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“Hijos de la nieve”, la trágica historia de las malas madres

Nordic noir en estado puro, los amantes del género están de enhorabuena. Una historia escalofriante sobre la desaparición de Lucas, un bebé de cinco semanas, en plenas Navidades. Nadie lo ha visto, nadie sabe donde está.

Siento algo perturbador, incómodo, un gancho que me remueve las entrañas cuando veo “Hijos de la nieve” y aún así siento la compulsión de seguir viendo la compulsiión de seguir viendola serie, ue en realidad es muy deprimente, pero supongo que soy una adicta al nordic noir y me consuela cuando el oscaso agoniza tras las ventanas de mi salón y el perfil del Pirulí hiere el cielo violeta oscura y el cansancio domina mi mente y mi cuerpo.

Hijos de la nieve nos cuenta la historia de unas personas que han perdido el rumbo en la vida y las cosas les van muy mal, francamente mal.

Seres humanos perdidos

Estamos en pleno diciembre, vísperas de Navidad, en un suburbio marginal a las afueras de Estocolmo. Una tormenta de nieve ha paralizado Suecia. Jenni, madre de dos hijos, nota la ausencia de uno de ellos. Es Lucas, de tan solo cinco semanas, quien ha desaparecido de su hogar. Ella no recuerda la última vez que lo vio y su otra hija, Nikole, sorda de nacimiento, permanece pasmada a su lado.

Jenni decide ir a visitar a su madre, Marianne, una tatuadora de mediana edad, para intentar refugiarse de su paranoia. Allí dos modelos de maternidad chocan y conocemos otra capa del personaje protagonista: Jenni es adicta a los somníferos y ex drogadicta. Tras discutir con su madre, decide acudir a la policía y de esa confesión emerge otra de las figuras principales. Alice, policía de Estocolmo, se hará cargo del caso de desaparición.

Por otra parte seguimos la historia de Marie, una enfermera pediátrica, que se enfrenta al sistema por intentar salvaguardar a una bebé, Rose, de su madre, que la mata de hambre, mientras cuida de su hermano discapacitado. Marie es un personaje increíble, con un inmenso corazón. La única que se preocupa en “Hijos de la nieve” de los bebés en estado de abandono y maltrato.

No es una serie policiaca al uso

El suspense se arraiga en el fracaso y la pérdida como seres humanos, no va de un policía persiguiendo a un asesino en serie.

“Hijos de la nieve” ha sido un fenómeno en Suecia y no es de extrañar. Esta ficción remueve el estómago de toda una sociedad, niños abandonados en un pasillo nevado, bebés que lloran y no son alimentados, madres que no se pueden levantar de la cama para atender a sus hijos, padres que llevan a sus pequeños al trabajo porque no tienen donde dejarlos, dolor y sufrimiento, infancia desamparada, tristeza y nieve, un presente muy oscuro en el corazón de Estocolmo donde malviven los desposeídos que son incapaces de cuidar de sus propios hijos por problemas de adicción, pobreza, depresión.

Y en medio de todo esa oscura realidad, Lucas, un bebé de cinco semanas que ha tenido malas cartas al nacer en la familia de Jenni y Salle, en ese suburbio de Estocolmo. El día de Navidad Lucas desaparece, nadie lo ha visto, no ha dejado rastro.

Despues del piloto muy bien planteado, dotado de una increíble tensión creada con muy pocos elementos en una trama original, con unos personajes creíbles, multidimensionales, ni buenos ni malos, solo atrapados en su propio dolor, sin poder salir de sus prisiones mentales pese a sus mejores intenciones, se inicia un flashback que nos pone en antecedentes de lo que ha pasado antes de la desaparición de Lucas.

“Hijos de la nieve” nos cuenta una historia de desgracia y malas decisiones en la vida cuyas víctimas más vulnerables son los niños, no solo los niños Lucas y Nicole, de Jenni y Salle, sino también otros niños atrapados en malas familias, pero sobre todo cautivos de malas madres, porque la mala maternidad es el hilo argumental de “Hijos de la nieve”.

La maldición de la naturaleza humana

No hay malos estereotipados, sino que el mal y el bien están presentes en todos los personajes como un claroscuro en la naturaleza humana al estilo del gran director sueco, tan influyente, Ingmar Bergman, que fue hasta el núcleo de lo humano, al núcleo ardiente y desolador del drama posible y cotidiano.

Penetramos en la disfuncionalidad, miserias y oscuridades de la sociedad sueca, muy alejada de esa imagen idealizada y progresista que solemos tener de los suecos y sus dinámicas sociales.

La Navidad envuelta en una tormenta de nieve separa barrios y familias, pobres y ricos, acomodados y supervivientes al límite de sus fuerzas, con su mochilas cargadas de piedras del pasado, cargadas hasta los topes.

Puedes ver “Hijos de la nieve” en Sundance TV.



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“The investigation”: hiperrealismo policiaco y ética con la víctima

En “The investigation” nos encontramos en Copenhague, agosto de 2017. La policía recibe la denuncia de desaparición de una periodista sueca llamada Kim Wall. Lo último que se sabe de ella es que subió a bordo de un submarino casero con la intención de entrevistar a su constructor y propietario. Pocas horas después, encuentran el submarino hundido y consiguen rescatar a su capitán, a quien interrogan sobre los hechos. Pero no hay rastro de la periodista ni pruebas concluyentes, y las declaraciones son contradictorias. Jens Møller, jefe de la unidad de homicidios de la policía, se hace cargo del retorcido caso, que no para de complicarse a cada paso. Una investigación que avanza bajo la presión de un fiscal que necesita pruebas para construir un caso sólido, unos padres en busca de respuestas y unos medios de comunicación hambrientos de titulares.

Es “The investigation. El caso del submarino”, una serie que se estrenó en HBO y ahora llega a Movistar.

La cámara del director de la serie, Lindhom, no muestra jamás el cadáver de Kim Wall ni pronuncia el nombre del asesino, Madsen, de hecho tampoco nos muestra al sospechoso aunque sabemos que la policía le está interrogando. El ritmo es lento pero, de alguna forma, nos elevamos en el género True Crime quizás por el respeto que se muestra a la víctima, la periodista Kim Wall.

La serie retrata bien el horror a la que se enfrenta la familia de la víctima pero también el inspector, Jens Moller, al investigar un caso complicado y plagado de obstáculos (el cuerpo ha sido desmembrado, no hay pruebas concluyentes contra el acusado, el mar se ha tragado parte del cuerpo de la víctima, el jefe de los buzos se desalienta ante el trabajo ingente al que se enfrentan sus hombres)

Historia de oscuridad

“The investigation” nos cuenta una historia cercana. terriblemente cercana y posible en nuestra Europa Occidental, Dinamarca, un país tan progresista, con una víctima periodista como yo, con la que me siento identificada porque cuando vas a entrevistar a alguien a solas, entras muchas veces en el terreno privado del entrevistado, tratas con desconocidos todo el tiempo. Si vas sola, el riesgo aumenta, aunque nunca te lo planteas.

La serie no está exenta de reflexiones filosóficas de Jens Morgen, el inspector y del fiscal encargado del caso, que por cierto son los grandes actores Soren Malling y Pilou Asbaek que salían en la serie “Borgen” sobre las intrigas palaciegas en Christianborg.

Hay un realismo tozudo, moroso que busca acercarnos a la cotidianidad profesional de inspector Jens Moller que no nos ahorra llamadas de móvil repetidas, conversaciones rutinarias y monótonas y sobre todo la tozuda y complicadísima búsqueda de los miembros del cuerpo descuartizado de Kim Wall bajo las aguas del Báltico.

Una investigación frustrante

Al contrario que en otras series, las pruebas no se encuentran con facilidad, en realidad no hay pruebas concluyentes, causa de la muerte, no pueden probar el homicidio con agravante. La serie abre justo así: Jens pierde un juicio con un acusado que es culpable de asesinato, pero el fiscal no es capaz de probarlo durante el proceso, sentando unas bases realistas de lo que es nuestro sistema jurídico europeo tan garantista con el reo, incluso uno de los capitulos de “The investigation” se llama precisamente “In dubio pro reo”, ante la duda, a favor del reo en latín.

Esos detallen forman parte de la grandeza de este True Crime que es diferente a cualquier otro ejemplo del género por una cuestión medular: el respeto que muestran hacia la víctima, Kim Wall, huyendo del morbo barato y la sangre de su asesinato.

Solo hay que fijarse en la cantididad de secuencias que hay de Jens Morgen informando y acompañando a los padres de Kim, como jamás se ha visto en otro True Crime.

-En Dinamarca no hay más de 50 homicidios al año, pero parecen más porque todos son noticia-dice Jens Morgen, el inspector encargado del caso de Kim Wall.

-Cuanto más civilizados somos, más necesitamos mirar a la oscuridad-añade el Fiscal.

Puedes ver “The investigation” en Movistar +.

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“Crímenes”. Anna Permanyer

La banalidad del mal. Esa reflexión horrorizada y perturbadora queda tras ver un crimen de una crueldad extrema como el asesinato de Anna Permanyer, una psicóloga y madre de cuatro hijos barcelonesa, a manos de su inquilina, Carmen Badía, en 2004. Esa frase acuñada por la filosofa alemana y judía, Hannah Arendt, durante el juicio al jerarca nazi, Eichmann, en Jerusalen, me cruza el pensamiento tras ver los tres capítulos de “Anna Permanyer” en la serie “Crímenes” de Movistar.

“Crímenes”. Anna Permanyer

Crímenes. Anna Permanyer

De abril a junio de 1961, Arendt asistió como reportera de la revista “The New Yorker” al proceso contra Adolf Eichmann. De ahí surgieron inicialmente algunos artículos y después su libro más conocido y más discutido hasta el presente: “Eichmann en Jerusalén, un informe sobre la banalidad del mal”. Se publicó primero en 1963 en EE. UU. y poco después en Alemania Occidental.

Pero la tesis de la Arendt sigue estando vigente cuando veo el caso Anna Permanyer en la serie documental “Crímenes” de Carles Porta. También reflexiono el peligro de la psicopatía, en Carmen Badía, condenada por el asesinato de su casera sólo por una razón: el dinero.

“Crímenes” adopta el estilo Netflix del True Crime.

En realidad, el marido de Anna Permanyer, lo explica muy bien, devastado, cuando habla de la pérdida de su mujer, un persona buena, madre, esposa, que no había hecho mal a nadie, a quien Carmen Badía engañó, asesinó con una cruedad atroz. “Siento rabia, injusticia. Esa persona tiene rasgos psicopáticos muy peligrosos”.

Sin embargo Carmen Badía estaba plenamente asimiliada a la sociedad, tenía una hija pequeña, y, aparentemente, llevaba una vida normal.

Pero quiso salirse con la suya y quedarse con el piso de Anna Permanyer. Esa fue su perdición como asesina.

La serie se basa en los detalles de la crueldad.

En la Barcelona que pretendía ser moderna tras el boom de 1992, en una ciudad abierta que se llenaba de turistas y estaba de moda, sucede el crimen de Anna Permanyer. Con su crimen y el de las dos policías, una de ellas en prácticas, a manos de un psicópata ex convicto en su casa, Barcelona volvía a retrotraerse a la oscuridad de los años 70, un ciudad franca, donde la crueldad y el mal campaban a sus anchas.

Porque es el mal el tema de la serie “Crímenes”.

“True Crime” renovado

Movistar con el formato de “Crímenes” de Carles Porta juega a una apuesta que le ha funcionado a la perfección a Netflix: El True Crime renovado.

Sin duda Netflix ha sabido innovar en nuevas formas narrativas de guión y audiovisual para contarnos historias de True Crime de forma diferente, por ejemplo, con “La escalera”, o con “Elize Matsunaga: Érase una vez un crimen”. En España ya se había hecho “Muerte en León” que tuvo mucho éxito, y “Nevenka”.

Sin embargo el formado creado por Carles Porta, que tiene su origen en su programa de radio, va un paso más allá porque cuenta con una colaboración excepcional de la policía en crimenes ya juzgados y condenados, y sigue la factura americana aún más allá.

Pura televisión

Claro que “Crímenes” es televisión, pura televisión, y de alguna manera, explora un nuevo territorio diferente al de una crónica negra al uso.

El uso de las imágenes que presta la policía, son casos sentenciados y condenados judicialmente, las entrevistas de ambas partes hilvanan bien el relato. Además una voz en off muy sugerente, Luis Tosar, hace el resto para que los capítulos funcionen e impelan al espectador a pulsar la opción de: ¿quiere ver el siguiente capítulo?

La familia de Anna Permanyer, devastada.

El dron se utiliza para planos cenitales de la ciudad, sus edificios, calles, carreteras serpeteantes e intrincadas iluminadas por la luz vainilla de las farolas mientras la oscuridad fagocita Barcelona. Luego hay planos interiores medios de las entrevistas que consiguen contar bien la historia, hay un trabajo periodístico potente, y por supuesto, las fotos, cintas, audios, que proporciona la policía tambien estructuran el relato que va más allá de los titulares de los periódicos y los reportajes corrientes que vemos en la tele.

La factura visual de “Crímenes” es buena, al estilo Netflix, y eso se agradece. También el guión es sólido, bien documentado. Sin duda la cantidad de imagen y lo relevante de dicha imagen sorprende en esta serie documental.

“Crímenes”. Anna Permanyer.

Carles Porta consigue enganchar.
La acusada y condenada durante el juicio.

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“Crímenes” de Carles Porta

Las que me conocéis sabéis que me encanta el género negro, la novela policiaca, las películas thriller y ese género en sí mismo que es el True Crime. Pues bien, os quiero contar en este post mi último descubrimiento: “Crímenes” del periodista Carles Porta. “La vida son detalles y sin ellos sólo tienes titulares”, dice. Creo que ha innovado en el género por varias razones que analizaré a continuación. “Crímenes” de Carles Porta.

Orígenes

Descubrí a Porta en su podcast de Audible “¿Por qué matamos?”. Recreaba los crímenes más mediáticos y crueles de la crónica negra de España: los asesinatos de Isabel Segura y Diana Quer, el caso de la asesina de Estremeras que mató a sus hijos para vengarse de su marido, el caso de El Solitario, el atracador más búscado de España, que durante 14 años mantuvo en jaque a la Guardia Civil.

Me enganché al podcast por su rigor,sus nuevas técnicas narrativas, y también su perspectiva sociológica y psicológica infrecuente en el género. La voz profunda, hermosa de Porta hizo el resto.

“¿Por qué matamos?” había sido un éxito en Cataluña donde Carles Porta es muy conocido y pronto se convirtió en uno de los podcasts más escuchados en la plataforma de Audible. Cuando mi chico me dijo que se había hecho una serie documental para Movistar +, en realidad se había estrenado primero en TV3, dudé. Lo que funciona en la radio no siempre funciona en la televisión y viceversa.

Pero al ver el caso de “La Guardia Urbana de Barcelona”, flipé. No sólo estaba bien hecho, sino que gracias a la colaboración de la policía teníamos acceso a las imágenes, mensajes de audio, localización de los móviles durante el crimen de los implicados en el crimen, y junto a una excelente factura audiovisual de drones sobrevolando y filmando imágenes de edificios, noches y carreteras, y un sentido cinematográfico que va más allá de las limitaciones de la realización habituales del género, hacían el milagro: te enganchaban a la historia. Había algo hipnótico en la narración.

La serie documental ya se había estrenado en TV3, y había logrado atraer a la audiencia. Vamos a reflexionar sobre los motivos del triunfo del formato y el por qué resulta diferente a otros del mismo género.

El periodista Carles Porta se ha especializado en nuestra crónica negra.

Crimen de la Guardia Urbana

El crimen de la Guardia Urbana de Barcelona ha sido uno de los más mediáticos de la historia negra de España. La tarde del 4 de mayo de 2017, un ciclista encuentra un coche quemado en uno de los caminos del pantano de Foix. Los mossos se acercan al lugar, y en maletero del vehículo, descubren los restos del cadáver carbonizado de una persona.

Pedro Rodríguez y Rosa Peral en tiempos más felices.

Gracias a la matrícula, los mossos pueden averiguar que el coche pertenece a Pedro Rodríguez, un agente de la Guardia Urbana de Barcelona. Oficiamente, no hay denuncia por desaparición pero desde hace dos días falta de su casa y nadie lo ha visto.

En la investigación policial se descubrirá que están implicados en el asesinato, la novia de Pedro, Rosa Peral, con la que convivía junto a las dos hijas de Rosa de su primer matrimonio, y Albert, otro agente de la Guardia Urbana de Barcelona, con el que Rosa había mantenido una relación sentimental en el pasado.

Innovaciones

Sin duda lo que sorprende de “Crímenes” es que la historia se narre con la boca de los dos protagonistas, Rosa y Albert, a través de los mensajes de audio y fotos de sus móviles, (hay muchísimos) y sus publicaciones en redes sociales. Luego son claves la colaboración de la policía y el fiscal del caso, que estructura muy bien la narración del caso en entrevistas mirando a cámara -no suele ser lo habitual-siempre con el mismo fondo, una pared gris deslavazada. Además el estilo narrativo, con el uso y abuso del dron imita la narrativa norteamericana del género, y al recrear las escenas del crimen dentro de la casa de Rosa Peral (esa bombilla bamboleante, esas escaleras y sótanos oscuros) son más cine que documental o reportaje periodístico.

Una crítica

Cuando acabé de ver los cuatro episodios de la primera tempora a de “Crímenes”, tuve la sensación de que sobraba, al menos, un episodio. Que algunas cosas se repetían o se alargaban inncesariamente. Pero aún así me tragué “Crímenes”en dos sentadas y funcionó. Sin duda.

¿Y tú? ¿Lo has visto? ¿Qué opinas? Acompañame en este viaje por los contenidos más interesantes en cuanto a series y documentales de la televisión.

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“Crímenes” de Carles Porta.

“Gran Torino”: Clint Eastwood es para siempre

Mi madre y yo disfrutamos de una rato bonito viendo juntas “Gran Torino” y comentando la jugada de Clint Eastwood enfrentado y luego amando a la comunidad asiática hmong al que el bueno de Clint llama “jamón”. El gran Clint Eastwood.

-Hay que apoyar a un hombre que sigue haciendo películas con casi 90 años-dice mamá.

-Por supuesto.

-¿De dónde sacará la energía?

-Ni idea. Además dirigir la película requiere mucha.

-Me gustó “Cry macho? ¿Te lo dije? Muy tierna.

Mi madre va con sus amigas María y Charo todas las semanas al cine en Málaga. Las películas son como bombonas de oxígeno para ella y sus comadres.

-No.

-Pues sí.

-Mi favorita es “Million Dollar Baby”. Me encantó.

No le digo a mamá que esa película que vi en el cine Tívoli ya desaparecido, en la calle Alcalá de Madrid, me hizo llorar.

Soy muy sensibles con las historias de orfandad y de padres adoptivos quizás porque yo misma me he sentido huérfana toda la vida, desde que al nacer en 1971, España durante los último estertores del franquismo, mis padres se fueron a Washington con una beca doctoral y me dejaron con mi abuela. Al volver papá y mamá, tres años después, y querer tomar posesión de su hija, yo creía que me habían secuestrado unos extraños.

Gracias Dios mío por la series

Poco se habla de lo que unen las series, de la cantidad de vacíos que rellenan las series entre una madre y mi hija. Mi relación con mi madre sería mucho más triste si no tuviéramos series o películas que comentar.

El gran Clint Eastwood.

En la secuencia que abre “Gran Torino” no hay apenas diálogo, sólo la mirada de desprecio de Walt hacia sus hijos y sobre todo, hacia sus nietos, que no muestran respeto durante el funeral de su mujer. Su cara tensa, de profundo asco presenta el gran tema de la película: los prejuicios se aprenden pero el corazón si es bueno prevalece y es mejor el amor familiar que uno elige y no el que viene determinado por los genes.

Es un tema que era la médula espinal de “Million Dollar Baby”.

-Papá no se relaja ni en el día del funeral de mamá-dice el hijo de Walt a su mujer, un arpía, y él, un egoísta calzonazos.

Curiosa frase, rumio yo, ¿por qué piensa ese tío que su padre se tiene que relajar el día del funeral de su mujer?

Empatizas cob Clin Eastwood.

No sé cómo lo hace, el viejo cabronazo, pero lo logra una y otra vez.

La mejor carrera de Eastwwod se desarrolla desde que deja atrás su etapa de Harry el Sucio.

El final de esta película es digno de ver por cómo juega Eastwood con los prejuicios e ideas preconcebidas del espectador.

Y el guionista escribe en contra de las expectativas del espectador.

Qué gozada.

El gran Clint Eastwood.

Puedes ver “Gran Torino” en Movistar +.

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“Condena”: la línea clásica renovada de la BBC

“Condena” es una serie sobre la culpa, los remordimientos, la imposibilidad que tiene de perdonarse a si mismo, Sean Bean, brutal y honesto, la mejor interpretación masculina que he visto en mucho tiempo, pero la serie también se revela como una crítica al sistema carcelario británico, ineficaz, inhumano, donde un preso que entra por primera vez en la cárcel como Mark Cobden (Sean Bean), profesor en su antigua vida, quien se enfrenta a una condena de cuatro años, es carne de cañón.

Craigmore. Bienvenidos al infierno. Sean Bean no tiene ninguna posibilidad como educado profesor de Lengua y Literatura al caer en una olla a presión donde el hombre es un lobo para el hombre. Acosadores de instituto aquí en formato de criminales acosadores de cárcel. Pero Sean es un hombre manso y no se defiende, lo que en la cárcel significa estar muerto. Carne de cañón.

Esta miniserie de tres capítulos de la BBC es de lo mejor que se puede ver en la televisión actualmente. Verdad y asfixia, líneas clásicas para diseñar y contar la historia, la interpretación impactante de Sean Bean y Stephen Graham, el funcionario de prisiones, y unos personajes muy vivos a los que comprendes y conoces, llenos de verdad y dolor y arrepentimiento. Hombres condenados que pagan con su vida las vidas que han arrebatado.

Sean Bean interpreta a Marka, un profesor de Lengua alcohólico que quiere expiar su pena.

La vida anterior de Sean Bean se afantasma, pierde sustancia y realidad: su trabajo como profesor, su hijo, su matrimonio. El remordimiento y el arrepentimiento toman la forma de un flashback troceado que no completaremos hasta el final del tercer episodio de la miniserie británica: la carretera borrosa, demasiados vodkas en el cuerpo, una conducción confusa, la lluvia, y un atropello, la razón por la que Bean está en Craigmore.

La relación entre Sean Bean y Stephen Graham es uno de los puntos fuertes del guion de “Condena”

Hay varios puntos originales y diferentes en “Condena· comparada con otras serie del género carcelario. Sean Bean no es inocente, ha matado a alguien, Sean Bean sufre por lo que ha hecho y está dibujado a la perfección como personaje, conocemos su interior, conocemos su miedo y su remordimiento, exploramos su desesperación, su pánico, y su depresión. Sean Bean no es solo es un personaje que sufre, no, es un personaje multidimensional, con alma, al que, haya hecho lo que haya hecho, atropellar a un hombre y matarlo, entendemos.

Pero aquí viene la radical diferencia con otras series carcelarias, no solo entendemos al preso que acaba de ingresar en una prisión, puro infierno de Dante, también empatizamos y comprendemos a Stephen Graham, quien interpreta a un funcionario de prisiones honesto y estricto al que todos los presos llaman “jefe”, y que se ve atrapado en un conflicto emocional brutal porque tiene ingresado a su hijo en prisión, amenazado por otros presos. Por cierto, vuelve un tema recurrente de las últimas series que he visto: un buen hombre que hace cosas malas por salvar a su hijo, por ejemplo, “Your honor” o “American Rust”, aunque en esta última se trate del hijo de la mujer que ama Jeff Daniels.

Nada es blanco y negro en “Condena”. Nada es un brochazo gordo. Nada es maniqueo, nada es fácil. Todo es complejo y contradictorio, propio de las sutilezas y misterios de la naturaleza humana.

Puedes ver “Condena” en Movistar +. Súper recomendable.

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Carne de cañón.

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