«Showtrial»: la sombra de la duda es alargada

He empezado a ver «Showtrial», la serie de la BBC, que me tiene acostumbrada a series de calidad que han hecho los placeres de mis papilas gustativas de serieadicta. El planteamiento de la serie atrapa y no decepciona, e incluye una lucha de clases, en este caso una chica de clase alta que envidia a una chica de clase baja, y se muestra agresiva y despectiva con ella. Y cuando la chica de orígenes obreros desaparece…

«Showtrial» nos cuenta la historia de un caso de asesinato que capta la atención de los medios de comunicación. Cleo Roberts, una abogada de altos vuelos caída en desgracia, que defiende a la acusada, se convierte en el centro de atención.

«Showtrial», cuyo pitch es: «inocente hasta que se demuestre lo contrario» es una produccion de World Productions y la BBC, de los creadores de «Vigil», una serie que me gustó muchísimo y «The line of duty», otra ficción interesante que hace las delicias de mi hermana Laura. Les doy un voto de confianza.

El piloto, «Rezando por ella», -es el hashtag que circula por Twitter tras las desaparición de Hannah, la víctima- funciona como una máquina bien engrasada y atrevida que engancha la atención del espectador como una tela de de araña bien urdida y trabada, sin dejar un respiro y con la inestimable cualidad de dejarnos con ganas de ver más.

La serie recae sobre los hombros de la actriz Celine Buckens, quien hace una interpretación apasionada e incendiaria encarnando a Talitha, la chica pija, pagada de sí misma, despectiva y lenguaraz, acusada del asesinato de su amiga, que establece una singular relación con Cloe, su abogada defenestrada desde las más altas esferas de la abogacía por un error profesional y destinada a la trinchera de la abogacía de oficio donde sus casos incluyen a camellos de poca monta. Cuando, de repente, se le presenta el caso de amenazas de Talitha a Hannah que acaba en acusación de asesinato ve la oportunidad de su vida.

Por supuesto, la pregunta que flota en el ambiente mientras ves el piloto de «Showtrial» es: ¿lo hizo Talitha o no lo hizo? ¿se cargó a su compñaera Hannah por envidia o sólo le hizo unas amenazas insensatas y despreciables por What’sApp? Esa tension y el hecho de que la actriz interprete con esa maestría a esa chica pija despreciable impulsan «Showtrial».

Puedes ver «Showtrial» en Movistar +. De momento sólo hay un episodio disponible, a medida que vaya viendo más episodios, os iré contando de la A a la Z, amigas.

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«La sangre helada»: nosotros somos Moby Dick

Durante este puente de diciembre me he tumbado en el sillón cubierta por una mantita escocesa de lo más reconfortante, he acariciado los tobillos a mi hijo Gonzalo, y me he visto, en plan maratón, una serie que me ha atrapado de principio a fin y que me da material para escribir muchos posts en este blog. Se trata de «La sangre helada» que cuenta la historia de Patrick Sumner, un ex cirujano del ejército caído en desgracia, que se inscribe como médico del barco en una expedición ballenera al Ártico en el siglo XIX. A bordo se encuentra con Henry Drax, el arponero, un brutal asesino cuya amoralidad ha sido moldeada para adaptarse a la dureza de su mundo. Tenía la esperanza de escapar de los horrores de su pasado, pero Sumner se encuentra con un viaje desafortunado y un psicópata asesino. En busca de la redención, su historia se convierte en una dura lucha por la supervivencia en el Ártico inclemente.

La serie rezuma una oscuridad ardiente en un entorno muy claustrofóbico y está teñida de un realismo palpitante. La historia nos recuerda mucho a «El Terror», la ficción del Netflix. Marineros atrapados en el frío polar, enfrentados a un clima hostil y amenazas terroríficas que les llevan a la muerte. Sin embargo «La sangre helada» gana por goleada a la serie de Netflix. ¿Por qué?

Mejor que «El Terror»

Porque «La sangre helada» acierta, al evitar el elemento sobrenatural , mucho más a la hora de elaborar la trama, adoptando un código muy realista que favorece la historia. Aquí no hay monstruos ni criaturas sobrenaturales que siembran la devastación y el horror como pasaba en la serie de Netflix. En «La sangre helada» los únicos monstruos son los seres humanos.

Y se agradece.

Homo homini lupus

El hombre es un lobo para el hombre. Ese es el tema de la serie de la BBC, «La sangre helada». Somos nosotros mismos los monstruos, tanto como para nosotros mismos como para nuestros semejantes. Somos nosotros nuestro mayor peligro, y nuestra gran amenaza, la más inquietante y letal devastación.

No busquemos fuera, busquemos dentro.

Un diez para este punto de vista.

Colin Farrell, este actor tan inquietante como ecléctico que hizo de un bizarro Alejandro Magno, para mi un error de casting, en este caso interpreta al psicópata Henry Drax, con quien no te gustaría encontrarte en la vida.

Patrick Sumner, un médico traumatizado por su infancia y la guerra colonial en La India, lo hace y se tendrá que medir con la sombra, la sombra que lleva dentro de si y la sombra que encarna Drax.

Es una serie de seis capútlos, formato miniserie, que concluye en esta única temporada producida por la BBC.

Puedes sentir la mordida letal de frío y sí, del terror, esta vez de verdad.

No te la pierdas.

Puedes ver «La sangre helada» en Movistar +.

«El padre»: el punto de vista de Anthony Hopkins

Me he resistido a ver «El padre» como gato panza arriba porque mi padre murió de Parkinson y tuvo demencia al final de su vida, y muchas cosas en esa película me iban a recordar a papá antes de que muriese, pero al final me ha podido la curiosidad y la recomendación de mi amiga Amalia Sampedro. El rasgo original de la película es que vemos la realidad desde el punto de vista de un enfermo de Alzheimer, el padre que interpreta con increíble verdad y vulnerabilidad, Anthony Hopkins. Vivimos dentro de su cabeza, con su confusión de personas queridas y espacios, de momentos vividos o no, de secuencias de las que no sabemos si pertenecen a su desvarío o reflejan hechos que han pasado. Nos encontramos desvalidos con él en su desmemoria angustiosa, en esa terquedad de insistir en qué está bien y no necesita ninguna ayuda, y todo son maquinaciones de su hija Anne, quien, según él quiere quedarse con su piso.

Olivia Colman interpreta a Anne, la hija cariñosa pero superada de Anthony Hopkins.

Pero el punto de vista de la cuidadora, la hija, Anne, interpretada con un corazón y una sensibilidad por Olivia Colman imposibles de superar, en un duelo interpretativo con Hopkins, que dota de fuerza emocional a «El padre», también está presente en el guion. Una hija desolada por la pérdida de facultades mentales, por el deterioro de la racionalidad de su padre, pero, a la vez, dolida y enfadada por las impertinencias y desplantes de su progenitor.

La hija quiere cuidar de su padre y a la vez ejercer el derecho a vivir su propia vida. La hija lleva toda la carga, y el padre, en una actitud clásica, niega estar enfermo y asegura que la que está mal es Anne.

La trama de «El padre» se sucede con episodios repetititivos, personajes cambiados, situaciones análogas en las que vivimos una realidad deformada y confusa, que es la realidad que vive el propio enfermo. Nos ponemos como espectadores en sus zapatos, y es ese punto de vista junto a las excelentes interpretaciones de los actores, los dos pilares sobre los que se levanta la película.

Insultos e impertinencias

Olivia Colman sufre porque su padre no la reconoce, se inventa cosas que ella no ha dicho, incluso ni identifica el piso en el que está viviendo en la actualidad, y vive en un estado agotado que se alarga. Pero Olivia también tiene que aguantar insultos e impertinencias de papá, un desprecio y un ninguneo constantes que la van minando.

Anthony Hopkins también tiene momentos de humor como cuando asegura que ha trabajado como bailarín de claqué y hace un demostración delante de Laura, su cuidadora.
Olivia Colman hace la mejor interpretación de su carrera en «El padre»

Dentro de su cabeza

El punto de vista es tan poderoso en «El padre» que nos metemos en la cabeza de Anthony Hopkins. Y viajamos a su ansiedad y turbación, a su aturdimiento y revoltijo mental, incapaz de controlar una cabeza que le controla a él en su deriva de deterioro y desmoromanimiento que él, el padre, se niega a aceptar.

Hopkins pierde la memoria y no reconoce a su propia familia, pero grita que jamás le sacarán de su piso. Por encima de su cadáver. ¡Pero si este no es tu piso!, ¡es el mío!, grita su yerno, quien cambia de actor, y al final no sabemos si ese yerno existe o no, si Anne está casada o separada, si se va a París con un nuevo amor o se queda en Londres.

Vivimos con Hopkins en un imposible y agotador trajín de cuidadoras, como Angela, a las que trata mal y acaban marchándose, son intrusas que le roban, clama el padre y todos los que tenemos una cierta edad, y nos adentramos en la madurez, nos sentimos identificados con Olivia Colman y la difícil tarea de cuidar a padres mayores a los que se les ha ido la cabeza.

El humor también aparece, salvador, y espolvorea su ligereza, por ejemplo, cuando una nueva cuidadora viene a casa para conocer a Anthony Hopkins y ése se muestra encantador y chispeante y clama haber sido bailarín de claqué y hasta le hace un demostración a la chica.

-Pero si tú eras ingeniero, papá-dice Anne.

Florian Zeller, el director de «El padre», sabe de lo que habla. De joven convivió con su abuela, quien padecía Alzheimer. Florian tiene vivencias de lo que supone sufrir y ser testigo a la vez de esta enfermedad neurodegenerativa, que ha sabido trasladar al guion de la película.

La idea es muy sencilla pero no por ello pierde eficacia narrativa a medida que la trama avanza, sostenida por la magistral interpretación de Hopkins, cuyos ojos perdidos, afantasmados, tristes, de niño desvalido al final de la película, se te meten en el alma.

Puedes ver «El padre» en Movistar +.