio con agravante. La serie abre justo así: Jens pierde un juicio con un acusado que es culpable de asesinato, pero el fiscal no es capaz de probarlo durante el proceso, sentando unas bases realistas de lo que es nuestro sistema jurídico europeo tan garantista con el reo, incluso uno de los capitulos de “The investigation” se llama precisamente “In dubio pro reo”, ante la duda, a favor del reo en latín.

Esos detallen forman parte de la grandeza de este True Crime que es diferente a cualquier otro ejemplo del género por una cuestión medular: el respeto que muestran hacia la víctima, Kim Wall, huyendo del morbo barato y la sangre de su asesinato.

Solo hay que fijarse en la cantididad de secuencias que hay de Jens Morgen informando y acompañando a los padres de Kim, como jamás se ha visto en otro True Crime.

-En Dinamarca no hay más de 50 homicidios al año, pero parecen más porque todos son noticia-dice Jens Morgen, el inspector encargado del caso de Kim Wall.

-Cuanto más civilizados somos, más necesitamos mirar a la oscuridad-añade el Fiscal.

Puedes ver “The investigation” en Movistar +.

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“The responder”: el estrés postraumático de un policía

“The responder”: el estrés postraumático de un policía. El actor Martin Freeman (“Fargo”, “Sherlock”) llena la serie “The responder”, encarnando a un policía atormentado, que atraviesa una crisis personal. Chris sufre ansiedad y depresión, le enferma hacer su turno de noche de policía que responde a las urgencias, tipo mi vecino me ha robado el perro y me amenaza con una pistola, o Fulanita se ha muerto en su casa, ¿pero está muerta de verdad?, o una chica drogadicta ha desaparecido, y un capo de la droga la busca para apalizarla y matarla porque le ha robado 50 kilos de cocaína, o a un pobre y viejo mendigo, unos adolescentes indeseables le queman el colchón donde duerme en un descampado.

Serie diferente

Sin embargo “The responder” no es una serie de policías al uso. En absoluto, la crudeza y el realismo del enfoque hacen que la serie esté cercana al documnental y roce el tono del cine de Ken Loach. Sin duda es un descubrimiento, porque, sin llegar al nivel de “The Wire”, que para mí es una obra maestra dentro del universo seriéfilo, obra del gran David Simon, es diferente a las series de policias tan trilladas que solemos ver normalmente.

Chris Carson intenta salvar su matrimonio con su mujer Kate.

Martin Freeman da vida a Chris Carson, un ex inspector de policía degradado a agente de calle porque un colega de Asuntos Internos que le tenía envidia, fue a por él.

Cada turno de noche es una pesadilla para él, porque Chris es un hombre agotao mentalmente, su trabajo le pone malo, sufre y va a una psicóloga mientras lucha por no derrumbarse psíquicamente. Es un personaje con el que nos muy fácil empatizar porque que levante la mano quien nunca haya sufrido ansiedad o depresión en su vida, y aún así tenga que trabajar.

Un turno, una pesadilla. “The responder”: el estrés postraumático de un policía

Además Chris se enfrenta a sus demonios internos porque ha tenido una infancia de mierda porque su padre le apalizaba un día sí y otro también. Lleva una mochila bien cargadita, con traumas de su niñez y del estrés continuo de su trabajo en la calle ya que se enfrenta constantemente con gente desgraciada, desquiciada y violenta, en una ciudad donde triunfa un sistema corrupto moralmente, ecnómicamente y opera un darwinismo social en el que el pez grande se come al chico y pringan los de siempre: los débiles, los vulnerables, los que no tienen oportunidades desde la línea de salida de la vida.

El sistema es perverso y no tiene escrúpulos, los lobbys de las instituciones y la calle salen a ganar y los dados están trucados. Un análisis sociológico en una trama narrativa que engancha que ya hacía David Simon en “The Wire”, quien diseccionaba Baltimore, la ciudad en sus diversos estamentos: la policía, el Ayuntamiento, los muelles y la pérdida del trabajo tradicional, la prensa. Aquí el análisis es más superficial y se circunscribe a la policía y el daño psicológico que provoca el trabajo a pie de calle a un individuo sensible, Chris Carson.

El mafioso local, capo de la cocaína, y sus dos matones de turno.

El sello de la BBC

Mitad thriller, mitad drama, el punto fuerte de la serie reside en el personaje que interpreta Martin Freeman, magnífico actor que sube el nivel de cualquier serie. Su sufrimiento psíquico, sus ganas de ayudar a Casie, una pobre drogadicta, errática y condenada, su trabajo en la crueldad despiadada del sistema que machaca a los más vulnerables, nos deja su impronta emocionales y se sale del montaje en serie de mucha ficción actual olvidable nada más vista.

La moralidad de la policía y cómo, a veces, el trabajo que hacemos no sirve para nada son los dos grandes temas de “The responder”, cuyos guiones se basan en las experiencias reales del agente de policía Tony Schumacher, también guionista de la serie.

Se nota que las tramas son autobiográficas porque tienen esa detonación emocional propia del material vivo, autobiográfico, y evita caer en tópicos y en estereotipos.

Cinco capítulos de una serie de la BBC que ahora puedes ver en Movistar +.

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“The responder”: el estrés postraumático de un policía.

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Colin Farrel, el peor villano en “La sangre helada”

Colin Farrell proyecta su poderosa presencia física, sus brutales ojos negros llenos de oscuridad y agresividad para dar vida al psicópata Henry Drax. Es la interpretación de un actor que más me ha impresionado este año por la fuerza y el magnetismo que desprende. “La sangre helada” es una buena serie, pero es una gran serie porque Colin Farrell está en ella. Henry Drax es un monstruo.

“La sangre helada” esta dirigida por Andrew Haigh y cuenta la historia de Patrick Sumner es un ex cirujano del ejército caído en desgracia que se inscribe como médico del barco en una expedición ballenera al Ártico. A bordo se encuentra con Henry Drax, el arponero, un brutal asesino cuya amoralidad ha sido moldeada para adaptarse a la dureza de su mundo. Tenía la esperanza de escapar de los horrores de su pasado, pero Sumner se encuentra con un viaje desafortunado y un psicópata asesino. En busca de la redención, su historia se convierte en una dura lucha por la supervivencia en el Ártico inclemente.

Henry Drax es un monstruo

La presentación del arponero Henry Drax es tan realista como eficaz. Folla de pie con una prostituta bajo una techumbre, cuando termina, sin decir palabra, Henry le da unos peniques y ella se marcha corriendo.

Henry camina por las calles de Hull, una ciudad marinera, donde hay muchos barcos balleneros a punto de zarpar, entra en una taberna portuaria donde hay putas y marineros y se bebe ron a granel.

Henry se juega un reloj y hasta se quiere jugar sus botas para pagarse un trago de ron pero pierda la apuesta mientras clama:

-Tengo el gaznate seco porque me he levantado con putas.

“La sangre helada” es intensa y nunca resulta aburrida. Es oscura e inquietante, y habla del eterno conflicto entre el bien y el mal, también habla del ser humano como un depredador que devora a sus congéneres, y como la mala infancia pasa factura y se lleva dentro hasta la muerte.

Su austeridad, su híper realismo hacen que viajes abordo del Volunteer, y que, cuando las cosas se tuercen, bajes a la tierra helada con los marineros.

El pasado es un tierra extranjera donde habitan monstruos. La naturaleza humana es negra como la pez. Los poderosos mandan y el dinero manda aún más. Detrás de las telúricas sombras, late el corazón infantil de una humanidad tierna, vulnerable, ansiada.

Profundidad psicológica en esta aventura náutica que os recomiendo de corazón.

Puedes ver “La sangre helada” en Movistar +.

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“American Rust”: escribir a favor de las expectativas del espectador

Pensilvania. Jeff Daniels es un jefe de policía de un pueblo pequeño donde la industria se ha ido al garete, y los sueños se han ido al abismo sin remedio. Jeff se administra la droga que tiene que tomar al día, antidepresivos y anfetaminas, para tener un poco de paz por el estrés postraumático que sufre al ser veterano en la guerra de Irak. No es el único adicto. En Buell, todo el mundo se droga, sufre y es infeliz. Maura Tierney (mi enfermera favorita en “Urgencias”) trabaja cosiendo vestidos de novia en un taller, y, en la pausa para el cigarrillo, fuma cocaína o lo que se tercie, toma Advils para el dolor de manos, o lo que pille. Decadencia, enfermedad, y muerte, los tres jinetes del Apocalipsis cabalgan por Buell, un pueblo en el que nadie querría quedarse ni harto de whisky. Pero la serie tiene un guion flojo.

Dan Futterman es el creador de la serie “American Rust”.
Buell, el pueblo, es un callejón sin salida y lo mejor que pueden hacer los personajes es salir de ahí cuanto antes. No es de extrañar que Jeff Daniels y compañía se droguen con afición.

American Rust” recuerda a “Mare of Easttown” pero en malo y sin sentido del humor. Lo peor es que sabes lo que va a pasar desde el minuto uno y ningún giro te sorprende a lo largo de las tramas que se desarrollan en la serie. Porque los guionistas escriben, sin pretenderlo, a favor de las expectativas del espectador, quien mientras está viendo la serie, sentado en su sofá de casa, ya sabe que Jeff Daniels se va a implicar en defender al hijo de Maura Tierney, cuando éste se meta en líos, sabe que no va a poder con su adicción a las pastillas, y sabe que su relación con la señora Poe (Maura Tierney) está condenada al fracaso y supondrá su destrucción como jefe de policía.

Pero el espectador también adivina que Billy, el hijo de la señora Poe (Maura Tierney), un chico bueno que no ha sabido aprovechar sus oportunidades (¿alguien entiende por qué Billy ha rechazado su beca universitaria para jugar al fútbol en una Facultad guay? Porque yo no, y no me vale la excusa que es para ayudar a su madre porque Billy no trabaja y les desahucian a su madre y a él de igual manera, es más, la ayudaría mucho más prosperando en la vida y largándose de ese pueblo acabado que es Buell) cuando ve a Novik, el agente que le piso la espalda cuando Billy se metió en una pelea de bar con otro chico que lo provocó, va a ir a por él y la historia va a acabar fatal.

“American Rust” mantiene su previsibilidad hasta en los giros pequeños, como cuando el marido vago y gilipollas de Maura Tierney está bailando en su casa recién recuperada mientras bebe y ríe con su mujer, y en ese momento sabes que va a aparecer Del Harris (Jeff Daniels) con su 4×4 y aparece, y Maura sale al porche para decirle que está agotada y que esa noche no la pueden pasar juntos, y sabes que el patoso y viva la virgen marido de Maura Tierney va a salir al porche y a Jeff Daniels se le va a caer la venda de los ojos y es justo lo que pasa. No es la mejor técnica para paliar el aburrimiento. Un guion flojo.

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Puedes ver “American Rust” en Movistar +.

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Un guion flojo.

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