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El poder de los símbolos visuales

En la película “La tormenta de hielo” todo parece estar congelado. En la urbanización en la que viven los personajes hace mucho frío. El hielo para el tren en el que va el hijo mayor de vuelta a casa por Acción de Gracias, el hielo recubre los coches y los caminos, el hielo con el que Kevin Kline se sirve su whisky está ultracongelado. Es más los propios personajes están congelados, ateridos en su propia infelicidad. Hoy analizamos el poder de los símbolos visuales.

Los Hood están perdidos en su falta de sentido y tristeza.

Los personajes de “La tormenta de hielo” están congelados, solo se muestran humanos cuando tienen relaciones sexuales. Pero bajo su frialdad e infelicidad, bajo su parálisis y depresión soterradas bajo una apariencia de normalidad, laten sus sueños, deseos, sentimientos, anhelos, quimeras.

El hielo, los colores fríos de la fotografía de la película, los árboles desnudos y deshojados del bosque, los carámbanos que penden de los bajos de los coches son un símbolo de la incomunicación que afecta a las dos familias protagonistas del guion de “La Tormenta de hielo”.

James Schamus es el guionista de La tormenta de hielo. Ganó el premio a mejor guión en el Festival de Cannes de 1997.

James Schamus, el guionista, adaptó la novela homónima de Rick Moody. Captó la locura, la tristeza, la crisis existencial, el vacío interior de dos familias americanas, los Hood y Los Carver, en las afueras de Connecticut a principios de los 70, en pleno auge de la revolución de la liberación sexual.

La historia trascurre en un breve periodo de tiempo en el que una tormenta cae sobre la urbanización en la que viven. Ambas familias se desintegran por las infidelidades, el alcoholismo de los padres, el desarraigo y la incomunicación de los hijos.

Cambiando de tercio, en la serie “Shitsel”, también hay potentes símbolos visuales. En la primera temporada Akiva planea vender estufas en plena ola de frío en Jerusalem. Se crea un malentendido y se propaga el rumor de que Akiva en realidad da estufas gratis a quienes lo necesitan.

Los pobres del barrio se presentan para que les de estufas, y él, con su corazón de oro, es incapaz de decir que no. Pero también se presenta ante su puerta, la viuda Elisheva, la mujer de la que Akiva está enamorado hasta las trancas para pedirle un estufa, hecho que les acerca románticamente. Por supuesto Akiva se la da.

Akiva y Elisheva protagonizan un amor imposible.

Cuando su amor se desbarata, y simbólicamente Elisheva le devuelve la estufa a Akiva. En una secuencia posterior, Akiva se consuela de su mal de amores encendiendo dicha estufa y calentándose con el calor que irradia.

Eleshiva no quiere casarse con Akiva. Cree que es un niño.

Los símbolos visuales pueden ser detalles muy pequeños, sirven para expresar estados de ánimo, el interior de los personajes, situaciones psicológicas: ánimo, desánimo, alegría, tristeza, moral, desmoralización.

Por ejemplo, en un capítulo de la primera temporada de Shitsel, Akiva espera a Elisheva en la cafetería del hotel. Está parece que le da plantón. Akiva fuma y, de repente, tira su cigarrillo en el vaso de agua que tiene sobre la mesa, un acto dimnuto que refleja su estado de ánimo de decepción.

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Nuria Verde

Nací en Madrid, en 1971. Soy licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense. Trabajo como periodista en Televisión Española. También he trabajado como guionista en diferentes series de televisión (Cuatro, Canal +, Telecinco). Asimismo, soy autora del libro Cómo crear una serie de televisión (T&B Editores, 2007) y de la novela El verdadero tercer hombre (Ediciones del Viento).

En 2010 dirigí un corto, Terapia, que fue nominado a los Premios Goya.

El monólogo interior de la criada

En el guion de la serie “El cuento de la criada” de Hulu predomina la voz interior de June, la criada protagonista. El monólogo interior es un arma de doble filo porque puede dar un aire antiguo, ir a lo fácil a la hora de contar una historia, con la convencional voz en off, y caer en un estilo más literario que cinematográfico. La revolución de la criada

Sin embargo en una historia en la que se impone el silencio por la violencia, se instaura la tiranía y la represión más absolutas, y se utiliza a ciertas mujeres como June para fines exclusivamente reproductivos, se impone la voz interior, el monólogo interno para dar audio a su rebeldía y desesperación.

En esta serie el monólogo interior está utilizado de forma magistral. Vamos a analizar por qué.

Un monólogo interior no explicativo

En realidad, el monólogo interior de June no es explicativo, no sirve para contar la historia, ni para hacer avanzar la narración, no es narrativo, es más bien una suerte de “stream of conciousness” al estilo de las obras de Virginia Woolf, donde sabemos cómo se siente June, lo que piensa, lo que anhela, lo que echa de menos a su hijita y a su marido, cómo se rebela y resiste frente a la dictadura de Gilead.

Otra función de dicho monólogo interior es recordar el pasado de June, saber como pasó lo terrible que pasó, a ráfagas, en momentos suelos, pero sin caer nunca en un estilo explicativo ni antiguo.

“El cuento de la criada” está basada en la novela homónima de Margaret Atwood y nos cuenta una distopía en la que unos sumos sacerdotes utilizan a las mujeres criadas, con el único fin de reproducirse en una ceremonia terrible y no exenta de morbo, en la que están también presentes las esposas de dichos señoros que además son estériles.

Un espectáculo hermosamente macabro donde se induce a las criadas a aceptar la sumisión, y la apatía por miedo al castigo como normalidad.

Atwood dijo que se le ocurrió la idea, cuando en los 80 vio cómo triunfaba y ascendía al poder la revolución islámica liderada por Jomeini en Irán. Un chispazo de imaginación que sirvió de pistoletazo de salida para que la escritora canadiense escribiera su novela feminista acerca de un régimen autoritario machista, en el que cierta casta masculina esclaviza a mujeres jóvenes y las someten con fines reproductivos.

La distopia del Estado de Gilead lejos de ser una realidad futurista y propia de la ciencia ficción presenta muchas analogías con el Afganistán actual dominado por los talibanes.

Aunque ¿soy la única que piensa que “El cuento de la criada” funcionaría mejor como miniserie en vez de con ese porrón de temporadas? ¿Qué opináis? Será la edad y la degeneración cerebral pero cada vez soy más fan de las miniseries.

Puedes ver “El cuento de la criada” en HBO y Amazon Prime Video.

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“La directora”: ojalá no pierda sus dos puntos originales

Me entretiene y me relaja ver “La directora”, una comedia con más trasfondo del que parece, que habla de machismo, racismo, techo de cristal y patriarcado hegemónico con la ironía que merece, es una comedia, no un drama. Sólo espero que la serie no pierda sus dos puntos originales: el personaje de Sandra Oh y los temas sociales y políticos que trata, con sumo sarcasmo y descreimiento.

El personaje de Sandra Oh, una profesora de literatura inglesa de origen coreano consagrada a su trabajo y que ha adoptado a una niña mejicana, Ju ju, con la que la relación no es estrecha es lo mejor de la serie. Por favor que no le robe protagonista el profesor encantador y desastroso Bill Dobson, quien mola pero está más visto que el tebeo. Es un cliché. Sin embargo el personaje que interpreta Sandra Oh no lo es. Me quedo también con la caterva de profesores carcamales viejales que se resisten a jubilarse en una Universidad cada vez más mercantilizada y pendiente de las redes sociales.

Sandra Oh recibe una patata caliente en la mano cuando le dan el puesto de directora del Departamento de Inglés de la Universidad Pembroke.

Como dice Sandra Oh a a uno de los profesores más seniors, destronado de su trono hegemónico como máster del universo en el departamento, para animarle a escribir una buena carta de recomendación a una joven profesora negra para que por fin sea titular merecidamente:

-Yaz tiene a ocho mil seguidores en Twitter. Más que todos nosotros juntos.

-Jesucristo sólo tenía 12. Menudo perdedor.

Sólo espero que Bill Dobson no se coma a Sandra Oh, ni que la historia derive hacia una previsible historia de amor y tensión sexual resuelta entre ambos.

  

Puedes ver “La directora” en Netflix.

Engaño. Cuando la alumna te coge manía

El punto de arranque de la serie Engaño, de Sundance TV, tiene un retazo original. Se toma su tiempo para respirar antes de dar caña. La historia pasa en Cambridge, en el paisaje del río Cam, las bateas, los campaniles y las fachadas góticas de las Universidades, con sus claustros interiores, residencias de estudiantes, y personal vestido con chaleco y corbata. Todo empieza cuando una alumna, Rose, entrega un trabajo que no es suyo a su profesora de sociología Leah.

Leah cada vez más de los nervios

Rose es la típica alumna que temes como profesora. Mediocre, manipuladora y encima de las que se obsesionan y acosan al profesora. En la serie se da vuelta al tópico, arrancando con la premisa: ¿qué pasa si un alumno te coge manía y te busca las vueltas y además su padre ha donado un importante suma de dinero a la Universidad?

Engaño es un thriller psicológico en el que se enfrentan Katherine Kelly (la profesora) y Molly Windsor (la alumna). Gaby Hull es la creadora de la serie en la que dos mujeres se enfrentan psicológicamente, con consecuencias fatales.

Rose y Leah llevarán su enfrentamiento al extremo

La presentación del personaje de Leah nos muestra a una mujer que intenta quedarse embarazada de su marido y está con los tratamientos in vitro, con tensión de pareja. Es profesora de Sociología en Cambridge y está a punto de conseguir una plaza fija. Rose es alumna de último año e hija de un importante donante de la universidad. Cuando Rose le presenta un trabajo de Sociología demasiado bueno para ella, Leah cuestiona su autoría. Y a partir de ahí Rose se enloquece, se lo toma como un desafío a su narcisismo y como afrenta personal, minando la estabilidad de su profesora.

Como punto de arranque es inquietante. Sobretodo por el detalle extra de que Leah está colgada de un colega, un profesor negro, y después de hablar con él, se mete en los baños de chicas y se masturbaa pensando en él. Rose, su alumna, la pilla. Vergüenza. Aunque nos tenemos que creer, acepto pulpo como animal de compañía, que un profesora se meta en los baños de la facultad a jugar con su clitoris y alcanzar el clímax.

Rose y Leah tienen un mal rollo increíble.

Sin embargo más allá del punto de arranque, Leah es interesante por su incandescente frustración. Su marido, Adam, no le hace caso ni la escucha, absorto en su portátil sobre sus rodillas, así que no me extraña que Leah se masturbe pensando en su colega afroamericano. Pero Adam también tiene su corazoncito y le pregunta a Leah:

-Quieres tener un hijo conmigo?

Los roles se invierten. Es Adam el más interesado en tener hijos, y no Leah. Y cuando ella acepta el compartir genes con él, cede y se lee el trabajo de Rose: “El escándalo como criterio de poder en la sociedad actual.”

-Esta chica es un genio-dice Adam.

-Y tan genio como que no lo ha escrito ella-dice Leah.

Miniserie de cuatro capítulos. Veremos lo que da de sí.