Tag Archives: maid

“La asistenta”: ¿por qué cuida Alex tanto de su madre?

¿Por qué cuida Alex tanto de su madre? ¿Por qué deja que la arrastre a su locura y su caos? ¿Por qué Alex, que tiene que cuidar de su hija de tres años, de sí misma, se preocupa tanto de su madre? Paula Langley sufre un trastorno bipolar, y dice que es Afrodita, asegura poder ascender a la luz y fundirse con ella, habla de ser uno con la creación y hacer el amor con la luz. Alex la escucha. Incluso cuando las cosas se ponen muy chungas con su madre, Alex nunca tira la toalla. Alex es la cuidadora de su madre.

-Te he cuidado desde que tenía seis años, mamá-dice Alex a su madre.

Su madre dice que no. Su madre niega todo lo que dice Alex, que es aburrida, poco creativa, y ¿qué está haciendo con su vida? Ella está perfectamente, lo tiene todo bajo control, está creando grandes obras, grandes pinturas que se expanden en ríos de color, locuras geniales de creatividad desbordante. Sabe divertirse, eso es todo. Ella es una mujer muy poco convencional. No como Alex, que limpia casas. Eso sí, Alex es la cuidadora de su madre.

Andie McDowell lo da todo para interpretar a Paula Langley.

Yo comprendo perfectamente a Alex porque yo quería mucho a mi padre que también tenía un trastorno bipolar como Paula, era un padre cariñoso y genial, aunque en sus crisis daba una guerra inusitada. Pero quería cuidar de él por muchos problemas que me acarrease desde que era muy joven. No quería que nadie le hiciese daño a papá, o se aprovechase de su vulnerabilidad mental. Por supuesto mucha gente se aprovechaba. A veces, le veía tan indefenso y perdido como un niño.

Así que sí, entiendo perfectamente a Alex, que se preocupa de su madre como si ella fuera la madre y su madre, la hija. Cuando la directora del refugio para mujeres maltratadas le pregunta a Alex:

-¿Y qué pasaría si dejaras de cuidar de tu madre?

Alex se queda en silencio. No tiene ni idea. Jamás se le había pasado por la cabeza el hecho de que pudiera hacer tal cosa.

Margaret Qualley y Andie McDowell son madre e hija en la vida real.

Hay química entre Margaret Qualley, que interpreta a Alex, y Andie McDowell que encarna a Paula, su madre. Disfrutan actuando juntas esta hija y madre en la vida real, y Andie está radiante y excesiva, y a la vez, verdadera, interpretando a Paula Langley, que tiene una enfermedad mental, que nunca reconoce tener.

McDowell le deja espacio a su hija para crear esa naturalidad, esa realidad amor-odio de madre e hija, cuya dinámica disfuncional no está exenta de cariño.

Paula sólo tiene a Alex. Alex se tiene a si misma y, a pesar de las innumerables locuras de su madre, no puede dejar de quererla.

Hay algo entrañable en Paula, cuando pinta la habitación de su nieta, cuando se empeña en ser una Leonardo Da Vinci reencarnada.

Desde luego “La asistencia” sería una serie mucho más aburrida sin la presencia del personaje al que da vida Andie McDowell.

Puedes ver “La asistenta” en Netflix.

Alex es la cuidadora de su madre.

Si te ha gustado el post, compártelo. Te lo agradezco porque me ayudas mucho.

Si quieres saber más de mí, curiosea mi Twitter.

“La asistenta” está basada en una historia real

Es significativo que la serie de Netflix, “La asistenta” esté basada en una historia real porque eso se nota: todo es auténtico, original pero genuino, realista. No hay nada extrañamente bizarro salvo los giros propios de la vida loca que impone la madre de Alex, Paula, interpretada por andie McDowell, que son fruto de su curioso carácter y la enfermedad mental que padece. La mejor serie de Netflix.

La mejor serie de Netflix

“La asistenta” se inspiró en las memorias de Stephanie Land: ‘Maid: Hard Work’, ‘Low Pay’, y ‘A Mother’s Will to Survive’. Pero la autora quería que la serie no sólo tratara de Alex, sino también de sus compañeras, que no son blancas y a punto de ir a la Universidad igual que pasó en la serie “Orange is the new black”.

“Realmente quería eso porque no es la historia de una persona blanca; el 90% de las trabajadores domésticas son personas de color”, dijo Land.

La credibilidad de la serie no sólo se basa en los guiones que son muy buenos sino también en las alucinantes interpretaciones de los actores: Margaret Qualley, Nick Robinson, Anika Noni Rose, Tracy Vilar, Billy Burke y Andie MacDowell.

“Me pasé 12 años limpiando casas. Lo que vi me quitó las ganas de ser rica”, dice Stephanie Land.

La mejor serie de Netflix.

Puedes ver “La asistenta” en Netflix.

La mejor serie de Netflix.

Si te ha gustado el post, compártelo. Te lo agradezco porque me ayudas mucho.

Si quieres saber más de mí, curiosea mi Twitter.

“La asistenta”: el arte del guion

En la serie, “La asistenta”, el capítulo 6 titulado “El ladrón” marca un hito en el arte del guion por poderosas razones y también es un buen ejemplo sobre lo que hablo, una y otra vez, en mi blog: de escribir en contra de las expectativas del espectador. El episodio empieza de la forma más normal, cotidiana, y familiar del mundo de cualquier madre que trabaje: su hija pequeña (casi tres años) está enferma y ella tiene que ir a trabajar. En el caso de Alex, el conflicto es más radical porque no puede contar ni con su marido (Sean, del que esta separada) ni con su madre, y no puede faltar al el trabajo porque la despedirían. Cómo escribir un buen guion.

El guionista es Colin McKeena.

La estructura del guion del episodio “El ladrón” es la siguiente: Maddy, la hija pequeña de Alex, se levanta muy acatarrada pero no tiene fiebre (si tiene fiebre no admitirían a la niña en la guardería, y al guionista no les interesa eso como ya veremos más adelante) Alex se pone en marcha y viene la secuencia de intentos fallidos: primero llama al trabajo para pedirse el día pero su jefa no se lo permite, luego recurre a a su madre, Paula, pero ésta no le coge el teléfono a su hija, a continuación Alex le pide a su ex marido, Sean, que se quede con Maddy pero éste trabaja un doble turno y le dice que no.

Andie McDowell interpreta a la madre bipolar de Alex Russell, la protagonista de “La asistenta”

Progresión dramática

Esta secuencia de hechos supone la progresión dramática de la historia: Alex lleva a la guardería a Maddy, y allí le dicen que no ha pagado la parte que le corresponde, Alex logra negociar un aplazamiento. y una de las cuidadoras coge a Maddy , advirtiendo a Alex que si la niña tiene fiebre, se tendrá que llevar a su hija.

En cuanto Alex llega a la casa que tiene que limpiar, un chalet destartalado que se encuentra al lado del bosque, su jefa le dice que pertenecía a Billy alias “Pies descalzos”, un adolescente problemático que solía robar en las casas vecinas, arrestado varias veces por la policía, y que había pasado varias temporadas en un reformatorio para delincuentes juveniles.

Margaret Qualley interpreta con mucha verdad a Alex Russell.

Conexión emocional

La madre de Billy ha muerto y Alex y su compañera tienen que limpiar su casa para que la inmobiliaria la ponga a la venta en condiciones. Mientras realizan la limpieza a fondo del inmueble, Alex descubre que la madre de Billy era una maltratadora que no solo encerraba a su hijo Billy en un agujero a oscuras sino que además también tenía algunos elementos decorativos nazis.

Lo importante para el guionista es establecer la conexión entre Alex y el chico Billy alias “Pies descalzos”. Alex sueña y avanza por el bosque creyendo que es Billy, esos sueños se repiten de forma obsesiva, va descalza como Billy, se acerca a su casa, vive en el bosque como “Pies descalzos”. Es él. Esos sueños obsesivos se repiten una y otra vez a lo largo del episodio. Alex es Billy.

La historia avanza en su progresión dramática, cuando Alex descubre un escondrijo en la cocina, donde la madre de Billy encerraba a su hijo y se mete dentro, la puerta se cierra y Alex sufre un ataque de pánico, tiene un flashback volviendo a su infancia en la que ella es una niña encerrada en un armarito debajo del fregadero en la cocina de su casa mientras sus padres se pelean. La niña interior sufre, está asustada, y secuestra emocionalmente a la adulta que es Alex. Su madre también encerraba a la chica cuando era niña, esa madre pirada, irresponsable, que se largó a Alaska a las primeras de cambio, con ella, abandonando a su padre. Alex le pregunta a su padre por qué su madre la cogió a ella de cría y se marchó a Alaska, abandonándole, y su padre responde que Paula, su madre, iría detrás de algún hombre del que se habría colgado. Esa es la historia que se cree Alex.

Es tan profundo este episodio, tan importante y tan vital que me dan ganas de celebrarlo escribiendo este post.

Colin McKeena es un guionista genial porque nos va llevando, suavemente, con mano delicada, al trasfondo de una historia que no es lo que parece.

Una historia de superación y amor a si misma de Alex Russell.

Maddy tiene fiebre y no puede quedarse en la guardería. Al único que le queda por pedir ayuda a Alex es a su padre con el que no se relaciona. Esperamos que su padre la rechace. Son nuestras expectativas como espectador. Cómo escribir un buen guion.

El padre de Alex se ha vuelto a casar, tiene una nueva familia, dos hijas nuevas y se ha convertido en cristiano fundamentalista. Tenemos un mal de recuerdo de él porque al principio de la serie cuando Alex tiene el accidente de coche, con Maddy dentro, y llama a su padre para pedirle ayuda este viendo que su hija y su nieta están desamparadas no les ofrece refugio en su propia casa y las deja en plena noche en la estación del ferry, donde Alex tiene que pasar toda la noche con Maddy.

Sin embargo, cuando Alex llama a su puerta esta vez, su padre se muestra amable, dispuesto a ayudar a su hija cuidando de su hija mientras Alex limpia la casa de la madre de Billy “Pies descalzos” y además ofrece su casa como refugio para su hija y nieta se queden el tiempo que necesiten.

Escribir en contra de las expectativas del espectador.

Padre e hija se unen, su padre tiene la decencia de pedir perdón a Alex por haberla dejado esa noche, en la estación del ferry, Alex lo perdona. Ambos hablan del pasado, porqué él y su madre se divorciaron. El padre confiesa que la madre de Alex le asustaba, y su hija le comprende.

Este es una secuencia clave porque establece una versión de la historia de la vida de Alex que Alex se cree porque su padre es dulce y comprensivo y su madre no es fiable por su inestabilidad mental. Además ella nunca le ha contado nada a su hija de porqué abandonó a su padre, la cogió a ella y se marcharon

Como espectadores también esperamos que Billy “Pies descalzos” vuelva a su casa ahora que su madre ha muerto, y robe en su propia casa como ha hecho en tantas otras casas en la localidad, como esperamos que Alex lo pille con las manos en la masa y Billy se enfrente a ella.

Nada de lo que esperamos sucede en la historia. Y eso está muy bien. Los tiros no van por ahí. Y ese es el arte del guion.

Alex ve movimientos de arbustos en el bosque y sabemos que ahí está escondido, Billy, acechando su propia casa en la que no puede entrar sino es de extranjis. Alex incluso coge un paquete de Doritos, que sabe que a Billy le gustan mucho, y los deja cerca de los helechos que ella ve moverse desde la ventana de la casa

El círculo cerrado de la violencia machista

Su padre se porta bien con Alex, le ofrece su casa para que se quede con Maddy, es amable y dulce con ella, cuida de su nieta con cariño, y su mujer es amable también. Hay ambiente de hogar y Alex se siente bien. Por fin tiene un refugio en la vida: la casa de su padre.

Pero durante los muchos flashbacks a su infancia en los que Alex revive su terrible momento de terror: ella de niña encerrándose en el armario de la cocina, a oscuras, mientras sus padres tienen un violenta discusión, y la niña Alex tiembla de miedo, descubrimos la atroz verdad.

De repente, la puerta del armarito se abre y aparece su madre con la cara ensangrentada y hecha polvo. Su padre la ha pegado. Paula tranquiliza a su hija y la calma.

Su padre maltrataba a su madre. Se cierra el círculo de la violencia machista que pasa de abuelas a madres, de madres a hijas, de hijas a nietas.

Alex corre a casa de su padre y se lleva a Maddy con ella. Rompe relaciones con su progenitor.

Su madre no se fue a Alaska con su hija, persiguiendo a un nuevo novio como le contó papá, su madre se marchó porque él la maltrataba.

Bueno, pongámosle cara al guionista que escribió el capítulo de “El ladrón”: Colin McKeena.

Colin es autor de interesantes obras
de teatro y vive en Nueva York.

Puedes ver “La asistenta” en Netflix. Es una obra maestra.

Cómo escribir un buen guion.

Si te ha gustado el capítulo, compártelo con alguien que creas que lo disfrutará. Te estoy muy agradecida. Me ayudas mucho.

Si quieres curiosear más sobre mí, échale un vistazo a mi Twitter.

“La asistenta”: el valor del dinero

Decía la escritora y creadora de Harry Potter, J.K. Rowling que era contraria al célebre tópico acerca de que el dinero no tiene importancia en la vida, porque, cuando era una madre separada y en paro, a cargo de su hija bebé en Edimburgo, una vez, en el supermercado, no pudo comprar una lata de guisantes porque le faltaban unos pocos céntimos. Rowling tampoco podía permitirse hacer fotocopias de su manuscrito del primer libro de la saga Harry Potter y debía mecanografiarlo a máquina en una biblioteca pública cada que quería hacer un nuevo envío de su novela. Es muy parecido a lo que le pasa a Alex. Lo que vale el dinero.

En la serie “La asistenta” está muy presente el valor del dinero, porque conseguir dinero o no es la brecha que separa a Alex de su independencia, su puente a su nueva vida lejos de la dependencia económica de Sean Boyd, su ex marido maltratador, quien ejerce violencia psicológica contra ella.

Maddy y Alex Russell solas ante el mundo, con un vínculo madre e hija extremadamente fuerte.

La independencia y crecimiento personal de Alex también implica, por supuesto, pedir ayuda profesional, hacer terapia psicológica, cuidarse a sí misma, y aceptar su pasado y su presente, y sobretodo amarse a si misma y dejar de estar tan pendiente de los demás.

Precios impresos

En “La asistenta”, cada céntimo cuenta porque, en la perra vida de un mujer pobre como Alex Russell, unos pocos céntimos suponen la diferencia entre comprar una lata de guisantes en el supermercado o no, tener o no tres dólares suponen echar o no gasolina, y contar o no con un bono de transporte para el ferry significa ir a trabajar a Fisher Island para limpiar las casas de los ricos o no.
“La asistenta” exprime bien la técnica de imprimir los precios de lo que Alex Russell gasta, de lo que cuesta lo que quiere comprar para su hija sobre todo, descontando el dinero que gasta, contando el dinero que gana limpiando casas, vemos a qué cantidad asciende su presupuesto mensual y cómo se va descontando el dinero cada vez que hace la compra en el supermercado, echa gasolina a un coche que le ha prestado su amigo Nate, o coge el ferry o compra productos de limpieza, o si se tiene que pagar un desayuno

Lo maravilloso de la serie es también su estilo realista, práctico, cotidiano, doméstico, que se empeña en relatar lo que cuesta cada cosa, lo increíblemente difícil que es sobrevivir si no tienes ayuda y …dinero, por supuesto.

Poderoso caballero es el dinero, dijo Quevedo en el siglo XVI.

Lo es.

En el primer capítulo uno de la serie vemos de qué manera tan diferente viven los ricos y los pobres. La primera casa que tiene que limpiar Alex para “Maid Value”, la empresa para la que trabaja , es la Regina, una abogada de prestigio, quien le ordena -entre otras tareas, por supuesto- vaciar la comida su nevera: fruta, vegetales, hortalizas en perfecto estado porque a su vuelta de un brevísimo viaje “puede oler”.

Minutos después Alex se desmaya de hambre. No ha comido nada en más de un día.


Margaret Qualley, la actriz que interpreta a Alex Russell, establece una conexión emocional increíble con su hija Maddy.

Así que queda clara la intención de los guionistas, que han basado sus guiones en la novela autobiográfica de Stephanie Land, de que el dinero importa, vaya si importa en esta historia de maternidad, precariedad y maltrato

La gilipollez que dicen los ricos de que el dinero no da la felicidad, de que el dinero no importa …lo dicen porque lo tienen y no lo necesitan, nunca lo han necesitado.

Puedes ver “La asistenta” en Netflix. No te la pierdas.

Lo que vale el dinero.

“La asistenta”: humor contra viento y marea

“La asistenta”, la nueva serie que ha estrenado Netflix, cuenta una historia dramática pero también contiene un humor negro y surrealista, humor puro y duro, nacido de la vida misma, que te hace germinar una sonrisa mientras se te encoge el corazón. La joya oculta de Netflix.

Las dos fuentes de las que mana el humor de la asistenta provienen del personaje de Paula, la madre de Alex, interpretado por Andie McDowell en el mejor papel de su carrera, y del personaje de Danielle, interpretado por Aimee Carrero, un actriz con una vis cómica antológica.

Mientras Alex se dedica a limpiar casas para sobrevivir y cuidar de su hijo lejos de su perla de marido, se cruza con Paula, su madre, maniaco depresiva, quien se cree una gran artista y es sólo que está en estado maniaco. Divertidísima es la trama en la que Alex y Paula van a buscar sus antiguos muebles, y las primeras esculturas de Paula, a casa de un antiguo novio de Paula. La joya oculta de Netflix.

Andie McDowell y Margaret Qualley son madre e hija en la vida real.

En su delirio, Paula cree que un galerista famoso se ha comprometido a hacer una exposición con su obra. Así que rescata, con la ayuda de su aturdida y exhausta hija, un obelisco que ha creado, al que su ex llama “la gran polla”. Y es verdad, el obelisco parece una gigantesca picha dorada, con sus huevos incluidos. Un despropósito descacharrante, que tiene su choque de realidad, su jarra de agua fría cuando madre e hija llegan a la galería. La joya oculta de Netflix.

Humor es igual a verdad más dolor

El otro personaje que dinamiza las tramas cómicas es Danielle, la amiga graciosa y descarada, echá p’alante, que se echa Alex en el refugio para mujeres maltratadas. Como personaje, Danielle cumple una doble función: por un lado sirve de detonante para que Alex se ponga en marcha y salga de su tristeza y bloqueo, por otra, aporta una genial vis cómica a la serie.

Hay mucho humor negro y natural, de la vida misma, no forzado, en “La asistenta”.

Cuando Regina, la dueña de una mansión que Alex ha limpiado, arrogante y cruel, no quiere pagar a la chica, Danielle la incita que vayan a ver la mansión que está a la venta y que cojan algo que equivalga al dinero que le deben a Alex.

El resultado es una trama llena de humor y frescura en la que la poderosa personalidad de Danielle nos hace partirnos de risa.

Qué pava.

Danielle, una amiga para los tiempos difíciles, que se pone el mundo por montera pese a vivir en un refugio para mujeres que han sufrido violencia machista.

Puedes ver “La asistenta” en Netflix.

La joya oculta de Netflix.

Si te ha gustado el post, compártelo. Te lo agradezco porque me ayudas mucho.

Si quieres saber más de mí, curiosea mi Twitter.

“La asistenta”: la lucha por la vida

Dice Pedro Almodóvar que la ficción es la mejor forma de conocer la historia de un país. Yo creo que una buena serie -y “La asistenta” lo es- es la mejor forma de conocer una sociedad, en este caso, la americana. Alex Russell, tras abandonar a su violento y alcohólico marido, se enfrente a todo tipo de trabas burocráticas, ignominias dementes, escenas surrealistas y nada compasivas, de papá Estado, porque si nos has nacido rica, que te den. El surrealismo del sistema.

El surrealismo del sistema

Alex Russell tiene malas cartas para sobrevivir y cuidar sola a su hija Maddy. En primer lugar, Alex no tiene apoyo familia, su madre Paula está pirada, su padre tiene otra familia y pasa de ella. Alex no fue a la Universidad y no cuenta con una habilidad específica. Además si trabaja ¿quién cuida a su hija de dos años? Un callejón sin salida.

Kafka está vivo

Para mí, Kafka es un genio atemporal. Su literatura, sus mundos kafkianos siguen vivos , por ejemplo, en una serie sobre una chica lista y buena pero pobre en el Estados Unidos de hoy en día. Y si no que se lo pregunten a Alex Russell, la joven madre en “La asistenta”.

Una trabajadora social trata a Alex de “basura blanca que solo quiere cobrar el cheque que le de el Estado”. Un profesor de “Buenos hábitos” le dice que su hija tiene que comer más fruta, y que debe ingerir tres comidas saludables al día. Su marido, después de tratarla de pena, le pregunta por qué ya no le gusta. Su primera jefa no la quiere pagar después de que Alex haya limpiado su mansión porque es una jeta cruel.

Kafka sigue vivo. Marx y Engels también.

El sistema te aplasta si no tienes dinero ni colchón social.

El sistema es cruel y te roe las entrañas sin piedad.

El sistema te deja sin salida y luego te abronca por no espabilarte, por no trabajar, por no buscarte la vida.

Cuando es eso, precisamente, lo que hace Alex Russell cuando deja a Sean Boyd: luchar por su vida y la de su hija.

Sim embargo, hay algo cuya responsabilidad recae por completo en Alex Russell: su mal ojo para los hombres.

Si eres camarera, y ves a un chico guapo que está leyendo “El amor es un perro en el infierno” de Charles Bukowski en tu bar, no te enamores de él.

Bukowski es mejor para leerlo que para vivirlo.

Puedes ver “La asistenta” en Netflix.

Si te ha gustado el post, compártelo. Te lo agradezco porque me ayudas mucho.

Si quieres saber más de mí, curiosea mi Twitter.