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“Los crímenes de Atapuerca”. Capítulo 9

ilustra la novela los crimenes de Atapuerca.  El crimen más terrible de Atapuerca

Sinopsis

Queridas lectoras: comparto con vosotras el capítulo nueve de mi novela «Los crímenes de Atapuerca». El crimen más terrible de Atapuerca. Os recuerdo la historia:

A Miriam Sinaloa, una estudiante de 16 años que visita en yacimiento de Atapuerca, la asesinan dentro de la Sima de los Huesos.

La inspectora Luisa Baeza dirige la investigación del asesinato de la adolescente mientras se enfrenta a una profunda crisis personal y se obsesiona con un caso en el que busca una redención.

Hay secretos que no puedes enterrar para siempre.

Capítulo 9

Amaneció una mañana preciosa. Un cielo despejado, de un azul delicado como si Dios lo hubiera pintado con sus propias manos. La sierra resplandecía verde brillante, empapada en rocío. Los bosques de encinas y robles se agitaban bajo una suave brisa.

Después de descubrir el cadáver de Miriam y responder a unas preguntas de la policía, Andrea y yo nos fuimos a la casa que Max tenía en la sierra de Atapuerca. Pero yo no pegué ojo en toda la noche. El insomnio y los fantasmas me mordieron la mente hasta que no pude más y me levanté, exhausta. A mi lado, Andrea dormía como un lirón, ajena a mi angustia.

Cuando cerraba los ojos, me venían a la memoria, en vertiginosas y envenenadas ráfagas de imágenes, la cara de Miriam pegajosa de sangre, con los ojos desorbitados, las moraduras en su cara, el pelo negro empapado de sangre coagulada y negra. Esos recuerdos se mezclaban con otros jirones de mi pasado que había intentado olvidar, pero había sido inútil. Yo abriendo la puerta de la habitación de papá. Papá tendido en el suelo, inconsciente, con una espuma blanca saliéndole por la boca, bajo un gran charco de sangre oscura que se oscurecía sobre las baldosas de mármol color salmón. La ansiedad latió en la base de mi garganta con su ritmo sin aire, con su tono siniestro. Papá se había tomado setenta Orfidales. Inconsciente, se había caído de la cama al suelo, donde se había golpeado la cabeza con la pata de mi mesa de estudio, la mesa en la que yo había preparado mis exámenes de Matemáticas, Historia y Literatura durante mi adolescencia, la mesa frente a la que yo había pasado horas y horas hincando los codos, tratando de escribir una novela frente a mi cuaderno y fracasando en el intento.

Por fin, harta de mi depresión silente, harta de estar en la cama dando vueltas, anhelando un descanso que no llegaría, decidí levantarme. Fui a la cocina vacía. Toda la casa dormía. Me preparé un café. Me lo bebí de pie ante la ventana con vistas al jardín que Max había plantado cuando se construyó la casa. A Max le encantaba trabajar la tierra, le encantaba ensuciarse las manos, cavar, arar, plantar, regar, escardar, rastrillar.

Max había nacido y crecido en un pequeño pueblo del Pirineo catalán, Tallül. Sus padres eran campesinos. Allí, de niño, Max se había metido en las cuevas de la montaña acompañado de su abuela y había desenterrado fósiles, los había estudiado y coleccionado. Su habitación era un cúmulo de huesos de osos, fragmentos de cráneos humanos que había excavado, cuchillos de sílex. Una tarde encontró hasta un bifaz tallado en piedra, perteneciente al periodo Achelense.

Durante el invierno, el jardín lo cuida Martín, un chico de Ibeas de Juarros que viene una vez por semana a regar, a quitar las malas hierbas, a rastrillar las hojas que se acumulan en el césped, a podar los árboles cuando toca.

En su jardín, Max creó su propio paraíso, su Arcadia particular. Plantó todas las especies arbóreas que se le antojaron. Hay árboles frutales: limoneros, naranjos, nísperos, manzanos, mandarinos, perales. Hay olmos, magnolios, cipreses, cedros del Líbano, nogales, avellanos, robles, cedros del Atlas, bojes, eucaliptos, enebros sirios, laureles, aligustres, mahonias, castaños de Indias, cedros del Himalaya y cipreses de Portugal.

Max, arrebatado por su entusiasmo maníaco, impulsado por su energía desbordante, incansable, llegó a plantar también un tejo y un gingko biloba, cuyas hojas se ponen amarillas en invierno. Es un jardín maravilloso.

Abro la puerta de la cocina y salgo al porche con suelo de losas de piedra. Estoy descalza. El suelo está frío. ¿Qué le voy a decir a la policía? Porque la policía va a venir a interrogarnos a Andrea y a mí enseguida. Es cuestión de minutos, de horas a lo sumo. Puede que la inspectora Baeza ya esté de camino hacia nuestra casa. Hará muchas preguntas. Querrá saber la verdad. Querrá saber lo que vi. ¿Y qué vi exactamente? Los recuerdos se tornan confusos en mi cabeza aturdida. Solo hay una cosa que voy a ocultar a la policía. Andrea me lo ha pedido como favor y yo le he dicho que sí.

Ayer llegamos a las tres de la mañana a casa. Estábamos agotadas. Bebimos agua como dos desesperadas, nos duchamos, nos pusimos el pijama y nos servimos una copa de vino de una botella de Alión mediada que había sobre la encimera de la cocina. Yo quería irme a la cama enseguida, estaba exhausta, pero Andrea insistió en que descargáramos los clips de las tarjetas de nuestras GoPro y viéramos su contenido en nuestro Mac portátil.

Nos sentamos frente a la mesa de la cocina y contemplamos los planos que habíamos grabado hacia unas horas cuando encontramos el cadáver de Miriam Sinaloa dentro de la Sima de los Huesos.

—¿No te registró la policía?

Andrea negó con la cabeza.

Qué inútiles, por favor. La policía real es menos eficaz que la que sale en las series de televisión. Menuda chapuza. La cantidad de asesinos que andarán sueltos por ahí, la cantidad de equivocaciones, de errores letales que se habrán producido a lo largo de los años en las investigaciones policiales, la cantidad de inocentes que estarán encerrados en las cárceles injustamente. Me estremecí.

La luz de nuestras linternas se proyectaba en la cámara funeraria de la Sima. El cadáver de Miriam sobre un gran charco de sangre en los tablones de madera, los gritos y el horror como brochazos rojos en el cerebro, el escalofrío y una sombra que se perdía en el corredor del fondo. ¿Quién era? No le reconocí la cara. Solo era un bulto. Pero supe que era el asesino. El corazón me latió muy deprisa. Me sobresalté. Paré con el puntero del ratón el vídeo. Rebobiné las imágenes. Me fijé en una débil luz titilante que había al fondo de un ramal de la sima. Me recorrió un escalofrío frío por la espina dorsal

—¿Esta salida no estaba ciega? —pregunté a Andrea.

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“Hijos de la nieve”, la trágica historia de las malas madres

Nordic noir en estado puro, los amantes del género están de enhorabuena. Una historia escalofriante sobre la desaparición de Lucas, un bebé de cinco semanas, en plenas Navidades. Nadie lo ha visto, nadie sabe donde está.

Siento algo perturbador, incómodo, un gancho que me remueve las entrañas cuando veo “Hijos de la nieve” y aún así siento la compulsión de seguir viendo la compulsiión de seguir viendola serie, ue en realidad es muy deprimente, pero supongo que soy una adicta al nordic noir y me consuela cuando el oscaso agoniza tras las ventanas de mi salón y el perfil del Pirulí hiere el cielo violeta oscura y el cansancio domina mi mente y mi cuerpo.

Hijos de la nieve nos cuenta la historia de unas personas que han perdido el rumbo en la vida y las cosas les van muy mal, francamente mal.

Seres humanos perdidos

Estamos en pleno diciembre, vísperas de Navidad, en un suburbio marginal a las afueras de Estocolmo. Una tormenta de nieve ha paralizado Suecia. Jenni, madre de dos hijos, nota la ausencia de uno de ellos. Es Lucas, de tan solo cinco semanas, quien ha desaparecido de su hogar. Ella no recuerda la última vez que lo vio y su otra hija, Nikole, sorda de nacimiento, permanece pasmada a su lado.

Jenni decide ir a visitar a su madre, Marianne, una tatuadora de mediana edad, para intentar refugiarse de su paranoia. Allí dos modelos de maternidad chocan y conocemos otra capa del personaje protagonista: Jenni es adicta a los somníferos y ex drogadicta. Tras discutir con su madre, decide acudir a la policía y de esa confesión emerge otra de las figuras principales. Alice, policía de Estocolmo, se hará cargo del caso de desaparición.

Por otra parte seguimos la historia de Marie, una enfermera pediátrica, que se enfrenta al sistema por intentar salvaguardar a una bebé, Rose, de su madre, que la mata de hambre, mientras cuida de su hermano discapacitado. Marie es un personaje increíble, con un inmenso corazón. La única que se preocupa en “Hijos de la nieve” de los bebés en estado de abandono y maltrato.

No es una serie policiaca al uso

El suspense se arraiga en el fracaso y la pérdida como seres humanos, no va de un policía persiguiendo a un asesino en serie.

“Hijos de la nieve” ha sido un fenómeno en Suecia y no es de extrañar. Esta ficción remueve el estómago de toda una sociedad, niños abandonados en un pasillo nevado, bebés que lloran y no son alimentados, madres que no se pueden levantar de la cama para atender a sus hijos, padres que llevan a sus pequeños al trabajo porque no tienen donde dejarlos, dolor y sufrimiento, infancia desamparada, tristeza y nieve, un presente muy oscuro en el corazón de Estocolmo donde malviven los desposeídos que son incapaces de cuidar de sus propios hijos por problemas de adicción, pobreza, depresión.

Y en medio de todo esa oscura realidad, Lucas, un bebé de cinco semanas que ha tenido malas cartas al nacer en la familia de Jenni y Salle, en ese suburbio de Estocolmo. El día de Navidad Lucas desaparece, nadie lo ha visto, no ha dejado rastro.

Despues del piloto muy bien planteado, dotado de una increíble tensión creada con muy pocos elementos en una trama original, con unos personajes creíbles, multidimensionales, ni buenos ni malos, solo atrapados en su propio dolor, sin poder salir de sus prisiones mentales pese a sus mejores intenciones, se inicia un flashback que nos pone en antecedentes de lo que ha pasado antes de la desaparición de Lucas.

“Hijos de la nieve” nos cuenta una historia de desgracia y malas decisiones en la vida cuyas víctimas más vulnerables son los niños, no solo los niños Lucas y Nicole, de Jenni y Salle, sino también otros niños atrapados en malas familias, pero sobre todo cautivos de malas madres, porque la mala maternidad es el hilo argumental de “Hijos de la nieve”.

La maldición de la naturaleza humana

No hay malos estereotipados, sino que el mal y el bien están presentes en todos los personajes como un claroscuro en la naturaleza humana al estilo del gran director sueco, tan influyente, Ingmar Bergman, que fue hasta el núcleo de lo humano, al núcleo ardiente y desolador del drama posible y cotidiano.

Penetramos en la disfuncionalidad, miserias y oscuridades de la sociedad sueca, muy alejada de esa imagen idealizada y progresista que solemos tener de los suecos y sus dinámicas sociales.

La Navidad envuelta en una tormenta de nieve separa barrios y familias, pobres y ricos, acomodados y supervivientes al límite de sus fuerzas, con su mochilas cargadas de piedras del pasado, cargadas hasta los topes.

Puedes ver “Hijos de la nieve” en Sundance TV.



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“The investigation”: hiperrealismo policiaco y ética con la víctima

En “The investigation” nos encontramos en Copenhague, agosto de 2017. La policía recibe la denuncia de desaparición de una periodista sueca llamada Kim Wall. Lo último que se sabe de ella es que subió a bordo de un submarino casero con la intención de entrevistar a su constructor y propietario. Pocas horas después, encuentran el submarino hundido y consiguen rescatar a su capitán, a quien interrogan sobre los hechos. Pero no hay rastro de la periodista ni pruebas concluyentes, y las declaraciones son contradictorias. Jens Møller, jefe de la unidad de homicidios de la policía, se hace cargo del retorcido caso, que no para de complicarse a cada paso. Una investigación que avanza bajo la presión de un fiscal que necesita pruebas para construir un caso sólido, unos padres en busca de respuestas y unos medios de comunicación hambrientos de titulares.

Es “The investigation. El caso del submarino”, una serie que se estrenó en HBO y ahora llega a Movistar.

La cámara del director de la serie, Lindhom, no muestra jamás el cadáver de Kim Wall ni pronuncia el nombre del asesino, Madsen, de hecho tampoco nos muestra al sospechoso aunque sabemos que la policía le está interrogando. El ritmo es lento pero, de alguna forma, nos elevamos en el género True Crime quizás por el respeto que se muestra a la víctima, la periodista Kim Wall.

La serie retrata bien el horror a la que se enfrenta la familia de la víctima pero también el inspector, Jens Moller, al investigar un caso complicado y plagado de obstáculos (el cuerpo ha sido desmembrado, no hay pruebas concluyentes contra el acusado, el mar se ha tragado parte del cuerpo de la víctima, el jefe de los buzos se desalienta ante el trabajo ingente al que se enfrentan sus hombres)

Historia de oscuridad

“The investigation” nos cuenta una historia cercana. terriblemente cercana y posible en nuestra Europa Occidental, Dinamarca, un país tan progresista, con una víctima periodista como yo, con la que me siento identificada porque cuando vas a entrevistar a alguien a solas, entras muchas veces en el terreno privado del entrevistado, tratas con desconocidos todo el tiempo. Si vas sola, el riesgo aumenta, aunque nunca te lo planteas.

La serie no está exenta de reflexiones filosóficas de Jens Morgen, el inspector y del fiscal encargado del caso, que por cierto son los grandes actores Soren Malling y Pilou Asbaek que salían en la serie “Borgen” sobre las intrigas palaciegas en Christianborg.

Hay un realismo tozudo, moroso que busca acercarnos a la cotidianidad profesional de inspector Jens Moller que no nos ahorra llamadas de móvil repetidas, conversaciones rutinarias y monótonas y sobre todo la tozuda y complicadísima búsqueda de los miembros del cuerpo descuartizado de Kim Wall bajo las aguas del Báltico.

Una investigación frustrante

Al contrario que en otras series, las pruebas no se encuentran con facilidad, en realidad no hay pruebas concluyentes, causa de la muerte, no pueden probar el homicidio con agravante. La serie abre justo así: Jens pierde un juicio con un acusado que es culpable de asesinato, pero el fiscal no es capaz de probarlo durante el proceso, sentando unas bases realistas de lo que es nuestro sistema jurídico europeo tan garantista con el reo, incluso uno de los capitulos de “The investigation” se llama precisamente “In dubio pro reo”, ante la duda, a favor del reo en latín.

Esos detallen forman parte de la grandeza de este True Crime que es diferente a cualquier otro ejemplo del género por una cuestión medular: el respeto que muestran hacia la víctima, Kim Wall, huyendo del morbo barato y la sangre de su asesinato.

Solo hay que fijarse en la cantididad de secuencias que hay de Jens Morgen informando y acompañando a los padres de Kim, como jamás se ha visto en otro True Crime.

-En Dinamarca no hay más de 50 homicidios al año, pero parecen más porque todos son noticia-dice Jens Morgen, el inspector encargado del caso de Kim Wall.

-Cuanto más civilizados somos, más necesitamos mirar a la oscuridad-añade el Fiscal.

Puedes ver “The investigation” en Movistar +.

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“Los asesinatos de Pembrokeshire”: viejos casos, nueva ciencia forense

Lo que la investigación policial no pudo resolver en el pasado, la ciencia forense y sus avances lo logran en el presente. Esa es la premisa de una serie digna, pero de guion flojeras, con el sello de calidad de la BBC como “Los asesinatos de Pembrokeshire”. La historia está basada en unos crímenes reales que sucedieron en Gales en los años 80, el principal sospechoso, una sesino en serie, que no puede dejar de matar, de momento está en la cárcel por una serie de robos, pero se encuentra a punto de salir en libertad.

El jefe de un departamento de investigación criminal reabre el expediente de dos casos de asesinatos sin resolver de los años 80. Los nuevos métodos forenses relacionan los crímenes con una serie de robos recientes. El equipo de Steve tendrá que reunir más pruebas antes de que el responsable salga de prisión

Los crímenes de Pembrokshire, rutinaria

Lo cierto es que la serie es eficaz pero no aporta nada nuevo, tiene algo de rutinario en su guion, como hecho con desgana, a fuerza de clichés, y es una pena, la verdad es que toda la historia, las tramas, los personajes, los traumas, y la ambientación nos deja un regusto de deja vu que nos desinfla.

Guion flojo

La dirección y los actores están bien. El problema está en el guion que es muy flojo, deslavazado, oído y visto mil veces, algunas veces toma por tontos a los espectadores.

El tono de la narración y la crudeza de la historia aportan la única tensión existente en “Los asesinatos de Pembrokshire”.

Los monstruos viven una vida normal, y Cooper, el asesino lo demuestra con un cinismo y una capacidad de manipulación superlativas. El final es previsible así como el desarrollo de la nueva investigación.

Una ocasión perdida para hacer un True Crime que se eleve del vuelo más gallináceo y convencional del género. Una lástima BBC. Gracias por concursar.

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Los crímenes de Pembrokshire

“Crímenes”. Anna Permanyer

La banalidad del mal. Esa reflexión horrorizada y perturbadora queda tras ver un crimen de una crueldad extrema como el asesinato de Anna Permanyer, una psicóloga y madre de cuatro hijos barcelonesa, a manos de su inquilina, Carmen Badía, en 2004. Esa frase acuñada por la filosofa alemana y judía, Hannah Arendt, durante el juicio al jerarca nazi, Eichmann, en Jerusalen, me cruza el pensamiento tras ver los tres capítulos de “Anna Permanyer” en la serie “Crímenes” de Movistar.

“Crímenes”. Anna Permanyer

Crímenes. Anna Permanyer

De abril a junio de 1961, Arendt asistió como reportera de la revista “The New Yorker” al proceso contra Adolf Eichmann. De ahí surgieron inicialmente algunos artículos y después su libro más conocido y más discutido hasta el presente: “Eichmann en Jerusalén, un informe sobre la banalidad del mal”. Se publicó primero en 1963 en EE. UU. y poco después en Alemania Occidental.

Pero la tesis de la Arendt sigue estando vigente cuando veo el caso Anna Permanyer en la serie documental “Crímenes” de Carles Porta. También reflexiono el peligro de la psicopatía, en Carmen Badía, condenada por el asesinato de su casera sólo por una razón: el dinero.

“Crímenes” adopta el estilo Netflix del True Crime.

En realidad, el marido de Anna Permanyer, lo explica muy bien, devastado, cuando habla de la pérdida de su mujer, un persona buena, madre, esposa, que no había hecho mal a nadie, a quien Carmen Badía engañó, asesinó con una cruedad atroz. “Siento rabia, injusticia. Esa persona tiene rasgos psicopáticos muy peligrosos”.

Sin embargo Carmen Badía estaba plenamente asimiliada a la sociedad, tenía una hija pequeña, y, aparentemente, llevaba una vida normal.

Pero quiso salirse con la suya y quedarse con el piso de Anna Permanyer. Esa fue su perdición como asesina.

La serie se basa en los detalles de la crueldad.

En la Barcelona que pretendía ser moderna tras el boom de 1992, en una ciudad abierta que se llenaba de turistas y estaba de moda, sucede el crimen de Anna Permanyer. Con su crimen y el de las dos policías, una de ellas en prácticas, a manos de un psicópata ex convicto en su casa, Barcelona volvía a retrotraerse a la oscuridad de los años 70, un ciudad franca, donde la crueldad y el mal campaban a sus anchas.

Porque es el mal el tema de la serie “Crímenes”.

“True Crime” renovado

Movistar con el formato de “Crímenes” de Carles Porta juega a una apuesta que le ha funcionado a la perfección a Netflix: El True Crime renovado.

Sin duda Netflix ha sabido innovar en nuevas formas narrativas de guión y audiovisual para contarnos historias de True Crime de forma diferente, por ejemplo, con “La escalera”, o con “Elize Matsunaga: Érase una vez un crimen”. En España ya se había hecho “Muerte en León” que tuvo mucho éxito, y “Nevenka”.

Sin embargo el formado creado por Carles Porta, que tiene su origen en su programa de radio, va un paso más allá porque cuenta con una colaboración excepcional de la policía en crimenes ya juzgados y condenados, y sigue la factura americana aún más allá.

Pura televisión

Claro que “Crímenes” es televisión, pura televisión, y de alguna manera, explora un nuevo territorio diferente al de una crónica negra al uso.

El uso de las imágenes que presta la policía, son casos sentenciados y condenados judicialmente, las entrevistas de ambas partes hilvanan bien el relato. Además una voz en off muy sugerente, Luis Tosar, hace el resto para que los capítulos funcionen e impelan al espectador a pulsar la opción de: ¿quiere ver el siguiente capítulo?

La familia de Anna Permanyer, devastada.

El dron se utiliza para planos cenitales de la ciudad, sus edificios, calles, carreteras serpeteantes e intrincadas iluminadas por la luz vainilla de las farolas mientras la oscuridad fagocita Barcelona. Luego hay planos interiores medios de las entrevistas que consiguen contar bien la historia, hay un trabajo periodístico potente, y por supuesto, las fotos, cintas, audios, que proporciona la policía tambien estructuran el relato que va más allá de los titulares de los periódicos y los reportajes corrientes que vemos en la tele.

La factura visual de “Crímenes” es buena, al estilo Netflix, y eso se agradece. También el guión es sólido, bien documentado. Sin duda la cantidad de imagen y lo relevante de dicha imagen sorprende en esta serie documental.

“Crímenes”. Anna Permanyer.

Carles Porta consigue enganchar.
La acusada y condenada durante el juicio.

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“Heridas abiertas”: el círculo de la matrofobia

Adora odia a su hija mayor, Camille. A su vez, la madre de Adora la odiaba a ella. Es el círculo de la matrofobia que se perpetúa generación tras generación en la serie “Heridas abiertas”. Camille decide alejarse de su madre como estrategia de defensa. En cuanto cumple de 18 años, Camille se larga de Wind Gap para hacerse periodista en Saint Louis. Frente a su madre, se muestra pasiva y agotada, distante y llena de barreras. Más estrategias de defensa. Odio a mamá.

“Heridas abiertas” es una adaptación de la novela homónima de Gillian Flynn. A Flynn le van las familias disfuncionales, las relaciones tóxicas entre madres e hijas, las atmósferas claustrofóbicas e insanas en el Sur de Estados Unidos. Ese mundo ya existía en la novela que la hizo famosa como escritora: “Pérdida”.

Cuidado, que llega Adora, y te puede comer.

Un sur que se derrumba, pueblos que se convierten en óxido, jóvenes que se desesperan más allá de la desesperación, y un matriarcado de mujeres frustradas e insatisfechas que se alcoholizan al caer la tarde. Un agujero sin salida, Wind Gap, el lugar del que te quieres marchar si eres lo suficientemente lista para darte cuenta de que ese pueblo te cortará las alas.

La adolescente Camille Preaker, pelo corto, chicazo, personalidad independiente y fiera, escucha obsesivamente a Johnny Cash mientras imagina planes de fuga de su vida, lejos de mamá, letal y tóxica, en su macerada maldad en amarettos caros a las ocho de la tarde.

Adaptación de un thriller psicológico

Flynn es una maestra del thriller psicológico. “Heridas abiertas” es su primera novela, tras quedarse sin trabajo como periodista cuando empezó la crisis del papel en Estados Unidos, Flynn se recicló como escritora, lo cual también hicieron muchos periodistas en paro. De ahí la explosión de thrillers muy bien documentados, escritos con ritmo y de forma directa, fruto de aprovechar las mejores esencias del oficio de plumilla.

Odio a mamá

Lo primero que sorprende al comparar la novela y la serie es el tema de los cortes que se inflige Camille. En la novela de Flynn, el acto de cortarse a sí misma está omnipresente desde la primera página, descrito muy expresivamente y es un método de Camille Preaker para liberar su dolor psicológico.

Ojo, “Heridas abiertas” no trata de los asesinatos de unas niñas en un pueblo perdido y decadente del Sur de Estados Unidos dedicado a la explotación de granjas porcinas. No. “Heridas abiertas” trata del trauma de una mujer, Camille Preaker, de su horrorosa infancia, de su relación jodida con una madre que no es que no la quiera, es que la boicotea y busca destruirla lentamente.

La gran dificultad de adaptar la novela “Heridas abiertas” a guion es que la voz interior de Camille es muy poderosa en la novela, y eso se salva gracias a la interpretación misteriosa e hipnótica de Amy Adams, esa mirada oscura y magnética, esos ojos inteligentes y melancólicos que te expresan su diálogo interior mucho mejor cualquier voz en off.

¿No os recuerdo mucho este plano a las pelis de Gus Van Sant?

Camille mira mientras conduce, entrando en Wind Gap. Su mirada intensa y evocadora de un pasado maldito, crece lista, crece triste, lo dice todo.

Odio a mamá.

Puedes ver “Heridas abiertas” en HBO.

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Bloodline o cómo las familia disfuncionales funcionan en la ficción

Las personas mueren, los secretos no. Padres disfuncionales e hijos aún más disfuncionales. Mentiras, peleas, conflictos desgarradores en una familia enfrentada y disfuncional: los Rayburn. Con un hermano conflictivo, Danny, interpretado con tanta vulnerabilidad y verdad por Ben Mendelsohn que le valió un Emmy y para mí, es lo mejor de la serie. Este personaje atormentado, luchando con sus demonios interiores perdido y dolido, roto por su pasado y su mala relación con su padre que de niño le pegó una paliza y le rompió el hombro tras una tragedia familiar que nos la cuentan y repiten a lo largo de la primera temporada de Bloodline. Lo malo de la serie: no es muy original. Lo bueno de la serie: los actores y los personajes que interpretan. Desde Sam Sephard a Sissy Spacek.

¿Qué cuenta Bloodline? La historia de una familia, los Rayburn, que tienen problemas y de los gordos, no son mala gente, pero hacen cosas malas, todo narrado en un entorno paradisiaco: los cayos de Florida, donde los Rayburn tienen un hotel.

Los creadores de Bloodline son los mismos que crearon Damages.
Ben Mendelsohn expresa tanto dolor reprimido que empatizamos con él. A la derecha, en la imagen.

Danny es la oveja negra de la familia, un descastado que vuelve a casa con el motivo de la celebración del aniversario del hotel que han levantado sus padres. Pero la presencia del hermano mayor generará muchos problemas en la familia que lucha por enterrar un pasado doloroso, con la pesada mochila de la muerte de una de las hermanas, Sarah.

Lo mejor de la serie son sus personajes complejos, llenos de contradicciones y lucha interior, y los actores de primer nivel que los encarnan. La experiencia de ver Bloodline es tensa y claustrofóbica, y a veces se aleja del thriller para acercarse más al culebrón y al drama familiar sin paliativos.

El paraíso es oscuro, y nadie querría vivir en ese infierno soleado, de cálida arena y palmeras gigantes.

Puedes ver Bloodline en Netflix. Padres disfuncionales e hijos aún más disfuncionales

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